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Epidemia de coronavirus

Tudela: un Ángel sin vuelo

Tradiciones de la Semana Santa ribera como la emblemática Bajada del Ángel, de Tudela, o la captura de Judas, de Cabanillas, tampoco se libran de la crisis del coronavirus

LA SONRISA DEL ÁNGEL Aimar Sánchez, confinando estos días con su familia en casa, 'vuela' sostenido por los brazos de sus padres, Jesús Mª Sánchez Pérez y Virginia Jiménez Humánez, y de su hermano Iker.
LA SONRISA DEL ÁNGEL Aimar Sánchez, confinando estos días con su familia en casa, 'vuela' sostenido por los brazos de sus padres, Jesús Mª Sánchez Pérez y Virginia Jiménez Humánez, y de su hermano Iker.
CEDIDA
Actualizada 04/04/2020 a las 22:26

La crisis del coronavirus, con su cruel balance diario de personas fallecidas por esta enfermedad, ha dado todo un vuelco, además, a nuestra economía y estilo de vida, con las familias confinadas en sus domicilios a la espera de que pase la pandemia. Una modificación de este modo de vida como consecuencia de un virus del que tampoco se están escapando ancestrales tradiciones que, generación tras generación, se han venido conservando a lo largo del tiempo en la Ribera.

Entre ellas se encuentra la ceremonia de la Bajada del Ángel de Tudela, que tiene su origen en el siglo XIV, y con la que la ciudad celebra el domingo de Resurrección. Este acto emblemático de la Semana Santa tudelana, declarado Fiesta de Interés Turístico Nacional, ha sido aplazado por el coronavirus, al igual que El Volatín. De este modo, el próximo domingo, 12 de abril, la céntrica plaza de los Fueros, lejos de llenarse de vecinos y visitantes para contemplar cómo un Ángel vuela sobre ellos para anunciar a la Virgen la resurrección de Jesús, permanecerá vacía, es decir, cumpliendo también el confinamiento impuesto por el coronavirus.

Será una de las pocas veces, a lo largo de su historia, en la que no se celebre esta emotiva ceremonia que hace saltar las lágrimas a no pocos tudelanos en el momento en el que el Ángel retira el velo enlutado de la cara de la Virgen. Se suspendió por la Francesada entre 1809 y 1813, en 1869 por una fuerte nevada, en la época de la República, entre 1932 y 1936, y en 1958 por la lluvia.

LA MÁS EMOTIVA

El aplazamiento de este acto “de momento y a la espera de la evolución de esta crisis”, como anunció recientemente el Ayuntamiento, se está viviendo, sin duda, de forma especial, en el domicilio del matrimonio tudelano formado por Jesús Mª Sánchez Pérez y Virginia Jiménez Humánez. El menor de sus dos hijos, Aimar, de tan solo 7 años, es quien iba a interpretar el domingo al Ángel. “En cuanto supimos lo que estaba ocurriendo con el coronavirus ya dábamos por hecho que. tal y como está esto, hubiera sido una locura hacer el acto ahora. Empezamos a ir mentalizando al niño para que lo fuera asumiendo poco a poco ya que, al final, es el perjudicado”, afirma Virginia Jiménez. “Cuando ya se lo dijimos se puso un poco triste, pero luego dijo, bueno, si no lo hago ahora será otro día, que lo importante es que se curen todos y que se pase esto. Se quedó más tranquilo cuando se dijo que era un aplazamiento y no una suspensión”, comenta.

En este sentido, dice que, de momento, siguen confiando en que sea un aplazamiento “trasladándoselo así a Aimar para que no se lleve un disgusto tan grande, que bastante tenemos. y hay que afrontarlo bien porque él tiene que estar bien”. Insiste en que lo único que les queda es “rezar porque se haga en septiembre, octubre o cuando sea, a ser posible antes del año que viene”. Y es que, según dice, lo importante es que el niño entre en el corsé con el que se le cuelga a la maroma que le hace volar por la plaza de los Fueros. “El peso se puede controlar, pero la altura, lo que crezca, no depende de nosotros ni de Aimar”, señala.

Virginia Jiménez reconoce que han tenido mala suerte, dado lo difícil que es ser elegido para interpretar el papel, “pero somos conscientes del momento que vivimos, y que esto es inevitable”. Reconoce que Aimar y su familia estaban muy ilusionados por protagonizar el niño “la ceremonia más emblemática y emotiva de Tudela, porque el chupinazo es fiesta, y el Ángel es emoción”.

“Me subo a una hamaca que me he hecho en mi cuarto, y vuelo”

 

Aimar Sánchez reconoce que se puso “un poco triste” cuando le comunicaron que no podía hacer de Ángel el 12 de abril. “Pero es por un motivo importante. Está justificado. Es un problema con el que no contábamos ninguno... todo llegará”, afirma. Y es que dice estar tranquilo tras saber que la decisión ha sido aplazar el acto, y no suspenderlo. Indica que se va a poner a dieta para que cuando llegue el momento entre bien en el corsé. “Bueno, a dieta no”, rectifica. “Voy a cuidar lo que como para no engordar”, indica, al tiempo que añade que también, en estos días de confinamiento en su casa, hace “un poco de ejercicio”. Un confinamiento que no se le está haciendo “muy duro”. Por otra parte, y a pesar de haberse suspendido sus ensayos para hacer de Ángel, no deja al margen su preparación para interpretar este papel que tanta ilusión le hace. “Me he hecho una hamaca en mi cuarto en la que me meto y hago de Ángel. Me subo a la hamaca y vuelo. Va bien”, explica.

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