Íñigo Galdeano, saxofonista: "He tocado en grupos en los que convivían músicos de lugares históricamente enfrentados"

Estellés de 1980 afincado en Madrid, Íñigo Galdeano volvía este agosto de vacaciones a su ciudad, el punto de partida de una formación que le llevó a Estados Unidos. Catorce años inolvidables y una certeza: “Siempre queda otra puerta por abrir”

Íñigo Galdeano Lasheras, con su saxofón en la calle La Rúa de Estella durante sus recientes vacaciones en su ciudad.
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Íñigo Galdeano Lasheras, con su saxofón en la calle La Rúa de Estella durante sus recientes vacaciones en su ciudad.sonia salsamendi
Íñigo Galdeano Lasheras, con su saxofón en la calle La Rúa de Estella durante sus recientes vacaciones en su ciudad.

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María Puy Amo

Publicado el 06/09/2026 a las 05:00

 Atrás quedan las fiestas de Estella y la actuación del artista madrileño Huecco el miércoles 5 de agosto. En el escenario, entre los músicos que le acompañaron esa noche en el concierto, un navarro. Íñigo Galdeano Lasheras. Estellés de 1980 atesora una extensa carrera profesional como saxofonista de jazz que desarrolló durante 14 años en Estados Unidos hasta regresar a España para afincarse en Madrid, donde reside. Las vacaciones le trajeron este agosto de vuelta a casa, a la ciudad en la que de niño comenzó un vínculo con la música que le llevaría a cruzar un océano años después e incorporarse a las aulas universitarias en Boston, Nueva York e Indiana. 

Verano, días en casa, concierto. ¿Qué es regresar? 

Cada vuelta, aunque sea de vacaciones, es también una vuelta al origen. Esta vez, además, pude compartir escenario con Huecco. Me hizo especial ilusión que fuera precisamente la música, tantas veces motivo de viaje, la que me devolviera a casa. No soy objetivo, pero Estella es una ciudad preciosa. Pasar tiempo en ella supone una alegría porque, entre familia y amigos, casi cualquier esquina guarda un reencuentro. Creció en un lugar con gran afición a la música, con conocidas sagas familiares. En su caso, ¿qué ha supuesto dedicarse a ella?

 Ha sido y sigue siendo una invitación a explorar el mundo, hacia fuera y hacia dentro, y a vivir experiencias que valoro infinitamente junto a algunas de las personas que más admiro. ¿Por qué el saxo? De niño, con esa espontaneidad lúdica que caracteriza a la infancia, lo elegí por su forma y color. Y solo después fui descubriendo sus enormes posibilidades sonoras.

 Y, más tarde, el jazz

Encontré un lenguaje que encajaba muy bien con mi curiosidad y manera de entender la música. Aunque en la actualidad también me interesan muchos otros estilos, el jazz continúa siendo el territorio musical que siento más propio.

 ¿Cómo empieza esa carrera americana y qué le lleva a decidir marcharse?

 Tras estudiar en Navarra, soñaba con continuar haciéndolo en Berklee College of Music, en Boston. Uno de los centros superiores de música con mayor reconocimiento internacional. Me concedieron una beca de la propia universidad y otra de la Institución Príncipe de Viana, y me marché pensando en una estancia de tres años. Las cosas fueron saliendo bien, tanto en lo personal como en lo profesional. Tres años que terminaron convirtiéndose en 14. 

La llave, un visado que le permitió continuar en el país

Obtuve el visado de «habilidades extraordinarias» y me trasladé a Nueva York. Además de tocar, empecé a trabajar en una discográfica y llegué a dirigir toda su área editorial. Al mismo tiempo, me introduje en la supervisión musical y participé en producciones de un perfil bastante alto. Así es como los tres años acabaron siendo catorce. 

¿Qué destacaría de su paso por las universidades americanas? 

Estudiar en ellas supuso, sobre todo, un cambio de escala tanto por la dimensión de las instituciones como por la exigencia del entorno. Formarme allí me abrió la mente a otras perspectivas sobre la música y la vida. El aprendizaje más importante que me llevé fue la certeza de que siempre queda otra puerta por abrir.

 Estudios al margen, ¿ha sido muy distinta la vida y el trabajo en Estados Unidos respecto a su experiencia en España?

 Sí, hay diferencias. Si tuviera que destacar algo de Estados Unidos, sería la diversidad. He tocado en grupos en los que convivían músicos de lugares históricamente enfrentados, como India y Pakistán o Israel y Palestina, y he sido testigo de cómo los prejuicios heredados daban paso a la tolerancia, a la confianza y, en ocasiones, a una amistad sincera. También me atraen de la idiosincrasia estadounidense el empuje y la iniciativa para convertir ideas en proyectos concretos sin perderse en florituras ni burocracia innecesaria. De España, después de tantos años fuera, aprecio mucho la cercanía de la familia y cierta forma de disfrutar de lo cotidiano. Al final intento quedarme con lo mejor de ambos países. 

¿Satisfecho por la decisión de volver, añora aquello? 

Echo de menos parte de lo que dejé allí, por supuesto, pero no se puede tener todo. Era el momento de volver y estoy muy contento con la decisión. En Madrid continúo con las dos facetas que ya desarrollaba en Estados Unidos. La artística, como intérprete, y la vinculada a la industria musical. También imparto conferencias sobre el funcionamiento del sector y participo en actividades de divulgación. En distintas épocas de mi vida he ejercido la enseñanza y no descarto retomarla ahora. 

¿Cómo diría que ha cambiado el sector desde sus inicios a este momento? 

El acceso a la música grabada es hoy inmediato y prácticamente ilimitado. Paradójicamente, ese acceso no siempre se traduce en una remuneración proporcional para quienes la crean, lo que se conoce como value gap. En cuanto al directo, las estadísticas indican que goza de buena salud. Antes el público repartía su presupuesto entre más conciertos, generalmente de menor formato, mientras que ahora tiende a concentrarlo en menos eventos, pero más grandes.

 Si lo tuviera delante, ¿qué consejos proporcionaría a un joven con las mismas inquietudes y sueños que usted 20 años atrás? 

Los consejos que daría son bastante universales. Practicar con diligencia, no rehuir la incertidumbre, que llegará, y perseverar ante la dificultad, que igualmente llegarán. Son los principios que yo he seguido. Y, en el caso de la práctica, la verdad es que para ello he contado con la inestimable ayuda de los vecinos más comprensivos del mundo.

DNI

Nombre: Íñigo Galdeano Lasheras.

 Fecha y lugar de nacimiento. Estella, 29 de octubre de 1980. 

Hermanos: Tiene uno, Gorka. Doctor en Ingeniería Química, se dedica a la investigación y reside en Suiza. 

Padres: Candi Galdeano y Javier Lasheras.

 Estudios: Comenzó de niño en la hoy escuela de música Julián Romano de Estella y continuó en el Conservatorio Superior de Navarra, donde se graduó. Amplió su formación en Berklee College of Music (Boston), Indiana University.

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