Inundaciones

Desolación ante el drama en Funes

El agua ya había desaparecido ayer prácticamente de todas las calles de Funes pero los daños y destrozos provocados a su paso tardarán tiempo en ser borrados

Durante todo el día de ayer, trabajadores municipales y vecinos de forma voluntaria fueron pasando casa por casa para ayudar a los funesinos y funesinas en la retirada de los enseres que quedaron inservibles
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Durante todo el día de ayer, trabajadores municipales y vecinos de forma voluntaria fueron pasando casa por casa para ayudar con la retirada de los enseres que quedaron inservibles
Durante todo el día de ayer, trabajadores municipales y vecinos de forma voluntaria fueron pasando casa por casa para ayudar a los funesinos y funesinas en la retirada de los enseres que quedaron inservibles

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Sheyla Muñoz

Publicado el 13/12/2021 a las 06:50

El agua que el sábado por la mañana cubría las calles de la parte nueva del casco urbano de Funes dejó paso ayer a un gran manto de barro que, pese a los esfuerzos llevados a cabo por los vecinos y vecinas, se resistía a salir. Y en muchas de las viviendas de esta zona de Funes, ubicadas en la parte más baja de la localidad, todavía quedaba agua anegando bodegas. La impotencia continuaba ayer siendo la sensación predominante entre los funesinos y funesinas tras una histórica riada que la madrugada del sábado anegó toda esta parte del casco urbano.

Dos noches sin dormir llevaba Ana María Gázquez, vecina de la calle Peñalén. A la parte trasera de esta vía sacaban el agua que aún quedaba en el suelo del txoko, donde llegó a tener una altura de medio metro. En la estantería, la vajilla estaba todavía cubierta de barro y los sofás totalmente empapados. “Habrá que tirarlos porque esto no se seca y, si lo hace, el olor será insoportable. Acababa de lavar las fundas y los había puesto a punto colocando unas ruedas que hacían más fácil moverlos pensando en las Navidades ya que aquí es donde nos reunimos a comer y cenar”, decía señalando una mesa sobre la que descansaban enseres prácticamente inservibles como la mesa de la televisión. En el cuarto contiguo, todos los alimentos guardados en la despensa quedaron para tirar y en la leñera ayer por tarde el agua aún se elevaba unos diez centímetros.

En las cuatro décadas que Mª Pilar Esparza Díaz y su marido, José Miguel Domínguez, llevan viviendo en su casa también de la calle Peñalén nunca habían visto ni vivido una riada de las consecuencias de ésta. Ayer por la tarde, una montaña de enseres personales, domésticos y productos de conserva se apilaba frente a la puerta de la bajera. “Todo esto no lo quiero tirar. Voy a intentar limpiarlo para ver si puedo salvar algo”, decía Esparza. Con la resignación que da el llevar más de 24 horas limpiando sin apenas ver resultados, intentaba mostrarse optimista al confiar en poder salvar también los principales electrodomésticos. “Veremos a ver”, manifestaba.

Conocedora de las crecidas puntuales que sufre el río Arga a su paso por Funes, reconocía sentirse sorprendida por la furia del agua en esta ocasión y mostraba su deseo de que la próxima avenida “tardase” en producirse. “Sabemos lo que hay aquí con el río pero cuando te llega una de éstas solamente sientes impotencia. En nuestro caso, el viernes por la noche, ya madrugada del sábado, era mi marido el que se encontraba aquí y no daba a basto cuando el agua entró. Lo pasó fatal, estuvo sin dormir toda la noche y ayer -por anteayer- tuve que llamar al 112 porque le había dado una hipotermia”, relataba.

Ha sido un auténtico desastre”. Así de rotunda se mostraba Mª Pilar Zapata. El agua había arrasado, de manera literal, por el interior de su vivienda en la calle La Florida. El domingo por la mañana, apenas pudieron acceder al interior de la vivienda y cuando lo hicieron el panorama que se encontraron fue desolador. El agua había arrasado con un ventanal de grandes dimensiones que da al salón y se coló por toda la parte baja de la vivienda alcanzando más de metro y medio de altura. “Un aparador del salón estaba tirado, igual que una mesa grande. Además, el agua había arrancado las lamas de otro ventanal. “Era horroroso”, insistía.

Aunque la de Funes no es su vivienda habitual, Mª Pilar Zapata pasa grandes temporadas en la localidad. De hecho, hasta el mismo viernes estuvo en el municipio y reconoce que se marchó debido a una sensación de “miedo” ante las previsiones. “Pasé todo el puente aquí y aunque había llovido mucho el río no parecía que estuviera peor que otras veces. Pero a finales de semana las previsiones ya hablaban de una avenida importante y no me digas por qué me entró el miedo y llamé a mis yernos para que me llevasen pero por supuesto que no podía esperarme esto. Antes de venir me habían mandado algún vídeo pero el momento de abrir la puerta para entrar ha sido terrible”, recordaba.

