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Economía

Lurederra, el espacio que recibe a los emprendedores de Améscoa

Un centro polivalente que une a actividades veteranas con iniciativas nuevas reinventa en el nuevo espacio Lurederra el primer vivero de empresas que tuvo la merindad. De la agricultura ecológica en obradores de mermelada y cerveza al mundo editorial, el del teatro, el yoga y actividades comunitarias conviven junto al cruce de Baríndano, en Améscoa Baja

Ampliar Carlos Zabala Urra elabora su mermelada ecológica Casa Paulina en el obrador del centro polivalente.
Carlos Zabala Urra elabora su mermelada ecológica Casa Paulina en el obrador del centro polivalente.MONTXO A.G.
Publicado el 09/01/2022 a las 06:00
Junto al cruce de Baríndano, en dirección al Nacedero del Urederra, el centro polivalente de Améscoa abre las puertas a los emprendedores del valle. El antiguo vivero de empresas, el primero que tuvo la merindad hace más de una década que fue sede también del centro tecnológico L’Urederra, se reinventa y acoge nuevas iniciativas surgidas en la zona. La Junta del Monte Limitaciones dispone en el edificio de locales listos para ser utilizados que arrienda a proyectos con años de trayectoria ligados al mundo editorial y a la producción agraria junto a otros más recientes de ámbitos tan distintos como el yoga y el teatro. Más allá de un lugar que facilitacon alquileres accesibles el desarrollo de ideas de negocio, Lurederra -como se denomina al centro en esta nueva etapa- apuesta hoy también por un perfil de comunidad, de vida social del valle. Porque en sus locales no solo se emprende. También, entre otras actividades, se hace música en la sala de ensayo utilizada por Kenopsia, un grupo de rock de jóvenes amescoanos. Todo, proyectos de vida y laborales, va enlazado en el medio rural, como destacan desde la editorial La fertilidad de la tierra. El proyecto especializado en agricultura ecológica que Rosa Barasoain y Fernando López fundaron hace 20 años tiene en el concejo de Artaza la sede, pero cuenta en este centro con un local de almacenaje y su oficina administrativa . Su proyecto, como los de otros veteranos, ha formado parte de este edificio a lo largo de sus diferentes etapas. Hoy, lo consideran una iniciativa muy valiosa. Como argumenta Fernando López, revierte en la zona porque da facilidades a quienes quieren quedarse en los pueblos. “Al haber nuevas iniciativas, se consigue más movimiento y más relaciones porque lo que más interesa es que haya comunidad y que esa comunidad esté viva”.

Carlos Zabala Sabores de Casa Paulina

Otro de los pioneros en las instalaciones reconvertidas ahora en centro polivalente, el amescoano Carlos Zabala Urra quiso en 2017 dar un cambio a su vida. Nació entonces Casa Paulina, la marca de mermeladas ecológica que elabora a partir de sus propios frutos en el espacio Lurederra. Desde su obrador salieron el año pasado al mercado 12.000 botes de los alrededor de 4.000 kilos producidos. Todos se habían agotado meses antes de terminar 2021.
De 56 años, natural y vecino de Artaza, el suyo es un proceso artesanal que destina en un 80% a la venta directa en mercados y ferias de Navarra y País Vasco, pero también de Madrid o Barcelona además de en tiendas de cercanía. Cuando empezó, el lugar donde hoy convergen iniciativas de perfiles muy distintos se encontraba prácticamente vacío. “Decidí meterme aquí y apostar por la mermelada ecológica. Tenía claro que, si lo hacía, esa era la opción. Por conciencia y por que es una forma de diferenciarme de otras marcas artesanales. Después de un tiempo solo, ver que esto se activa, que llega gente joven e inicia nuevos proyectos me parece maravilloso”.
Como sus compañeros, la de Carlos Zabala supone una apuesta por lo local. Por cerrar el proceso que inicia en sus propios cultivos. Ciruelas, grosellas, frambuesas, moras, albaricoques y arándanos para un catálogo de mermeladas que incluye la de sabores del Urederra y la de frutos de Urbasa. “Creo que con la pandemia este tipo de productos ha ido a mejor porque la gente se ha concienciado más en comer cosas sanas, de cercanía, un poco lo que tenemos que hacer todos. Consumir el producto local. La ventaja de cara a los clientes es, además, que al final siempre me ven a mí detrás del mostrador”.

