Hostelería

Una tostada de foie a los pies de la Catedral de Tudela: "Quiero que mi bar mantenga la esencia de lo tradicional"

Jesús Visanzay Gallego regenta el bar Moncayo, cuyo origen data de 1981 por iniciativa de su padre, y que es toda una referencia culinaria para una clientela cada vez más internacional

Jesús Visanzay Gallego, tras la barra de su bar Moncayo, junto a la cocinera del mismo María Pilar Belloso Salinas
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Jesús Visanzay Gallego, tras la barra de su bar Moncayo, junto a la cocinera del mismo María Pilar Belloso Salinas
Jesús Visanzay Gallego, tras la barra de su bar Moncayo, junto a la cocinera del mismo María Pilar Belloso Salinas

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Diego Carasusán

Publicado el 14/10/2024 a las 11:08

En pleno corazón del Casco Antiguo de Tudela, en el número 1 de la calle Merced y a los pies de la Catedral, se encuentra el bar Moncayo.

Este establecimiento tuvo su origen en 1981 unos números más abajo de donde se encuentra el actual por iniciativa de Jesús Visanzay Madorrán, quien bautizó a su bar con el nombre de Moncayo en honor a su localidad natal: Tarazona (Zaragoza).

Tras su retirada, el negocio fue continuado por sus hijos Jesús y Óscar Visanzay Gallego. “A ninguno de los dos nos gustaba eso de estudiar y, como siempre andábamos por el bar echando una mano y nos atraía esta labor, decidimos hacernos cargo de él”, explica Jesús, quien desde hace unos años regenta en solitario el negocio con la ayuda de 3 empleados.

EL FOIE, PINCHO ESTRELLA

Según indica Jesús, el pincho estrella que destaca en su barra es el de foie, consistente en una tostada de hígado de pato fresco a la plancha, seguido de las manitas de cerdo deshuesadas, además de otras especialidades, con las verduras como protagonistas, como los calabacines, las alcachofas o los espárragos trigueros, “todo cocinado de forma casera y con mucho mimo”.

Una enorme variedad culinaria que degustan, principalmente, “nuestros clientes de Tudela, pero que también atrae, cada vez más, al creciente número de turistas que vienen a la ciudad”.

“Hay mucha gente procedente del País Vasco, Cataluña, Madrid..., y de otros países como Francia o Inglaterra”, explica Jesús, quien asegura “trabajar muy bien” con estos clientes forasteros. “ ¿Tourist go home? ¡Para nada! Aquí, en los destinos de interior, estamos deseando que vengan”, afirma el tudelano.

De hecho, Jesús indica que este segmento de su clientela ha servido para compensar la merma en el beneficio que, durante los últimos años, ha supuesto el incremento de algunos gastos fijos. “Antes, todo el sacrificio que supone trabajar en la hostelería merecía la pena. Ahora, ese sacrificio es el mismo o mayor, y la ganancia es cada vez más pequeña”, explica.

Pese a ello, Jesús, de 55 años, espera que el bar Moncayo tenga todavía mucho vida por delante, aunque sus dos hijos “no tengan intención de seguir con el negocio”. “Estoy preparando a una de las camareras que ahora tengo contratadas para ver si, en un futuro, se quiere quedar con el bar. Y es que, cuando yo lo deje, no me gustaría que el local se convirtiera en algo distinto a lo que es ahora, con esa esencia de negocio familiar y tradicional”, reconoce el tudelano.

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