La suspensión de la salida del Ángel de Aralar altera su calendario

Las visitas que estaban programadas entre el 21 de marzo y 4 de abril se posponen a otoño

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La suspensión de la salida del Ánge de Aralar altera su calendarioJesús Garzaron
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Natxo Gutiérrez

Actualizado el 09/04/2020 a las 06:00

La efigie del Arcángel de Aralar deberá retrasar su salida del santuario. Las restricciones de movimiento fijadas para atenuar la propagación del coronavirus abortarán el inicio de su periplo el Domingo de Resurrección. Aunque era más que presumible por los acontecimientos que se han ido precipitando, la suspensión de un acto entrañable y sentido en la devoción de la feligresía navarra adquirió en los últimos días carácter oficial para lamento suyo.

La medida, más que esperada por las afecciones en otros actos religiosos, ha tenido ya repercusión. En un comunicado de días pasados del capellán, Mikel Garciandía, las visitas previas a Semana Santa fueron canceladas. De acuerdo al escrito, la agenda de destinos programados entre el 21 de marzo y el 4 de abril quedó trastocada, con el anuncio, al menos esperanzador, de retrasar hasta otoño su recuperación.

El resto, tanto la salida del santuario como la presencia en Pamplona, se mantiene aún como una incógnita. Del modo en que se resuelvan los acontecimientos dependerá el acomodo del nuevo calendario. La feligresía, como los propios responsables, confían en reencontrarse con la efigie ante el fervor que despierta en Navarra como parte de una tradición enraizada.

 

300 PUEBLOS

La costumbre se impone en el itinerario que cubre la imagen a partir del Domingo de Resurrección. Aunque arranca en una fecha señalada del calendario litúrgico, es esperada desde desde días antes en determinados rincones. Este deberán esperar a otoño. La nómina completa de visitas se estira hasta cubrir 300 poblaciones.

La etapa inicial, con el descenso desde el santuario, compromete a Mariano Zubiria Galarza, originario de Urdiain, a portar la efigie desde 1992. El año pasado, en una tarde bendecida por el sol, sintió el aliento de un centenar de fieles en su encomienda, que marca la senda desde la parte alta del monte Artuxeta, en la sierra de Aralar.

El hábito señala el primer destino en Baráibar. El sendero marca la caminata de los primeros metros en procesión para, una vez rebasado el cruce de Artxueta, avanzar a un ritmo vivo. Algo más de dos horas después, Baráibar recibe al séquito. El año pasado, como en otras ocasiones, el portador de la efigie siguió la estela del presidente de la cofradía de San Miguel de Aralar, José María Ustárroz, de Uharte Arakil, en calidad de portador de la cruz.

Al aliento lanzado el miércoles por el capellán para creer en un pronto restablecimiento de la costumbre se unió la sentida por devotos que mantienen su esperanza en reencontrarse con un icono que ha dejado una huella profunda en su vida desde su infancia.

Sin confirmación de ningún tipo, hasta que desaparezca el riesgo del virus, Pamplona, como tantas otras localidades, aguarda su oportunidad de perpetuar una tradición con el Arcángel.

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