Obituario
Fallece a los 92 años el gaitero estellés Miguel Ángel Elizaga Arrastia
Pertenecía a una de las sagas más conocidas de este instrumento en la ciudad, los Hermanos Elizaga, y su larga trayectoria musical le llevó a estar presente durante 67 años cada 6 de julio en el chupinazo de San Fermín


Actualizado el 22/03/2025 a las 15:12
El gaitero Miguel Ángel Elizaga Arrastia (Estella, 20 de julio de 1932), perteneciente a una de las sagas más conocidas de este instrumento que ha dado fama a la ciudad, ha fallecido este sábado a los 92 años. Viudo de Nieves Remírez y padre de Mikel, Javi y Carlos, todos ellos músicos, será despedido este domingo, 23 de marzo, en un funeral que se celebrará a las 11.30 en la iglesia de San Miguel de su localidad.
Discípulo directo por lazos familiares de Julián Romano Ugarte, considerado como el compositor e intérprete más importante en la historia de este instrumento, Miguel Ángel recorrió durante décadas numerosas localidades con su gaita como figura destacada de los Hermanos Elizaga, como han sido conocidos. Del Madrid de los años 40 para realizar una grabación de fiestas de Estella al París de 1961 y a los años de "pueblo en pueblo" que siempre recordaba con cariño. “Ahora soy gaitero. Lo he sido siempre, pero ahora de verdad. Con el tambor siempre he dado la talla”, recordaba en el año 2016 en las páginas del libro publicado entonces por quien fue su biógrafo, el periodista Alberto Araiz, actual director de Cope y de Cadena 100 Tierra Estella.
Hubo otra actividad que le convirtieron en un vecino popular en la ciudad y de la que hubiera podido, decía con humor entonces, escribir un “manual de cómo se hacen los zapatos, las botas”, en referencia a su trabajo como zapatero. Un oficio con el que siguió su hijo Carlos, que lo mantiene todavía en su pequeño local al final de la calle Mayor.
HOMENAJES POR TODA LA GEOGRAFÍA ESPAÑOLA
Su larga vida como músico profesional trascendió el ámbito de su tierra y le llevó, entre tantísimos compromisos, a tocar en el 80 cumpleaños el pintor Pablo Picasso celebró en Niza. En diciembre de 2016, con motivo de la publicación de su biografía, recordaba su participación ininterrumpida tocando en el chupinazo de San Fermín a lo largo de 67 años con la excepción de 1974. Una presencia musical que llegó a su fin en 2014 aunque después, contaba, su deseo era seguir acudiendo a Pamplona cada 6 de julio para estar ya no en el Ayuntamiento sino en la plaza del Castillo, "a las 12 en punto y rodeado de gente". Muy querido fue igualmente en la localidad guipuzcoana de Eibar, donde tocó a lo largo de 61 años. Un vínculo tan especial que le hizo merecedor de un homenaje y que llevó a este municipio vasco a colocar un monumento al gaitero.
Los reconocimientos le llegaron de otros muchos lugares. En 2007, la localidades zaragozana de Tauste, primero, y la alavesa de Laguardia, le agasajaban por su trayectoria como gaitero.
Miguel Ángel Elizaga, hombre bueno, cordial y sencillo, hablaba con orgullo de su abuelo, Anselmo Elizaga, discípulo de Julián Romano. Fue Anselmo quien comenzó la dinastía de gaiteros en torno a 1880. Más tarde, en los primeros años del siglo XX, continuó su padre Moisés, junto a sus hermanos Erilberto y Fermín. El apellido saltó a la tercera generación con el propio Miguel Ángel y su hermano Moisés.
De carácter afable, bromeaba con el hecho de que sus hijos no siguieran con la trayectoria como gaiteros " No han seguido en esto y llevo ya una década tocando con personas que no son de la familia. Pero yo no lo dejo y digo que me quedan por lo menos tres sanfermines», decía en otro de sus homenajes, el que los ex danzaris Francisco Beruete brindaban a esta dinastía de músicos el Viernes de Gigantes de 2004 con motivo del inicio de fiestas de Estella.
No le restaba ello orgullo hacia sus hijos, cuyo perfil musical alababa siempre que surgía el tema. "Mi hijo Mikel me gana. Es cincuenta veces más músico que yo", aseguraba en una entrevista a este periódico. En los últimos años, mientras su salud se lo permitió, seguía parándose en las calles de Estella cuando encontraba a alguno de sus muchos conocidos. Con humor, se llevaba su mano a la oreja en señal de unos problemas auditivos que le llegaron con la edad y que no fueron nunca impedimento para un rato de conversación compartida. Descansa en paz, gaitero Elizaga.