Hostelería

Un bar con casi siete décadas de andadura en el 'corazón' de Tudela: "Siempre he dicho que estoy casado con el bar"

Carlos Domínguez Quijada, propietario del bar Diamante, afirma que significa "mucho" para él que el establecimiento esté ubicado en la céntrica plaza de los Fueros ya que "mi familia está ligada a esta plaza"

A: BLANCA ALDANONDO
F: 08/10/2024
P:  CARLOS DOMINGUEZ QUIJADA, EN LA TERRAZA DEL BAR
L: TUDELA
T: BAR DIAMANTE.
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Carlos Domínguez Quijada, en la terraza del bar Diamante, situado en la céntrica plaza de los Fueros de Tudela
A: BLANCA ALDANONDO
F: 08/10/2024
P:  CARLOS DOMINGUEZ QUIJADA, EN LA TERRAZA DEL BAR
L: TUDELA
T: BAR DIAMANTE.

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M. T.

Publicado el 09/10/2024 a las 20:00

“Es historia de Tudela”. Así define Carlos Domínguez Quijada el bar Diamante, situado en la céntrica plaza de los Fueros y que en 2025 cumplirá siete décadas de andadura. Fue su padre, Fulgencio Domínguez, quien abrió este negocio. “Trabajaba en el bar Amaya -que se ubicaba en la misma plaza-, se quedó este local libre, y abrió el Diamante”, explica, al tiempo que indica que este establecimiento es el más veterano de los que se ubican en este emblemático espacio abierto de la ciudad, y que, de cara al 70 aniversario del próximo año, “alguna cosa haré; me gustaría sacar algún producto conmemorativo de la fecha ya que es un orgullo que lleve tantos años en la ciudad”.

A sus 57 años, lleva 39 de labor profesional en el Diamante. “Siempre he dicho que estoy casado con el bar. Es un oficio muy sacrificado, aunque no me arrepiento de haber llevado esta vida. Hay que estar muy pendiente de todo, preocuparte de que no falte de nada, ser respetuoso, intentar llevar a la plantilla lo mejor posible... ahora he bajado un poco el ritmo, porque te vas haciendo mayor, pero trabajo ocho horas y media o nueve al día, y cerramos un día a la semana”, señala Carlos Domínguez, quien reconoce que le quedan todavía unos cinco años y medio de trabajo porque “cuando llegue la hora de jubilarme, no quiero alargarlo, sino descansar, viajar y más cosas”. 

Y cuando llegue ese momento, desconoce, por el momento, quién tomaría el relevo, ya que no tiene hijos, de este negocio familiar que ha ido evolucionando con el paso del tiempo, ampliando la oferta. “Antes te centrabas en cafés, el vermú y tal, y hemos ido renovando también con raciones, platos combinados, ensaladas... mucha gente de fuera come en la terraza y, además, seguimos teniendo una clientela fija, aunque ahora ya es muy diversa. Me da mucha pena que clientes de siempre, por edad, van falleciendo; de hecho, de los que tenía mi padre, ya solo hay unos cuatro”, refleja.

En cuanto a la ubicación del Diamante, afirma que “para mí significa mucho estar en la plaza de los Fueros, que es el salón de estar de Tudela, un poco el corazón de la ciudad. Mi familia está ligada a esta plaza. Mi madre y mi abuela vivieron aquí, en una casa al lado del bar, y hasta una bisabuela”. 

En este sentido, considera que “ayuda” estar ubicado “en el centro de Tudela y en esta plaza emblemática”. “El problema es que en verano hace muchísimo calor; de hecho hay más trabajo el resto del año”, explica. No obstante, afirma que el Ayuntamiento no les deja “poner alguna sombrilla o toldo más”. 

Sugiere que el consistorio “ponga, por ejemplo, algún árbol en la plaza, que antes había”, y que, tras peatonalizar la calle Muro, haga un nuevo parking “porque quien llega a Tudela por el puente del Ebro no puede aparcar”.

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