Jubilación
La doble celebración del bar Molina
No fue un miércoles más en el bar Molina de Lodosa. Cumplía años Pablo Molina, que festejaba entrar en la jubilación tranquilo por dejar el negocio, después de 50 años al frente, en manos de su hijo Imanol


Actualizado el 01/05/2025 a las 11:26
Con toda su clientela quiso Pablo Molina Marzo celebrar los 66 años que cumplía este miércoles. Y no era un cumpleaños más. Era el que le permitía alcanzar la jubilación tras medio siglo trabajando tras la barra del bar Molina de Lodosa. Ubicado en la plaza de España, en el corazón de la localidad, este establecimiento abrió sus puertas hace más de cincuenta y cinco años.
Lo pusieron en marcha Pablo Molina e Isabel Marzo, a quienes pronto se unió su hijo cuando finalizó los estudios a los quince años de edad. Se comprometió desde el principio con un oficio que exigía, recuerda, de muchísima entrega y en el que prácticamente no había días libres. Así fue sumando años y experiencia tras la barra de un bar que tiene en los pimientos rellenos su mayor especialidad y reclamo. “Mucha gente viene solamente por los pimientos. Está mal que yo lo diga pero son buenísimos”, confesaba ayer entre risas.
Y son muchos los clientes que a lo largo de los años se han dejado caer para probar estos pimientos en una barra en la que tampoco faltan nunca las tortillas. “Tenemos una clientela fija a la que queremos dar las gracias por su fidelidad”, subrayaba Molina, que tampoco se olvida de quienes, de paso por Lodosa, pararon en el Molina a tomar un vermú o comerse un frito, ya sea dentro en invierno o cuando el buen tiempo invita a hacerlo en la calle. Cinco décadas en el bar permiten a Pablo Molina apreciar la evolución que en todo este tiempo han sufrido los negocios de hostelería como el suyo.
UN BAR QUE TRABAJA BIEN
Durante medio siglo, ha fraguado, cuenta, buenas amistades tras la barra y también ha escuchado a todo aquel que lo necesitaba. “Son muchos recuerdos, de momentos muy buenos y otros que no lo han sido tanto”, dice refiriéndose especialmente a la pandemia que, subraya, supuso un varapalo importante para todo el sector hostelero en general.
Sin embargo, añade optimista, “las cosas han mejorado y se trabaja bien”. Es por eso que alcanza la jubilación con la tranquilidad de llegar al merecido descanso sabiendo que el bar continuará con su actividad y lo hará bajo la gestión de su hijo Imanol, quien será ya la tercera generación del bar Molina. Imanol Molina Solar toma el relevo a sus 30 años para orgullo de su progenitor, quien estará “echando una mano” en lo que sea necesario estas primeras semanas. “Estoy muy contento de llegar a la jubilación y tranquilo porque el bar sigue abierto y además en manos de mi hijo”, remarca. La posibilidad de tener que jubilarse sin haber encontrado relevo era algo que, reconoce Pablo Molina, le preocupaba. Por eso la alegría “fue tremenda” cuando su hijo adoptó la decisión de tomarle el relevo.
Por ello este miércoles era doble el motivo de celebración, el cumpleaños con la correspondiente jubilación de Pablo; y el traspaso ‘oficial’ a la tercera generación encarnada en Imanol. Y todo ello quiso compartir Pablo Molina con su clientela, a quienes invitó en la que ha sido su segunda casa durante todo este tiempo.
¿Y ahora qué? Le preguntaba más de uno. La respuesta de Pablo Molina era tajante. “Ahora quiero dedicar sobre todo tiempo a dos cosas, la bicicleta y la lectura. Son dos hobbies a los que, hasta ahora, dedicaba cada día libre o periodo corto de vacaciones que pudiera tener, así que estoy deseando tener tiempo para ello. Algún rato sacaré para ir al bar claro, pero como cliente nada más”, finalizaba con una sonrisa.