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TUDELA Y RIBERA

De jugar con 'quesos' en Ribaforada a una villa romana

Aitor Alzueta jugaba de niño con unas piedras que vendía como quesos. Poco podía imaginar este aficionado a la arqueología que eran de una villa romana que había en Ribaforada entre los siglos II y III y que él mismo la descubriría hace unos meses

Aitor Alzueta Chivite posa junto a los restos el hipocausto de la villa romana de Ribaforada antes de que se taparan para protegerlos.
Aitor Alzueta Chivite posa junto a los restos el hipocausto de la villa romana de Ribaforada antes de que se taparan para protegerlos.
Actualizada 18/10/2017 a las 06:00

Todavía recuerda que, cuando era niño, con unos 10 años, él y sus amigos jugaban a vender ‘quesos’ con unas piedras redondas que encontraban en un campo cercano al Canal Imperial de Aragón en Ribaforada. Poco podía imaginar entonces el vecino Aitor Alzueta Chivite, un fontanero que ahora tiene 32 años, que, en realidad, esas piedras eran restos de una villa romana de entre los siglos II y III. Y, quizás, todavía podía imaginar menos que él mismo sería quien descubriría este hallazgo que ha confirmado que el término de Ribaforada estaba habitado en esa época.

La historia de Alzueta es una suma de casualidades, aunque, eso sí, ayudadas por sus conocimientos de arqueología, a la que es muy aficionado gracias a su padre y también a un profesor que tuvo, Eliseo Martínez, quien también le enseñó mucho sobre este campo.

Veinte años después comenzó a colaborar con los arqueólogos Óscar Sola y Juanjo Bienes en las excavaciones del Villar de Ablitas, y también con Marta Gómara en la de Piecordero de Cascante, a los que asegura que les debe todo lo que sabe.

HACE UN AÑO

Hace aproximadamente un año, ese recuerdo de las piedras que jugaban a vender como quesos le vino de repente. “En las excavaciones en Ablitas salió una pieza exactamente igual a la que encontramos cuando éramos niños en Ribaforada. Se lo dije a los arqueólogos, y me comentaron que les llevara una para ver de qué se trataba. Fui al mismo lugar donde jugábamos de pequeños y tuve la suerte de encontrar una. Se la llevé y me confirmaron que esa pieza pertenecía a un hipocausto de una villa romana”, explica Alzueta.

El hipocausto es un sistema de calefacción de los romanos muy similar al actual suelo radiante. Consistía en una boca de horno donde se introducía leña y que generaba calor que se conducía por una cámara subterránea. Por ella circulaba el aire caliente, que era el que daba más temperatura al suelo de la habitación.

A partir de ahí, los hechos se fueron sucediendo. “Miramos el catálogo arqueológico que localiza los lugares donde hay yacimientos y en ese punto de Ribaforada no había ninguno, lo que todavía lo hacía más interesante”, recuerda Aitor Alzueta.

Todo ocurrió hacia primeros de este año y, tras este primer hallazgo, este vecino de Ribaforada volvió al lugar con su pareja, Elena Flamarique. “Hicimos una batida y salió una pila y una losa. Limpiamos la losa, que estaba media en la superficie y otra media bajo tierra. Y, al sacarla, se hundió la tierra y apareció la primera fase de las columnas. Lo hablé con mis compañeros arqueólogos y avisamos al Ayuntamiento, cuenta Alzueta.

A partir de ahí, pasaron unos 9 meses de reuniones y permisos hasta que se autorizó la excavación. Comenzó el 4 de septiembre pasado y, tras trabajar en unos 16 metros cuadrados, aparecieron 16 pilastras de ladrillos circulares y cuadrados de entre 60 y 70 centímetros que sostenían el suelo en un pasillo que comunicaba el hogar con el interior del hipocausto.

Tras este primer sondeo, se decidió tapar todo lo encontrado para protegerlo, a la espera de que se retomen los trabajos. El propio alcalde, Jesús Mari Rodríguez, que destacó la importancia de este hallazgo por ser parte de la historia del origen de Ribaforada, anunció que la idea es volver a excavar el año que viene.

Para Aitor Alzueta, a quien en un futuro le gustaría estudiar Arqueología, todo lo ocurrido es “más que un sueño como ribaforadero y amante de la arqueología”. “Gracias a los juegos de mi infancia he tenido la suerte de participar en la historia de mi pueblo. Es un privilegio, pero los arqueólogos han contribuido a ello porque, sin ellos, difícilmente se hubiese hecho todo esto”, destaca.

REDESCUBRIR LA HISTORIA

Además, añade que este descubrimiento supone también redescubrir la historia de Ribaforada. “Siempre se ha dicho que es un pueblo nuevo y que hasta los Caballeros Templarios aquí no había nada. Ahora, con este yacimiento se confirma que hubo un asentamiento previo, aunque luego se despoblase”, cuenta emocionado, al tiempo que agradece el apoyo del Ayuntamiento.

También cuenta los segundos para que se reinicien las excavaciones y se muestra sorprendido de la repercusión que hubo en el pueblo. “Al principio la gente pasaba, nos veía, pero nadie se paraba. Pero cuando comenzaron a salir los primeros restos se empezaban a acercar y a preguntar. Además, coincidió con el inicio del curso en el colegio y pasaron numerosas clases con sus profesores. Me gustaría que los vecinos pudieran participar en la excavación cuando se retome. Sería bonito”, señala.

Además, recuerda alguna anécdota de la excavación. “Encontramos un vaso de cerámica en fragmentos y hasta un pollo o gallina que murió hace 1.800 años dentro del hipocausto, algo que sabemos porque apareció en el suelo original”, concluye.


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