David Ruiz El obrador de la cerveza artesana

David Ruiz Azpilikueta elabora en el espacio Lurederra la cerveza artesana que ayer sacó a la venta en el mercado Plazara de Estella
David Ruiz Azpilikueta elabora en el espacio Lurederra la cerveza artesana que ayer sacó a la venta en el mercado Plazara de EstellaMONTXO A.G.
Como a Carlos Zabala, el sector agrario y la etiqueta de ecológico empujan a otro de los veteranos de este espacio. Bajo el paraguas de su empresa Elkea Productos Ecológicos, ha dado un paso más en sus cultivos de cereal, frutas y legumbres. David Ruiz Azpilikueta eligió este lugar para su modelo productivo a pequeña escala e instaló en uno de los locales un obrador donde elabora su cerveza artesana a partir de su propia cebada y de las variedades de plantas de lúpulo de sus fincas. Desde hace unos meses, completa el circuito con visitas guiadas que se extienden hasta los campos de cultivo.
Entre los primeros en llegar al centro, ha visto como nuevas iniciativas se han incorporado con el paso de los meses. La suya ha continuado a través de la pandemia. “Nos influyó más al principio, cuando bajó la venta directa y todo estuvo cerrado. Luego, conforme los mercados y otros espacios se abrieron, seguimos adelante”, detalla.

Fernando Pérez Decorados de teatro

Fernando Pérez Fernández se ha trasladado a este espacio de Améscoa, donde seguirá realizando decorados de teatro
Fernando Pérez Fernández se ha trasladado a este espacio de Améscoa, donde seguirá realizando decorados de teatroMONTXO A.G.
A los veteranos del espacio se han sumado recientemente emprendedores que han llegado al valle procedentes de otros lugares. Soriano de origen aunque afincado durante años en el País Vasco, Fernando Pérez Fernández decidió hace unos meses quedarse en Amésco y trasladar junto a su nueva residencia la realización de decorados de teatro a la que se dedica, una actividad ubicada hasta ahora en la localidad alavesa de Maestu. De 36 años y padre de dos hijos pequeños, cuenta que siempre tuvo la necesidad de viajar con su familia.
El pasado septiembre, tras llegar a un valle en el que conocían a gente y lugares como el camping de Artaza, decidieron establecerse en él, se empadronaron e iniciaron un nuevo proyecto. “Fue un cambio de vida personal y laboral. A veces te preguntan cómo te vas al mundo rural para un trabajo como el mío, relacionada con el mundo del teatro. Pero, aunque estés en un pueblo pequeño, desde aquí puedes trabajar para toda España”, señala. Tras los primeros meses en Améscoa, volcado en las tareas de traslado y preparación de todo su equipamiento, no puede sino sentirse agradecido por este espacio. “Acostumbrados a otras zonas, en las que tienes que buscar pabellones o locales vacíos donde poder instalarte, aquí las cosas han sido diferentes. Que una institución pública te apoye es muy difícil y la verdad es que nos han puesto todas las facilidades”, señala.

Amaia López Yoga y danza en su nuevo hogar

Amaia López Iriarte, en su centro de yoga y danza.
Amaia López Iriarte, en su centro de yoga y danza.MONTXO A.G.
También en el caso de Amaia López Iriarte, Artaza es el lugar elegido para su proyecto familiar y laboral. Hace algo más de un año, el dinamismo de este concejo enganchó a esta pamplonesa profesora de yoga con una trayectoria profesional formando a profesores en la materia y especializada en yoga terapéutico. Detrás de su historia con el valle donde hoy vive y trabaja se encuentran los meses de confinamiento, las ganas de cambiar por un tiempo la capital por un pueblo y la búsqueda de un lugar donde pasar el primer verano de la pandemia. “Yo tenía una niña y estaba embarazada de un niño. Teníamos una amiga en Artaza, se quedó una casa vacía y la alquilamos para esas vacaciones. Pero pasó el verano, llegó septiembre y yo le planteaba a mi compañero, pero si no quiero volver. Me dijo, ¿y si nos quedamos? Y así llegó un cambio de vida total. Nos hemos quedado aquí y con muchas ganas de mover cosas”, relata.
Con ese deseo de iniciar proyectos y terminada la baja maternal, surgió la posibilidad de alquilar un espacio en el centro polivalente. “Fue como si todo fluyera. La verdad es que la Junta de Limitaciones y el Ayuntamiento han sido increíbles, su ayuda y las facilidades con todo”, cuenta en la sala donde desarrolla su proyecto como profesora de yoga y de danza. Un espacio de salud y bienestar desde el valle que ha convertido en su hogar.
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