Carnavales
El Momotxorro supera la cuarentena
Más de medio millar de figurantes acompañan la recuperación del Carnaval rural de Alsasua en el año del 40 aniversario de su instauración en el actual formato. 40 litros de sangre embadurnaron rostros y brazos de los disfrazados con el personaje central


Publicado el 01/03/2022 a las 21:49
Fue el grupo de dantzas vizcaíno de Andra Mari, de Galdakao, el que introdujo en la década de los años 70 en un programa de carnaval interpretaciones originarias de Alsasua. El estudioso en folclore, cultura popular y manifestaciones carnavalescas José Antonio Urbeltz aportó poco después partituras de danzas y melodías de la villa, que inspiraron al acordeonista Enrike Zelaia en la coreografía de la Momotxorroen dantza. Contó con la ayuda de Luis Mari López de Goikoetxea, dantzari y transmisor de pasos a generaciones posteriores, para que el nuevo repertorio se interiorizase.
Cuatro décadas después de restaurarse el Carnaval rural y apaciguada la amenaza de la pandemia, el Momotxorro, simbiosis de cuerpo humano y testa bovina, recuperó este martes 1 de marzo su carácter intimidatorio. Su salida en estampida desde el colegio público Zelandi, a eso de las siete y media de la tarde, satisfizo un anhelo y, al mismo tiempo, supuso la doma de la fiereza del mal que ha mantenido en jaque al mundo entero en estos dos últimos años. La recuperación del Carnaval después de dos años concitó un alto interés. Aparcar se convirtió en tarea complicada para los rezagados.
Antes del desfile anárquico hasta la plaza de los Fueros, epicentro de la vida social y escenario del descubrimiento de los rostros ocultos bajo las máscaras, hubo una jornada de enseñanza a las nuevas generaciones.
Testigo de la trayectoria, Tomás Martínez Viedma, que con 49 años de empleado celebró la semana pasada su jubilación en Sunsundegui, renovó su compromiso con el Carnaval. Lo hizo junto a su hija, Nerea, en un año especial para ella. “Siempre me ha gustado el Carnaval”, confesaba quien no ha tenido reparos en los últimos 34 años en echar una mano en la comisión como en tantas otras iniciativas populares. Con las últimas luces del día, un enjambre de fotógrafos y curiosos se arremolinaron alrededor de dos cubas para testimoniar el ritual de la imposición de la sangre sobre rostro, brazos y sábanas blancas colocadas sobre el torso. Fueron precisos 40 litros. En el recorrido infantil que precedió al adulto, con más de medio millar de disfrazados, se utilizaron otros 5.
En el décimo aniversario del reconocimiento como fiesta de interés cultural, el Carnaval rural de Alsasua se reivindicó como celebración de alto poder cautivador. El Momotxorro abandonó la cuarentena impuesta por la cautela ante la pandemia. Salió airoso a los 40 años de su recuperación.

