Historias encadenadas
El virus destapó la voz de Ane Martija en Etxeberri
Nació en 2000, vive en Etxeberri, con 60 habitantes y la música amiga en casa con su abuelo, su padre, su hermano... La primavera última grabó su primera canción


Actualizado el 25/01/2022 a las 09:01
Agustín Ollacarizqueta tiene 93 años. Sale de su casa al sol de un lunes de enero camino de la huerta. Le gusta sentarse allí, en un banco con vistas capaces de apaciguar almas sombrías. Muchos días canta. Y le escucha como tantos su nieta Ane Martija, 21 años. El abuelo la mira risueño, tira de ojos dulces, de sonrisa franca. Y ella es como un espejo donde se funden las arrugas de esa vejez cercana. Y también canta. Y toca la guitarra. Grabó su primera canción la última primavera, en el estudio de Aberin. No sabe si podrá vivir de la música. Le gustaría. Sí sabe que la música será compañera siempre.
Ane Martija Ollacarizqueta nació y creció en Etxeberri, donde son 60 habitantes en la puerta del valle de Arakil, un enclave desde donde se dominan decenas de kilómetros, desde Sakana, hasta la comarca de Pamplona y Larraun, con cimas emblemáticas: Dos Hermanas, Erga, Txurregi, Gaztelu, San Donato.... Estudió en el colegio Atakondoa de Irurtzun y en la escuela de música, aunque las notas ya bullían por casa, con la voz del abuelo y con la de su padre, Javier. Es de Lekunberri y canta allí en la coral, que dirige su tío Juan Miguel Etxarri; toca el txistu y en esto le siguió la hija. “Luego empecé con la guitarra, me permite a su vez interpretar los temas que compongo, creo que desde muy niña”, describe frente a la casa familiar, la libertad que le concede el instrumento. Su único hermano, el pelotari Julen Martija, estudió piano.
Te puede interesar

La pandemia fue un punto de inflexión en la creación artística de Ane. Entretanto, su vida discurría afable. Finalizado el Bachillerato Artístico en Pamplona, se matriculó en Magisterio y ahora está en cuarto curso, en la especialidad musical en la Universidad Pública de Navarra. Acaba de concluir las prácticas en el colegio Atakondoa, una experiencia con la que ha regresado a sus años de pupitre y ha comprobado cómo cambia la perspectiva cuando lo que toca es enseñar. En aquel tiempo en casa de 2020 se refugió en la música, la sintió salvaguarda, compuso, escribió y, animada por su padre, decidió aventar el sueño que le abrigó tantos años, compartirlo. Grabó su primer tema. “No sabía ni por dónde empezar, miramos en internet, aquí y allá, y dimos con el estudio de Aberin, donde Iñaki Llarena y Leyre Aranguren me ayudaron muchísimo en la producción, les estoy muy agradecida”, explica que la canción se puede escuchar en todas las plataformas digitales. ¿Qué vendrá luego?, el futuro es incierto, pero está contenta con los seis o siete conciertos que ha podido ofrecer en estos meses, el último en Irurtzun, el pasado noviembre. Escribe casi siempre en euskera, en los conciertos canta temas propios y versiona, en vasco y también en castellano, los dos idiomas en los que se mueve a diario.
En ese primer tema, ‘Plaza zein taberna’ encauza las ganas de salir de casa. De algún modo sacó algo positivo de un virus que vistió los días de gris. “El objetivo era que lo escuchara mi gente, mis amigos”, se reconoce contenta con las reacciones. De entre las canciones destaca ‘Bide luzea dugu’, en torno a las mujeres y a su propia experiencia; o ‘Ni neu eta bi izar’ (Yo misma y dos estrellas), dedicada a sus dos abuelas, Josefa Elizondo y Josefina Etxarri. De Etxaleku una, de Lekunberri la otra, ya fallecidas “fueron referentes” para Ane. Los Martija Ollacarizqueta han crecido junto a sus mayores y ese es un legado inmaterial. “A la abuela le gustaba mucho contarnos historias de cuando era joven y era impactante”, dice de ese cruce de generaciones. Le gustan los días sosegados de Etxeberri, la tranquilidad, salir al monte casi en zapatillas de andar por casa. “Creo que viviré aquí y, si no, en Lekunberri, en el pueblo de mi padre”. Ese que acaba de entrar en el podio internacional de los lugares turísticos más bellos.
