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Ultzama

La generosidad de Jesús Ezcurra alegra a la residencia del valle y a las Hermanitas de los Pobres

Un ganadero retirado de Ultzama de 81 años regala desde hace un mes un lote de berzas por semana a la residencia del valle y a las Hermanitas de los Pobres. Hasta marzo entregará unas 500

Jesús Ezcurra Unzu, en una de sus parcelas de berzas, en Ilarregi. Tiene 81 años y buen humor.
Jesús Ezcurra Unzu, en una de sus parcelas de berzas, en Ilarregi. Tiene 81 años y buen humor.
Actualizada 13/11/2020 a las 07:45

Tiene Jesús Ezcurra Unzu dos invernaderos entre su casa natal y su lugar de residencia en Ilarregi, a los que apoda El Apartamento y El Paraíso Terrenal. No hay fruto prohibido en ninguno de ellos y sí bendiciones ricas al paladar como el poco menos del millar de berzas que crecen en dos parcelas de cultivo. No tiene necesidad que cubrir ni interés de beneficio en su cuidado para un hombre de 81 años de edad, que personifica la bondad y la generosidad con detalles insigficantes pero cargados de un hondo mensaje humanitario. Desde hace un mes, acude una vez por semana -de normal el jueves- a la residencia de Gerendiain y a la de las Hermanitas de los Pobres, en Pamplona, con sendas cestas de berzas que deposita en su entrada.

Con lotes de “ocho o diez” unidades, de “4 o 4,5 kilos”, asegura un aporte alimenticio a cambio de una satisfacción que no tiene precio pero sí un gran valor humano. La iniciativa, repetida desde el año pasado, sucede a una experiencia de voluntariado en la residencia de Gerendiain -en la que tiene conocidos que compartieron oficio de ganadero en el valle de Ultzama-, que concretaba a las mañanas, después de misa, con la ayuda ofrecida junto a otros para dar de comer o acompañar a internos al salón.

“Soy creyente”. Para justificar tal condición recurre con emoción a una parábola: “Había un señor que dio a sus empleados unos denarios. A su regreso quería que se multiplcasen. Pues bien. Dios me ha dado unos denarios. Me ha dado vida, salud y lluvia. Con la edad que tengo sé que mi encuentro con Él no será muy tardío, pero espero presentarme y decirle: ‘Éstos fueron los denarios que me diste. He trabajado con ellos y te los devuelvo”. A unos metros de su confidencia aireada se extienden el algo menos del millar de berzas, que transforma en milagro para residentes mayores en Ultzama y Pamplona. Hasta marzo espera mantener su compromiso. La buena acción rendirá en medio millar de hortalizas entregadas al ritmo semanal que lleva. Tiene palabras de recuerdo y agradecimiento a la granja Altuna, de Ilarregi, que le proporciona el estiércol que necesita en el abono de su gesto altruista. Canturrea con humor una copla para subrayar las bondades del estiércol y el regadío en el cultivo de las berzas. Su generosidad crece con semillas pequeñas. Bendito Jesús.


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