Jesús María López El busto, campanero mayor de Los Arcos


Publicado el 10/06/2024 a las 05:00
El pasado 25 de mayo, en su casa de su Los Arcos del alma y acompañado de su mujer, su inseparable Mari Carmen, sus hijos Sergio y Diego, familiares y amigos, soltó amarras para emprender su último viaje Jesús María López El Busto, más conocido como Mari el Quinto, campanero mayor de la villa arqueña.
Una muerte anunciada. El diagnóstico de la guadaña implacable de esa cruel enfermedad denominada como el cuarto signo del zodíaco, que casi cuesta pronunciar, segó de raíz su vida y una catarata de ilusiones. Tenía 62 años. Su vida laboral como mecánico también se inició en su Los Arcos natal. Tornillos, bujías, cojinetes…, y esporádicas salidas hasta el lejano Bujaraloz para cambiar aquellas antiguas ballestas a aquellos viejos camiones averiados. Años después, trasladaron su residencia a Irurtzun, su nuevo lugar de trabajo hasta la fecha de su jubilación hace menos de un año. Pero su mente y su corazón siempre estuvieron anclados en su Los Arcos del alma. Y a su pueblo regresaba exultante todos los fines de semana. Nevara, diluviara o tronara.
Vehemente y emocional. Hubiera querido romper el conocido adagio: “No se puede estar en la torre y toreando”. Porque Mari, el Quinto era el inefable campanero mayor y cuentan que como él nadie las hizo sonar; además de un gran aficionado a la tauromaquia, más de vaquillas que de Miuras, esa es la verdad; además que vibrante mariachi, quizás con un poco menos chorro de voz que el que hace el alto de los de Puro Relajo pero notable mayor entusiasmo al entonar sus canciones.
Se leía en tu esquela: “Fuiste único”. Quienes lo conocieron y pudieron disfrutar de sus amistad saben que es verdad. Era único porque su casa, siempre abierta, era la casa de todos sus amigos; porque cuanto más gente había más contento estaba; porque era feliz viendo contentos a los demás; y por tantas otras cosas….
Tuvo esporádicos momentos de tristeza cuando desaparecieron las ranas saltarinas, las carpas de colores y la pareja de patos silvestres que durante un tiempo habitaron en los tres pozos de su huerta y a los que amorosamente alimentaba. Es muy probable que se fueran para no estar presentes en estos trances tan duros que te depara la vida. Pero volverán. Seguro que volverán. Y volveremos a escuchar nuevamente el croar de las ranas…, pero no sus canciones. Sus amigos no lo vamos a olvidar, claro que no, porque el vacío que dejó es demasiado profundo.
Y volverán a repicar las campanas de la iglesia de Santa María de Los Arcos. Y muchos de los que conocieron al campanero recién desaparecido miraran con tristeza empañada de nostalgia al campanario de su majestuosa torre. Igual que mirábamos todos al finalizar su misa funeral. Aunque ya no será lo mismo porque Mari, el Quinto, era único.
Santiago Bujando Lacalle es amigo del fallecido