VECINOS AGRADECIDOS

En medio de esta situación, Mª Pilar Zapata quiso destacar la solidaridad desplegada por familiares, amigos, personas voluntarias y el propio ayuntamiento que ha puesto todos sus medios a disposición de la ciudadanía. “En nuestro caso nos han dejado dos bombas para sacar el agua”, agradecía. Por delante, Zapata y su familia tienen muchos días de trabajo antes de que la vivienda vuelva a ser la misma que era. “Aquí hay horas y horas de limpieza y no nos sobrarán manos”, decía resignada a la par que instaba a las autoridades competentes a intentar adoptar alguna medida que pueda evitar o paliar situaciones como ésta. “Por favor, que no se olviden de la gente de los pueblos”, refirió.

La lavadora, el lavavajillas, los quemadores de la calefacción....La lista de objetos que habían quedado inservibles en la vivienda de Jesús Los Arcos ‘Pintala’ y la de su sobrina, ubicada al lado de la suya en la calle La Barca, no era corta precisamente. A primera hora de la tarde de ayer reconocía que había tenido que dejar de achicar agua porque la paliza que llevaba en el cuerpo era importante. A pocos metros de su vivienda, se encontraba el lugar que el consistorio habilitó para depositar los enseres inservibles. Personal municipal y agricultores con sus palas iban dando forma a una montaña cada vez más grande donde se apilaban mucho más que electrodomésticos. “Ahí se quedan muchos recuerdos”, lamentaban.

Eduardo García señala la altura que alcanzó el agua
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Eduardo García señala la altura que alcanzó el aguaAlberto Galdona
Eduardo García señala la altura que alcanzó el agua

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“El agua subió metro y medio y arrasó con todo lo que pilló”

“Por la mañana no hemos podido ni entrar”, varios integrantes de una familia acudieron a la vivienda familiar de la calle La Florida ayer por la mañana sin saber muy bien qué se iban a encontrar. Y lo que vieron al llegar fue desolador. Una vez franqueada la primera puerta vieron la altura que alcanzó el agua marcada en los ladrillos de la entrada. “El agua subió metro y medio y arrasó con todo lo que pilló”, lamentaba Mª Pilar Zapata. Como pudieron fueron sacando a la calle todo aquello que la riada dejó inservible antes de empezar una limpieza que se prolongará varios días.

Las familias ayudaron en la limpieza de la escuela infantil
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Las familias ayudaron en la limpieza de la escuela infantilAlberto Galdona
Las familias ayudaron en la limpieza de la escuela infantil

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“La escuela infantil finalmente sí podrá abrir hoy”

La directora de la escuela infantil de Funes, Begoña Blanco, reconocía ayer por la mañana cuando llegó a las instalaciones que encontró el centro “algo mejor de lo que se había esperado”. No obstante había tarea por hacer ya que aunque el agua no había alcanzado una altura demasiado elevada, la limpieza requerida era importante.

Tras hablar con el ayuntamiento y las trabajadoras, se sumaron también a la limpieza algunas familias. El esfuerzo fue importante pero dio sus frutos. “Finalmente la escuela infantil podrá abrir hoy”, se confirmó tras haber anunciado previamente su cierre el lunes.

David Royo y los hermanos Daniel y José Mª Cirauqui achican agua de la vivienda de Jesús Los Arcos
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David Royo y los hermanos Daniel y José Mª Cirauqui achican agua de la vivienda de Jesús Los ArcosAlberto Galdona
David Royo y los hermanos Daniel y José Mª Cirauqui achican agua de la vivienda de Jesús Los Arcos

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“En más de 30 años en esta casa, nunca había visto algo así”

“Como esto en la vida. En más de treinta años que llevamos en esta casa nunca había visto algo así”. Rotundo se mostraba Jesús Los Arcos, más conocido como El Pintala, ante la crecida del río Arga a su paso por Funes este fin de semana. Aunque su vivienda no suele sufrir las consecuencias de la riada, en esta ocasión, ante las previsiones, habían retirado el coche. Pero no contaban con la fuerza con la que vino el agua. “Ayer estuvimos prácticamente todo el día sin poder salir de casa. No había calle, era todo agua”.

Pili (izda.) y José Miguel con todo lo que sacaron de la vivienda
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Pili (izda.) y José Miguel con todo lo que sacaron de la viviendaAlberto Galdona
Pili (izda.) y José Miguel con todo lo que sacaron de la vivienda

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“Nuestro sentimiento desde hace dos días es de impotencia”

La cocina de la vivienda de Pili Esparza y José Miguel Domínguez es bastante pequeña. Por eso, decidieron adecuar en la parte baja del inmueble un espacio con algunos electrodomésticos. “Y fíjate cómo está todo”, indicaba Esparza señalando el suelo lleno de barro de toda la parte inferior de la vivienda. “Llegó hasta el primer escalón que da acceso al piso de arriba. Desde hace dos días solamente tenemos sentimiento de impotencia. Mi marido estaba aquí abajo cuando llegó el agua y no podía hacer nada”.

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