Comercio
25 años de una tienda muy familiar
El matrimonio formado por Richard Vidaurre Amatria y Esther Vidaurre García, con sus tres hijos, Iker, Anne y Amaia, está al frente de Autoservicio Richard, en Ayegui. Los cinco atienden un negocio que inició su tía y que abre los 365 días del año


Publicado el 07/11/2026 a las 05:00
El pasado 2 de noviembre Mª Carmen Vidaurre Azanza cumplió 90 años y un día después, el 3 de noviembre, se cumplieron veinticinco desde que el matrimonio formado por Richard Vidaurre Amatria y Esther Vidaurre García tomó las riendas de Autoservicio Richard, en Ayegui, conocido también en la localidad como ‘El Txantxo’. Un negocio familiar de alimentación, ubicado a pie de carretera, que también funciona como estanco y administración de loterías y que abre los 365 días del año, y al frente del cual, además del matrimonio, están sus tres hijos, Iker, Anne y Amaia, de 32, 30 y 27 años, respectivamente.
Ellos tres constituyen la tercera generación dentro de un negocio que, diferente al actual, puso en marcha la propia Mª Carmen Vidaurre. Era la única chica de una familia de siete hermanos y comenzó a ayudar en el conocido como ‘Bar Deportivo’ que sus padres, Basilio y Jesusa, habían acondicionado en la parte inferior de la vivienda. También colaboraban sus hermanos, pero cuando fueron abandonando el hogar familiar, se dio la oportunidad de solicitar el estanco y Mª Carmen decidió poner fin a tres décadas del bar, sustituyéndolo por un negocio que compatibilizaba el estanco y una tienda de alimentación. “Trabajé muchísimo, como autónoma estuve más de cuarenta años. Aquí venían los frailes de Irache, dejaban la leche y yo me encargaba de repartirla”, rememora.
“El establecimiento pasó de ser un lugar frecuentado por hombres a serlo por mujeres y sobre todo por los niños y niñas que acudían a comprar sus chucherías”, recuerda Richard. Poco antes de jubilarse, Mª Carmen decidió acometer una restauración en el inmueble, dejando la parte superior dedicada a vivienda y separándola así de un negocio al que tomaron el relevo dos de sus sobrinos, Richard y Esther, que habían entablado una relación de noviazgo.
EL RELEVO DE SUS HIJOS
Y entre el mostrador y los pasillos del establecimientos fueron creciendo sus tres hijos, que aseguran el futuro de la tienda garantizando un relevo generacional tan difícil hoy de encontrar en muchos comercios. Los tres tienen sus estudios, “pero decidieron apostar por seguir”, dice orgulloso Richard. Una afirmación que respalda su hijo mayor, quien asegura que lo tuvo claro desde siempre. Pese a lo que pueda parecer por el hecho de compartir tantas horas juntos, el trabajo no es motivo de roce en esta familia.
El secreto, coinciden, está en una buena organización y en pensar siempre en el resto. “Puede parecer que por el hecho de abrir todos los días no tenemos tiempo para el ocio, pero no es así. Cuando algún plan se sabe con antelación se habla para ver si nadie más tiene algo en esa fecha. No pienso que me haya perdido cosas respecto a otros chicos de mi edad por trabajar aquí”, sostiene el mayor de los hijos.
Una labor diaria, de muchas horas, que esta familia ve compensada por el servicio que prestan a los vecinos y vecinas del propio pueblo, pero también de los municipios de alrededor como Igúzquiza, Villamayor, Ázqueta, como localidades más cercanas pero también de otras como Murieta, Arbeiza o desde el valle de Lana. A todos ellos, subrayan, agradecen todos estos años de confianza. “Hay gente que viene a diario pero otros, igual sabiendo que abrimos todos los días, vienen un domingo o la mañana de Navidad o Año Nuevo. A nosotros eso no nos importa y se trata por igual a quien viene a diario que a quien lo hace en días puntuales”, afirman.
Esta vocación de servicio, unida al trato diario con la clientela, insisten, es la que propicia que no se les haga duro un trabajo que desde fuera muchos ven así por las horas y días trabajados. En los últimos años no han cerrado más que un mes por obras y diez días obligados por el covid. Un servicio el que brindan que la clientela responde con creces. “Estamos muy contentos, se trabaja mucho y bien. A las cinco y media de la mañana ya estamos abiertos y son momentos de mucho trabajo. Es una hora que no cubren otros establecimientos”, dicen.
El perfil de la clientela es también totalmente variado. Hay mucha gente mayor, con la cual el trato es muy estrecho suponiendo un apoyo en muchos casos, pero también entra gente joven, muchos recién llegados a Ayegui y, por supuesto, los niños y niñas, a los que desde el mostrador han visto crecer.