Año negro en las carreteras navarras (y III)
Una carretera con cientos de camiones al día y ocho pasos de peatones amenaza la seguridad en una localidad navarra
Una media de 5.500 vehículos, entre ligeros y pesados, atraviesa cada día la NA-134, una vía que divide el pueblo en dos y pone en riesgo permanente a sus vecinos. Tras años de reclamaciones ignoradas y una sucesión de accidentes, dos de ellos mortales en lo que va de 2025, el municipio de Azagra alza la voz apenas 48 horas después del último atropello


Actualizado el 04/01/2026 a las 17:30
Esther Nieto Amalia vivía en San Adrián. Tenía 59 años, pareja, una hija y una nieta, y trabajaba cuidando a personas mayores en sus domicilios. El pasado lunes por la mañana perdió la vida mientras realizaba un gesto cotidiano: cruzar un paso de peatones. El atropello se produjo en Azagra, a lo largo de los dos kilómetros de la NA-134, la antigua variante que parte en dos el núcleo urbano, justo en el tramo donde se concentran las instalaciones deportivas, el colegio, los polígonos industriales, las viviendas y las zonas de paseo. Un camión que circulaba en sentido Logroño la arrolló mortalmente en el punto kilométrico 47, frente al hostal Venecia.
Era un trayecto habitual para Esther, el mismo que recorren cada día decenas de vecinos de esta localidad de más de 3.700 habitantes. Según los datos que maneja el Ayuntamiento de Azagra, recopilados hace cuatro años, por esta carretera circulan diariamente alrededor de 5.000 vehículos ligeros y 500 pesados, entre camiones y tractores que abastecen a empresas de gran peso económico como Virto —la mayor firma de ultracongelados de Europa— o Iberfruta. Y todo ese tráfico atraviesa el casco urbano.
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Lo ocurrido el lunes no fue un episodio aislado. Dos días antes, muy cerca de ese mismo punto de la NA-134, un joven resultó herido leve tras ser atropellado a las 19:45 horas. Sufrió contusiones en la pelvis y en un antebrazo. El lugar volvía así a evidenciar su peligrosidad. En octubre, un niño de 11 años fue alcanzado por un vehículo a la altura del colegio público, con resultado de politraumatismos. Y el 26 de junio, Francisco Luri Serrano, de 91 años, fue atropellado gravemente en esta misma carretera, entre el paso elevado y el hostal, falleciendo días después.
El año 2025 se ha cerrado con 47 personas fallecidas en accidentes de tráfico, 23 más que el ejercicio anterior. Entre las víctimas figuran seis peatones que perdieron la vida mientras caminaban o realizaban trabajos a pie: desde la primera muerte, el 7 de febrero en Burlada, hasta el fallecimiento de un trabajador el 24 de noviembre en una granja de Abárzuza, arrollado por un camión. Esther ha sido la última.
48 HORAS DESPUÉS
El miércoles 31 de diciembre, apenas 48 horas después del último accidente mortal, el paso que conduce al hostal Venecia vuelve a registrar un tránsito constante de peatones. Antonio Catena, de 66 años, y Jesús Ángel Jiménez, de 59, conversan a primera hora de la mañana en la puerta del establecimiento, frente a una NA-134 que, aunque parece soportar algo menos de tráfico pesado, sigue rugiendo sin descanso. “Los vehículos pasan con demasiada velocidad”, aseguran, señalando hacia la salida del casco urbano en dirección a Milagro, donde, aproximadamente a un kilómetro, se ubican los dos únicos badenes que logran frenar mínimamente la circulación. “Estos últimos años hemos sufrido muchos accidentes graves y no se pone solución”, lamentan. Mientras hablan, un nuevo tráiler atraviesa el cruce. “Ahí lo tienes. Van a toda pastilla”. Este periódico lo constata durante la mañana del día 31. Conductores de vehículos pesados y turismos se enfrentan literalmente a las líneas blancas cuando ya están encima de ellas. “El límite de 50 kilómetros por hora resulta arriesgado, incluso excesivo, ya que un impacto a esa velocidad resulta letal”, evidencian.
Dentro del bar del hostal, varios vecinos conversan sentados junto a las ventanas que dan directamente a la carretera. Gregorio M., de 67 años, y Pedro Romero, de 71, insisten en el mismo problema: “Los intermitentes naranjas que advierten de la existencia del paso de peatones se apagan al amanecer, justo cuando más gente cruza. De día, este punto es prácticamente invisible”.
Javier Castillo añade otro factor clave: el flujo de camiones que atraviesa la zona. “Los desvían por aquí”, manifiesta. Explica que en el tramo de la N-232 entre Tudela y Zambrana existe desde 2017 una obligación para que los vehículos pesados utilicen la AP-68 en ese recorrido. En la práctica, muchos transportistas siguen evitando ese tramo para reducir costes y optan por itinerarios alternativos que les acerquen a sus destinos, aumentando así el tránsito por Azagra.
LA VENECIA DEL EBRO
A las diez y diez de la mañana, el sol ilumina por completo este cruce peatonal y la única señal azul cuadrada que lo anuncia. El periodista recorre los dos kilómetros de la travesía, y el diagnóstico es evidente: ocho pasos señalizados, de los cuales solo dos cuentan con ligeras elevaciones, muy leves, situadas en uno de los extremos del municipio. Existe, además, un puente elevado que conecta con el pabellón deportivo, el mismo desde el que se ha tomado la fotografía principal del reportaje este 31 de diciembre.
En el interior del hostal Venecia, su encargado, Manuel Berisa, supervisa los más de 200 menús preparados por encargo para las celebraciones de fin de año. A partir del mediodía, un flujo constante de clientes cruzará la carretera para recogerlos.
Berisa recibe al visitante con una sonrisa: “Bienvenido a Azagra, la Venecia del Ebro”, esgrime, mostrando los murales que decoran el local. Su tono cambia al abordar la realidad que tiene justo frente a su negocio. “Tenemos un problema serio con el tráfico. Esta es una zona muy concurrida: para ir al colegio, a las piscinas, a las huertas… Hacen falta guardias tumbados, reductores de velocidad, semáforos…”. Berisa conocía a Esther, clienta habitual del café de la mañana, y asiente con aflicción al mencionarla. A su lado, Francisco y Montse, que tomaron café con ella unos días antes, se suman a la denuncia. “Necesitamos badenes, pero con altura”, recalcan. “Allí se sentaba Esther…”.
“Esta vía es un caos”, resume Jesús Javier Salvador, de 64 años. A su lado, Jesús Pascual y Emilio Gurrea, de 58 y 60, gesticulan. “Somos el único pueblo del eje del Ebro sin variante. De las ocho previstas en su día, solo falta esta. Gran parte de la población tiene que cruzar esta carretera en algún momento del día, y un descuido te puede matar. Incluso para subir al monte tenemos que atravesarla”. Reclaman que la administración actúe de forma inmediata. “Al menos que ejecute las dos rotondas que llevan tiempo planificadas. Permitirían reducir la velocidad”.
A las once de la mañana, Fernando Jiménez realiza su paseo diario por el arcén de la NA-134. Avanza con un bastón, atento al paso de los vehículos. Se detiene un instante junto al paso de peatones y resume el riesgo en una frase inacabada: “Cualquier despiste…”.