Deterioro
Un hogar sostenido entre humedades y grietas en el Casco Viejo de Estella
La vivienda, un piso en el que una vecina de la calle La Estrella reside desde que lo compró en 1999, visibiliza una dura realidad en esta zona del municipio


Publicado el 01/05/2026 a las 05:00
La vivienda del Casco Viejo de Estella que es desde hace 27 años el hogar de Belén Montero Gallego evidencia una dura realidad en esta zona del municipio. El piso, un tercero que adquirió en un edificio de la calle La Estrella, comenzó pronto a causarle problemas. Hoy, se sostiene entre grietas, humedades, manchas de moho, zonas sin cubierta interior por las que penetra el frío y un boquete de grandes dimensiones abierto en la cocina al derrumbarse parcialmente el techo.
Desesperada por la situación, esta vizcaína de origen de 53 años, que lleva en Navarra desde los 16, registró el pasado 4 de marzo una instancia en el Ayuntamiento solicitando la apertura de un expediente de inspección por infravivienda y riesgo sanitario. No es, según relata, la primera vez que da este paso y, como en las anteriores, no ha recibido respuesta municipal. Belén, que vive con uno de sus cuatro hijos, un joven de 19 años, ha remitido a la vez comunicaciones al departamento de Salud del Gobierno de Navarra. Su hermana Manuela y su cuñado Unai Guevara residen fuera de Navarra, pero ella cuenta con su apoyo en sus demandas.
SIN MEDIOS PARA REHABILITAR
Belén Montero compró el piso de tres habitaciones, cocina y baño hace 27 años, cuando se trasladó a Estella desde Arróniz. El inmueble, uno de los del Casco Antiguo construidos antes de 1900, presenta un deterioro general en sus instalaciones comunes visible no tanto en su fachada pero sí en rellanos y escaleras. En un entorno en el que, conforme a los datos que maneja el Ayuntamiento, aproximadamente siete de cada diez edificios presentan buen estado de conservación, existe un porcentaje “cercano al colapso”.
Es el miedo de esta vecina que ha arrastrado en los últimos años múltiples problemas de salud y teme la afecciones respiratorias de un problema que se agrava cada día que pasa. Explica que percibe el Ingreso Mínimo Vital y no dispone de capacidad económica para afrontar una rehabilitación integral e intentar paliar la situación. “Lo que pido es que me saquen de aquí. Debo aún parte del crédito que firmé en su momento para la hipoteca del piso, pero no me niego a pagar un alquiler asequible que me pueda permitir con mis ingresos. Pero cualquier día esto se derrumba y no sé la cantidad de noches que las paso vaciando baldes de agua porque la lluvia entra por el agujero de la cocina”. Por allí se cuelan -relata mientras señala los montones de excrementos de paloma acumulados sobre la cocina- estas aves y las ratas que deparan grandes sustos.
La lista de problemas se acumula en habitaciones llenas de casi tres décadas de recuerdos. Los agujeros se repiten ne instalaciones básicas como las de fontanería se encuentran en un estado tan deficiente que deja algunas inutilizables, como ocurre con el lavabo. “Vinieron los bomberos cuando se cayó el tejado y luego, el pasado verano, he intentado apuntalar el boquete de la cocina con la ayuda de un conocido. Pero no ha servido de nada, son todo parches y todo va empeorando. Lo que pido al menos es que nos contesten”, relata. Alude igualmente a las solicitudes realizadas a los Servicios Sociales.
Acababa la década de los noventa cuando Belén Montero decidió adquirir esta propiedad. Recuerda que costó 6 millones de las antiguas pesetas. La indemnización que había percibido por un accidente de coche y otros recursos le permitieron pagar una parte y solicitó una hipoteca para cubrir el resto que continúa abonando. Los problemas -rememora- comenzaron prácticamente desde el principio pero cada vez se ve con menos fuerzas para afrontarlos. “Yo he trabajado mucho, en un comedor escolar, en una pescadería, limpiando”, rememora en un recorrido sobre un suelo que no se libra tampoco de las cada vez más extendidas humedades.