Hostelería
Bares y centros sociales para frenar la despoblación en la merindad de Estella
Ayuntamientos de Tierra Estella, sobre todo los más pequeños, buscan fórmulas para arrendar estos servicios atrayendo además nueva población


Publicado el 17/05/2022 a las 06:00
Un espacio abierto a la ciudadanía que sirva como punto de encuentro de vecinos y vecinas, pero en el que también recalen los turistas y visitantes.
Esta función corresponde a los bares y centros sociales, centros cívicos de los pueblos, un servicio que, aunque no de primera necesidad, se torna muchas veces vital para dinamizar una localidad, sobre todo en aquellas en las que más acecha la sombra de la despoblación. Los ayuntamientos lo saben y buscan fórmulas y herramientas que les permitan ofrecer estos servicios que, en algunos casos, pueden traer consigo nuevos habitantes.
AZUELO. GESTIÓN DEL CENTRO SOCIAL Y VIVIENDA
Apenas rondan la treintena los habitantes que de manera habitual residen en Azuelo, una cifra que desde el ayuntamiento confían en incrementar ofreciendo una vivienda a la familia o persona que apueste por gestionar el centro social de la localidad. El alcalde, Roberto Crespo, prefiere denominarlo así que referirse únicamente como bar. “Sí que funciona como tal pero no se queda solamente ahí, es el centro social, punto de reunión de vecinos pero también de quien venga a visitarnos o esté por la zona de turismo”, expone.
Tiene claro Crespo que un espacio como este es vital para que un pueblo pequeño, como es el caso de Azuelo, siga teniendo vida. “En invierno hay poca gente pero si en verano viene más y no le ofrecemos un espacio donde poder tomar algo y charlar...”, reflexiona. El último bar de Azuelo cerró hace más de tres décadas y desde entonces sí que ha habido sociedades pero éstas tienen un carácter más privado, reducido a los socios.
La demanda del servicio era tal que la población inició una recogida de firmas que entregó al consistorio y que fue lo que impulsó definitivamente al ayuntamiento a poner en valor el centro social y, de paso, intentar crecer en población ofreciendo una vivienda municipal. En las últimas semanas han sido varias las entrevistas realizadas desde el ayuntamiento a varias personas interesadas. “¿El perfil? Es muy variado y se ha interesado gente de varios lugares como Madrid, San Sebastián o Valencia”, adelanta Crespo. En los próximos días se resolverá la adjudicación y la intención es que el centro social comience a funcionar a finales de este mes, de cara al verano.
BARBARIN. APERTURA DEL CENTRO CÍVICO
“La despoblación no es sinónimo de abandono”. La alcaldesa de Barbarin, Carmen Puerta, se muestra tajante e insiste en que los pueblos pequeños tienen mucho que ofrecer. En el caso de Barbarin, el ayuntamiento ha sacado a licitación -el plazo terminó el pasado viernes- el arrendamiento del centro cívico, un local con el que espera dinamizar el municipio en los meses de buen tiempo, cuando el horario se ampliará, pero también en invierno, cuando se exige cumplir unos horarios mínimos de apertura en fin de semana.
Con el objetivo de conseguir una persona o personas interesadas, se sacó un precio de licitación de 100 euros anuales. “Queremos que funcione, que quien venga esté contento y vamos a ayudar en todo lo que esté en nuestra mano para que funcione. Solo pedimos que quien venga tenga iniciativa”, señaló Puerta, quien explicó que la cafetería se ha acondicionado con unas ayudas recibidas para paliar la despoblación. Una lucha sin descanso para pequeños municipios como Barbarin, con una población ahora mismo de medio centenar de habitantes.
ARTAVIA. UN PUEBLO QUE DEMANDA BAR
Dos meses lleva la nueva gerencia del bar de Artavia, concejo del Valle de Allín con poco más de cien habitantes y que tiene en este establecimiento uno de sus mayores reclamos. Quien asume la gestión del bar, también lo hace del ‘chiringuito’ que durante los meses de verano funciona en la zona del río, lo que proporciona una actividad prácticamente constante. Gustavo Ganuza, concejal de Artavia, explica que para el concejo es vital este servicio por lo que no se cobra al arrendatario. “Sabemos que en pueblos pequeños resulta más difícil llevar este tipo de negocios que en una ciudad o pueblo más grande. El verano es una época buena, sobre todo en Artavia con el río, que atrae mucha gente, pero en invierno los vecinos también reclaman y demandan un servicio como éste para juntarse, tomar algo o comer o cenar un fin de semana”, expone.
Pese a ser un pueblo pequeño, Artavia cuenta entre sus vecinos con unos dieciséis niños y jóvenes en edad escolar, motivo de orgullo y a la vez de lucha por seguir haciendo de él un pueblo atractivo para que estos menores puedan en un futuro apostar por el pueblo para quedarse a vivir. “No voy a decir que es un servicio imprescindible y que depende de que un pueblo tenga bar o centro social para que la gente tome la decisión de quedarse, pero que ayuda eso seguro”, refiere. En los últimos años, cuenta, son muchas y diferentes las personas que han pasado por la gerencia del bar. El paso de algunas fue efímero pero hubo otras que, tras dejar la gestión, optaron por fijar su residencia en Artavia.
ALLO. EL BAR DEL CENTRO CÍVICO, LUGAR DE REUNIÓN
En el caso de Allo, ha pasado ya un año desde que el ayuntamiento licitó la gestión del centro cívico. En su caso, se pedía que el adjudicatario presentara un proyecto de negocio. Así lo hizo Javier Basabe y la experiencia en este año ha sido muy positiva. Así lo evidencia la buena acogida por parte de los vecinos y vecinas que ha tenido el lugar que, además de propiamente como bar y restaurante, alberga celebraciones de todo tipo. La alcaldesa, Susana Castaneda, aplaude el trabajo llevado a cabo en este tiempo por los arrendatarios.
“En la lucha activa contra la despoblación en la que estamos inmersos nosotros veíamos crucial poner en marcha un servicio de este tipo para fijar población como una medida más de las que se están trabajando e implantando”, relata. Reconoce que cuando desde el ayuntamiento se sacó la licitación no se esperaba una acogida tan buena como la que ha tenido. “Es una suma de todo, la decoración que han puesto y por supuesto el servicio. A ello se ha sumado que los vecinos y vecinas han respondido por lo que no podemos estar más contentos”, concluye.