Lerín brinda con 420 kilos de pochas
Con Pedro Castillo al mando, la pochada fue la mejor excusa para llenar de ambiente el penúltimo día de fiestas
Publicado el 20/08/2025 a las 19:23
Un punto de encuentro entre amigos, tradición familiar o la mejor excusa para seguir celebrando. La pochada reunió ayer en Lerín a más de 1.800 comensales, que un año más, en torno a las 15.00 horas, guardaban turno en la puerta del ayuntamiento para no quedarse sin degustar el plato estrella del día. Pedro Castillo San Juan sacó la camisa blanca y ordenó a sus 17 pinches, pero principalmente, logró que todo un pueblo disfrutase de tal manjar durante el penúltimo día de fiestas, sus pochas.
A un euro la ración, cientos de vecinos esperaban con minutos de antelación para llenar las cazuelas. Las había más grandes, más pequeñas, incluso con ruedas, de acero o de cerámica. Siendo lo primordial que la comida llegase sana y salva hasta la mesa. Donde, al mismo tiempo, otros preparaban los entrantes. Ensaladas, langostinos, embutido y alguna que otra tortilla. Que no lograron quitar protagonismo al olor de las pochas, que invadía cada rincón de Lerín.
Pedro Castillo San Juan consigue, cada año, que todo salga adelante en un día tan especial. Aunque no lo lograría sin sus 17 acompañantes: Willi, Hiru, Félix, Inchus, Jesús, Amaia, Pedro, Javier Yerro, José Osa, Txumi, Txelis, Kafru, Esmeralda, Vicenta, Javier Jalón, Pablo y José Antonio. 18 personas que pelan, cortan, vigilan, revuelven, y reparten. Los mismos que, desinteresadamente, guardan esta costumbre.
Cuando el fundador José Enciso, alias Kubala, se jubiló, cedió su puesto a Pedro Castillo, que se puso al mando de los fogones sin dudarlo. “La primera pochada que se hizo en Lerín fue en el año 1992 y yo he sido colaborador de Kubala desde 1993”, cita Castillo, que no recuerda con precisión los años que lleva como coordinador: “serán unos ocho o diez”.
Aunque la receta no varía, explicaba él mismo: “Cocinamos 420 kilos de pochas congeladas. Que van acompañadas de 38 kilos de jamón, 19 kilos de chorizo, 30 kilos de cebolla, 15 kilos de pimiento verde, 70 zanahorias, 10 manojos de puerros y 2 kilos de dientes de ajo pelado. A lo que añadimos tomate, pimiento choricero y un poco de caldo de verduras. Todo esto repartido en 19 soperas”.
Un ritual que da comienzo a las ocho de la mañana con el sofrito. Sigue con un buen almuerzo, mientras los colaboradores esperan a que las pochas hiervan, y prosigue con el control del fuego de diez a una del mediodía. A continuación, las pochas reposan hasta las tres, y están listas para servir. Por lo general, un kilo de pochas daría para unas cinco raciones, pero en Lerín son más generosos. “Hacemos un kilo para cuatro personas, así la gente puede repetir”, reconocía Castillo.
TODA UNA VIDA EN LERÍN
A su vera, una ayudante muy especial vigilaba que todo siguiese bajo control. Ella es Vicenta de Prado. Tiene 75 años y es procedente de Palencia, aunque lleva en Lerín desde los 15. Llegó a Navarra por amor y aquí ha forjado su vida. “Tengo mal las rodillas, este año les he hecho el almuerzo y les he ayudado a cocinar, pero ya no puedo repartir”, expresaba mirando al pasado: “Cuando empezaron con la pochada yo no les ayudaba a cocinar, pero si que las servía por el pueblo con una carretilla”. Siguió así hasta que un año le dijo Kubala: “Moceta, ven a ayudarnos que no hay gente”. Ella contestó: “A las ocho estaré allí, pero si hay gente, me iré”. Llegó y solo estaban tres cocineros. “Me quedé y hasta hoy”, recuerda. El cariño que el resto de colaboradores le guardan se palpaba en el ambiente. Y de fondo un “tu aquí siempre” de la alcaldesa, Esmeralda Maso, le daba fuerzas para continuar.
Y una vez alcanzadas las tres del mediodía, un cohete indicó que ya se podía comenzar el reparto. Las cazuelas más grandes, que guardaban todo el reparto, se destaparon para llenar las pequeñas. Que darían de comer a más de 1.800 personas ubicadas en distintos puntos de la calle Mayor.
EL PENÚLTIMO PLAN
La pochada se utiliza para llenar uno de los días que posee menos actividades durante el programa de las fiestas. Por eso se suele hacer los últimos días de estas. Este año, en concreto, se ha celebrado el penúltimo día. Dejando el fin de semana para otros actos fijos. Aun así, esta cita sirve de excusa a Lerín para unir a sus gentes. En las mesas no faltaba una edad. De niños a mayores. Sin olvidar a la charanga Turrutxiki. Que paró por unos minutos de tocar sus instrumentos para degustar la pochada popular.
“Aquí me junto con mis hijas, que vienen de Alemania y de Extremadura. Con sus maridos e hijos. Y con mi hijo, que vive en Zaragoza”, citó Fernando Arróniz, de 83 años. “Solo he faltado a las fiestas de Lerín cuando estaba estudiando. Llevo veinte años jubilado y vengo exclusivamente a fiestas de mi pueblo”, relató orgulloso. Y es que lo de ayer fue un gesto de convivencia, de generosidad y de arraigo en Lerín. No faltaron pochas en una sola mesa del pueblo. Símbolo de que Kubala hizo las cosas bien, pero sobre todo, de que sus sucesores, con Pedro Castillo y colaboradores, mantienen el listón alto.
