Carnaval
Santesteban tiene color
Superada la incógnita de las últimas semanas por el muro de la pandemia, que cuestionó su celebración, el Carnaval devolvió a la localidad de Malerreka a su versión humorística de la historia al cabo de dos años de su último intento


Actualizado el 27/02/2022 a las 15:52
Había ganas de disfrazar la rutina y de disfrutar de un ambiente festivo, que ayudase a atemperar ánimos decaídos y a aparcar los sinsabores de la realidad. Ante el fragor de la batalla que encoge en Ucrania al mundo entero, Santesteban lanzó un mensaje por la vida en forma de celebración popular como tantas otras localidades que ayer quedaron rendidas al encanto del Carnaval. De alguna manera todas ellas afearon la crudeza del desentendimiento llevado a su extremo por ensalzar el sentido de la unión que contiene la fiesta.
“Se necesita” el Carnaval, observó Andoni Espelosín Goizueta en los prolegómenos del desfile que aspiraba a inundar el centro urbano con un catálogo de escenas históricas, narradas en clave de humor. La observación de uno de los impulsores de los Carnavales de Sunbilla, que el último domingo de enero se suspendieron por la prudencia de una ola entonces encrespada de la pandemia, se elevó en un ambiente de cavernícolas creado por sus acompañantes y por él en un regreso imaginario y alegre a otra época.
Media hora antes de la cita vespertina en el polígono Aparan, punto de partida del recorrido, el número de grupos disfrazados era algo inferior al de ediciones anteriores a que la pandemia detuviese el tiempo.
Aún así, con la reducción de contagios en la estadística global y la disminución de las restricciones, Santesteban recobró el aliento de la vida social.
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LA DUDA DESPEJADA
Primaba el deseo de diversión, como el demostrado por la cuadrilla Zeki que tunéo un camión con los rasgos de una isla hawaiana rodante. Uno de sus componentes, Iván Santesteban Bergara, puso el acento en la rapidez de respuesta mayoritaria a la convocatoria del Carnaval cuando “hasta hace dos o tres semanas” su celebración era una incógnita. El Ayuntamiento esperó a tener el respaldo de los datos y a que se despejase el anticiclón tras la borrasca instalada en los dos últimos años en el mapa de la sanidad.
El hawaiano Santesteban corroboraba, a una indicación escuchada en el mismo sentido, al empuje cobrado por el Carnaval en los últimos años con la adhesión cada vez más numerosa de cuadrillas que se decidían a cambiar de apariencia por un día. La fuente de inspiración que proporciona el mundo y su historia empujó a una de ellas a acercar el conflicto bélico de Ucrania con una vehículo mimetizado del que sobresalía un conducto, a modo de cañón, y en la que aparecía la bandera tricolor de Rusia.
La serie de La Casa de Papel dio lugar a otra escena conocida por arte y gracia, en esta ocasión, de menores y también mayores que ocultaron su rostro bajo la máscara de Dalí.
Por si fuera poco, en una época del año de normal sometida a los rigores del invierno, el sol se unió a la fiesta y se animó a adornar el serial de capítulos que dieron un toque de gracia a Santesteban y proporcionaron a sus calles un color especial. El lienzo de la vida.
