Para Mateo

En recuerdo de Mateo, el niño de 7 años vecino de Estella que falleció esta semana en la tragedia de Urbasa que ha conmocionado a toda Navarra

Eguzkiñe Adrián Mundín besa a su hijo Mateo
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Eguzkiñe Adrián Mundín besa a su hijo Mateo
Eguzkiñe Adrián Mundín besa a su hijo Mateo

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Montxo A.G.

Publicado el 10/11/2023 a las 05:00

Los momentos de sombras en ocasiones tienen luces. En un momento de sombra como fue la Pandemia y gracias a aquellos grupos “burbuja” apareció en el camino Mateo, que de un día para otro se convirtió en uno más de la familia.

Mateo brillaba con luz propia pese a su corta edad que nunca aparentó bien por su inteligencia o por su estatura. Mateo era alto dentro de su edad, podía pasar por más mayor. Incluso en alguna caminata por el monte, cuando empezaba a protestar, tenías que pararte a pensar que era muy niño, que teníamos que bajar el pistón , aunque Montejurra para él si se ponía era un paseíco.

Mateo era hijo único. Tardó en llegar hasta enero de 2016, pero fue una espera que mereció la pena, como suelen ser las largas esperas. En Estella-Lizarra e Igúzquiza, sitios donde vivió y era conocido por todo el mundo, niños y mayores. Mateo hablaba con cualquiera, sentía curiosidad y se interesaba por cualquier cosa que le llamase la atención y preguntaba, nunca se quedaba con ganas de saber algo.

Mateo, si te conocía, siempre se dirigía a ti por tu nombre y con respeto, bien para comentarte la ocurrencia más disparatada que se le estaba pasando por la cabeza en ese momento, bien para pedirte un abrazo porque, si aún no lo he dicho, Mateo era todo amor, cariño incondicional que, conservando esa inocencia que tienen los niños, siempre te ofrecía. Y claro, le gustaba recibir, como a todo el mundo. Decía lo que pensaba, pero pensaba muy bien y acertadamente en la mayoría de los casos. Como dirían por estos lugares, era más listo que el hambre.

Desde su trágica muerte este pasado lunes, en los corrillos entre el tanatorio y la cafetería la calle se llenaba de anécdotas de las mil y una historias de Mateo. Pese a su corta edad de 7 añitos, las había de todas las clases y colores, a cada cual más disparatada y ocurrente. Era muy grande en todos los sentidos.

Deportista nato, lo mismo con su pala de pádel, patín o balón... que con todo a la vez. Tenía habilidad de sobra, pero su pasión era el fútbol, “la zurdita de oro”, me decía que le llamaban en el club que militaba, Arenas de Ayegui.

La plaza de la coronación de Estella-Lizarra, que el miércoles en su despedida se quedó pequeña, era uno de sus centros de operaciones y se dejaba ver a menudo, esperando a que su madre saliese de trabajar en la peluquería. Si te veía, no te pienses que, aunque estuviese jugando con amigos se hacía el despistado, para nada, te llamaba a viva voz y si hacia falta dejaba lo que estaba haciendo y se plantaba delante de ti a contarte lo que fuese y, por supuesto, a saludarte.

Ahora de Mateo sólo nos quedan recuerdos, de su sonrisa, de sus ocurrencias... Ya nunca tendremos la oportunidad de conocer y disfrutar de un Mateo adolescente, ni adulto... Y esa circunstancia nos llena de dolor y desazón, que esperemos que el tiempo vaya amortiguando, porque olvidarte va a ser imposible y la vida nos irá rellenando el vacío que nos dejas.

Como empecé este escrito, ahora estamos sumergidos en un momento de la más amarga de las sombras y oscuridad, pero tú, Mateo, cuando te recordamos, con tu sonrisa tus ocurrencias y anécdotas nos volverás a traer la luz.

Adiós, amigo, gracias por todo.

El autor es amigo de la familia

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