Inundaciones
Tumbada en la cama rodeada de agua hasta la media tarde en Arruazu
El agua llegó a la habitación de Mari Carmen, con un palmo de altura


Publicado el 12/12/2021 a las 06:00
Tumbada en la cama y rodeada de agua. Así pasó Mari Carmen Satrústegui, de 88 años, la noche, la mañana y parte de la tarde del viernes en su vivienda de Arruazu. “Eso sí, muy bien atendida por mis hijos y toda mi familia”, relataba 24 horas después. La familia Ochagavía Satrústegui vive a 50 metros del río Arakil, que el viernes convirtió la huerta aledaña en una laguna. “Pero el agua sobre todo entró por la puerta de la calle”, comenta un hijo de Mari Carmen.
Pablo Ochagavía Satrústegui se levantó el viernes a las siete de la mañana “para ir a trabajar” pero al ver la situación cambió de planes. “Entre mi hermano y yo nos pusimos a calzar el frigorífico, la lavadora, los muebles, todo que podíamos. Al ver que el agua seguía subiendo, tuvimos que calzar todo a más altura”, comentaba ayer. Así han podido salvar los electrodomésticos. También la caldera de la bajera. “Mi hermano no ha tenido esa suerte”, lamentaba Pablo.
El agua llegó a la habitación de Mari Carmen, con un palmo de altura. Debido a su movilidad reducida y viendo que no había riesgo de que siguiera subiendo el agua, los hijos optaron por dejarla en la cama mientras se dedicaban a achicar agua. A media tarde, el nivel del agua ya había bajado y esta señora pudo poner los pies en el suelo. “Somos una familia grande. Aquí estábamos 15 personas retirando agua, limpiando y moviendo cosas”, relata Pablo Ochagavía. Varios arcones, un aparador, el mueble de la televisión, sillas... “Ya habíamos puesto el belén y lo tuvimos que retirar. También sacamos las puertas para que no se hincharan”, expresa. Además tuvieron que rescatar a las gallinas del gallinero.
La vivienda está reformada de hace dos años. La cocina y la sala son de baldosa, pero la habitación en la planta baja de Mari Carmen es de tarima, que se ha levantado. Ayer trajeron de Pamplona una máquina para secar la humedad.
Esta familia admite que tienen más destrozos que en las inundaciones de 2003. Pablo Ochagavía sí que tiene el recuerdo de niño de unas inundaciones como las del viernes. “Tenía 12 años y el agua llegó hasta el cajón de las cenizas de la estufa económica”, afirma.


Arruazu limpia sus casas en tiempo récord
La localidad de Arruazu, encajonada entre el río Arakil y la autovía, mostraba ayer otra cara. En 24 horas pasó de estar completamente aislada y anegada a poder sacar muebles a la calle “a ver si se les va la humedad”. Muebles rústicos de madera maciza que aguantan el paso del tiempo y que el viernes tuvieron que poner a salvo como pudieron. Incluso la posada tiene previsto abrir hoy para una reserva de 24 personas. “Estamos trabajando duro porque no queremos fastidiarles la celebración”, comentaba la hostelera Virginia Altuna.
Arruazu, con un centenar de habitantes y unas 40 viviendas, quedó el viernes inserta en el lecho del Arakil. “El agua bajaba con fuerza por la calle Mayor”, explicó el alcalde, Gorka Ovejero. La noche del jueves al viernes ya se cerraron los accesos desde la autovía y el vecindario dejó los coches en la zona de chalés, que está un poco más alta. “Casi todos han podido arrancar”, comentaban ayer.
El alcalde dio las gracias al Ayuntamiento de Lakuntza, que envió a una brigada y les proporcionó escobones y otros materiales. La situación más crítica se vivió a partir de las 8 de la mañana, cuando nadie podía entrar y salir de la localidad. Ayer todavía permanecía cortado el paso inferior de la autovía, con más de tres metros de agua, pero se podía acceder a la localidad desde el ramal en dirección a Pamplona.
A pesar de la espectacularidad de las imágenes, no se vivieron situaciones de peligro. Únicamente los bomberos acudieron con un vehículo todoterreno y sacaron a un matrimonio y su hijo de una vivienda junto a la iglesia, la zona donde el agua cogió más altura.
La posada, que regentan Virginia Altuna y Jesús Pérez de Obanos, es de los que han sufrido más daños. Tres congeladores y un equipo de aire acondicionado no funcionan. “Tenemos que ir probando más aparatos. Al menos se han salvado las chuletas de vaca que tenemos en la vitrina de maduración. Es un alivio porque es el aparato más caro de los que tenemos”, comentaba Virginia, que mostraba los dos costillares.
Estos hosteleros se dieron ayer una buena paliza a limpiar, con la ayuda de las otras tres trabajadoras y con jóvenes del pueblo. Han cancelado una reserva que tenían para 14 personas, pero hay otra para 24 este domingo. “No queremos que se queden sin celebración así que vamos a abrir para ellos. Haremos lo que se pueda”, expresaba Virginia.
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LA EXPERIENCIA DE 2003
El auzolan y la ayuda a las personas mayores del pueblo es lo que ha permitido recuperar la normalidad en tan poco tiempo. Y también la experiencia. “Después de las inundaciones del 2003 hicimos obras para poner un escalón, así que hemos tenido menos daños”, explicaban en la casa Milikonea, en la calle Mayor. El escalón también ha salvado a la casa rural Martxoenea. “Pero saltó la luz y se ha estropeado el ascensor”, comentaba su dueña.
Arruazu ha sido la localidad de la Sakana más afectada por el desbordamiento del río Arakil. En Urdiáin quedó anegada la vivienda del antiguo molino, mientras que en el polígono de Isasia (Alsasua) y Lakuntza el agua entró en varias naves. En Uharte Arakil, el río entró en la depuradora. Ayer, el Arakil continuaba desbordado en varios puntos del valle, pero se podía transitar por todas las carreteras secundarias, excepto por la N-2410 junto al puente medieval de Uharte Arakil.
