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Rescate

Un ‘superhéroe’ vestido de policía en Tudela

Un policía nacional protagonizó en Tudela un arriesgado rescate para liberar a un niño de año y medio solo en un piso después de que su madre se dejara la llave dentro. Tuvo que descolgarse desde una altura de 5 metros para poder acceder a la vivienda

Imagen de la zona de pisos donde tuvo lugar el suceso
Imagen de la zona de pisos donde tuvo lugar el sucesoBlanca Aldanondo
Actualizado el 27/07/2021 a las 22:23
Hay ocasiones en las que parece que los superhéroes de los cómics se hacen de carne y hueso. Y entonces protagonizan acciones donde el nivel de riesgo eleva el mérito de su actuación. Y más teniendo en cuenta que, al contrario que en los cómics, ellos no tienen superpoderes.
Este fue el caso de un agente de la Policía Nacional de Tudela que, en la tarde del sábado, rescató a un niño, de año y medio de edad, que se había quedado encerrado en su casa después de que su madre se dejara las llaves en el interior de la vivienda de forma accidental.
Este policía acudió al lugar junto a otro compañero. Eran las 19.15 h. del sábado y se trataba de un piso del céntrico paseo de Pamplona de Tudela.
Al llegar, los agentes se encontraron con la madre llorando en el portal quien, muy nerviosa, les explicó que había salido para hacer un “recado rápido” dejando a su hijo dormido en el sofá. Según relató, había metido la mano en el bolso para coger las llaves de casa pero se equivocó con otras. Ya fuera de casa, con la puerta cerrada y dándose cuenta del error, llamó a su pareja al trabajo, pero también se había dejado las llaves.
Oíamos al niño llorar y llamar a su madre pero, siendo tan pequeño, era muy difícil hacernos entender con él”, relató el agente.
Al lugar también acudió una dotación de la UIP de Pamplona que se encontraba destinada en Tudela con motivo del dispositivo de las ‘no fiestas’ de la ciudad. “Tratamos de abrir la puerta introduciendo un plástico a través de uno de sus extremos, pero era tan gruesa que no pudimos”, indicó el agente.
La siguiente opción era llamar a un cerrajero o a los bomberos, pero esa solución también fue descartada. “La madre nos había dicho que las ventanas de la casa estaban abiertas y que se había dejado un fuego encendido en la cocina. El peligro era evidente, y decidimos no esperar”, relató.
EL CRUJIDO DE LA URALITA
El piso donde se encontraba el niño estaba en la segunda altura del bloque. Los agentes comprobaron que la ventana de la cocina, que daba al patio interior, estaba abierta, y que a ella se podía llegar desde un ventanuco del hueco de la escalera que estaba a la misma altura.
“Desmontamos los cristales y dejamos libre el hueco, de 40x40 cm, para que uno de nosotros se descolgara desde ella e intentara llegar hasta la ventana de la cocina. Entonces miré a mis compañeros de la UIP, que son más grandes que un armario, y entendí enseguida que tendría que ser yo quien se metiera por la ventana”, bromeó el agente.
Las dos ventanas estaban separadas por unos 2,5 metros en horizontal y, justo debajo, un frágil suelo de uralita bajo el cual había más de 3 metros de altura. Así, desde el ventanuco por el que salió hasta el suelo que escondía la uralita había, al menos, 5 metros de altura.
“Saqué el cuerpo por la ventana de la escalera y, agarrado por el ceñidor del pantalón por un compañero de la UIP, me descolgué lentamente hasta ‘posar’ los pies en la plataforma de uralita. Me agarré con las manos en el alfeizar de la ventana y el compañero me soltó. Estaba ahí, pegado a la pared como una araña, intentando llegar a la ventana de la cocina..., y entonces noté cómo la uralita empezó a crujir”, relató el agente, quien sabía que debía moverse rápido. “Di un salto en paralelo para llegar hasta la ventana de la cocina. La uralita aguantó y me pude meter dentro del piso”, recordó.
“El niño estaba en el salón, sentado en el suelo y muy asustado, por lo que, antes de ir a por él, abrí la puerta para que la primera en socorrerlo fuera su madre”, dijo el policía nacional, quien, en esos momentos críticos, pensó en sus hijas, de 5 y 2 años, “y en lo mal que lo debía estar pasando ese niño”.
“Ahora, al recordarlo todo, se me pone la piel de gallina, pero yo me hice policía precisamente para esto. Para ayudar a la gente”, explicó este agente, quien prefirió no desvelar su identidad. Igual que los superhéroes de los cómics.
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