Inundaciones

San Adrián, una semana después: “El primer vídeo que vimos era para llorar”

Varios vecinos de la localidad navarra relatan cómo vivieron las inundaciones

De izda. a dcha: Cristina Medrano, Izaskun Francés e Isabel Francés
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De izda. a dcha: Cristina Medrano, Izaskun Francés e Isabel Francés
De izda. a dcha: Cristina Medrano, Izaskun Francés e Isabel Francés

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Lucas Domaica

Actualizado el 21/12/2021 a las 15:01

De una de las chimeneas de las bajeras de la calle Nuestra Señora de Palma salía una humareda. Dentro estaban Cristina Medrano Molinero, Isabel Francés Parra e Izaskun Francés Medrano limpiando la bajera familiar. El fuego servía para quemar elementos afectados por el agua y para calentarse mientras hacían la tarea. “El abuelo nos pregunta todo el rato a ver cómo está esto”, explicaban estas vecinas de San Adrián. “El primer día cuando vimos cómo estaba esto era para llorar”, reconocía Cristina Medrano, madre de Izaskun Francés. Poco a poco iban sacando todas las cosas estropeadas a un contenedor colocado en la calle para todos los vecinos. Este estaba repleto de sofás, tablas de madera, sacos mojados y otros elementos típicos de bajeras. “El lavavajillas lo hemos probado y parece que funciona, el frigorífico no sabemos”, explicaban. “Mirad, este bote estaba en una estantería vacío”, decía Cristina Medrano mientras mostraba un bote grande de encurtidos que estaba lleno de agua. En la bajera también había una vespino negra antigua con la marca del agua.

La parte interior ya iba tomando forma poco a poco. El jardín del patio interior aún no porque había demasiada humedad. “El agua llegaba hasta la altura de las macetas”, explicaban sobre la terraza de la imagen.

“He tenido que tirar gran parte de los productos por la humedad”

Muhammad Asim fue uno de los afectados. Durante el domingo del desbordamiento, las cajas llenas de fruta flotaban por su tienda de ultramarinos de la calle la Ribera. Una semana después, todo parecía estar en orden. Una clienta preguntaba por el precio del mango y otro salía con una bolsa de la compra, pero la frutería Ali seguía teniendo daños. La cámara donde guardaba todo el género ya no enfriaba, igual que el frigorífico de las bebidas. “Los he comprobado y parece que no van, si no se puede arreglar será un gasto entre 8.000 y 10.000 euros“, calculaba Asim.

Esos daños eran su mayor preocupación. “Llamé al seguro pero todavía no han venido a ver”, señalaba este frutero que abrió su tienda en San Adrián hace ocho meses. En su móvil guarda todos los vídeos de la tienda inundada para demostrar que el agua llegó. “El agua llevaba también aceite. He tenido que tirar gran parte de los productos por la humedad”, apuntaba. El resto del género que consiguió salvar lo guarda junto a la cámara aunque no sabe si podrá venderlo. Barcas llenas de naranjas, manzanas y verduras que probablemente irán al contenedor.

Tras cuatro días de limpieza intensa, el viernes volvió a atender a sus clientes. “Los vecinos son muy buena gente, me han venido a echar una mano incluso los que también tenían problemas en casa”, indicaba agradecido. Además de los adrianeses que acudieron a la tienda de Asim para sacar cubos de agua y fregar, él llamó a amigos de otras localidades para que le echaran una mano. Muhammad Asim espera estos días minimizar lo máximo posible las pérdidas de género y material. “Los muebles también los tengo estropeados, se han hinchado por el agua”, lamentaba este vecino que vivió en Barcelona antes de llegar a San Adrián.

“Hemos perdido prácticamente la colección de Navidad”

“A ver si has tenido suerte y se ha salvado”, comentaba Pilar Gorricho García, dependienta de la tienda de ropa Beba, a una clienta que acudía a por una compra. Durante dos días, seis personas trabajaron “a tope” para sacar todos los productos estropeados por la inundación, que no eran pocos. Al igual que la frutería, todo parecía estar en orden. En comparación con el domingo anterior, la tienda estaba nueva. Sin embargo, los focos de la tienda parpadeaban por los problemas eléctricos generados por la riada. El mostrador estaba hinchado y poco a poco se estaba abriendo. También permanecía el olor a gasóleo mezclado con el agua.

“Hemos tenido que tirar todo lo que habíamos traído nuevo para la campaña de Navidad”, explicaba Gorricho. Ropa, cinturones, vestidos de fiesta, bolsos y zapatos... “La campaña ya se ha fastidiado”, comentaba la dependienta. “¿Cómo va la mañana?”, preguntaba de manera efusiva Sandra Herrero Herce, propietaria de la tienda. “Algo hemos vendido, pero poco”, respondía la dependienta. La inundación está teniendo efecto en las ventas de estos días. “La cosa se ha parado bastante por esto”, añadía Gorricho.

Durante los días siguientes a la riada, muchos vecinos del pueblo se acercaron hasta el establecimiento situado en la plaza Fructuoso Muerza para echar una mano. “Los vecinos se han involucrado con nosotras, es para agradecerlo”, reconocían ambas, Tal cantidad de agua no es fácil de achicar sin ayuda. “Hemos quitado todo con calderos y fregando muchas veces porque no teníamos mangueras para retirar el barro”, informaba Pilar Gorricho. Con ese material y el esfuerzo de todos consiguieron poner a punto el local. “Se rompieron algunas vitrinas. Las partes más bajas de la pared, que estaban recién pintadas, se han estropeado y algunos taburetes no se han salvado”, analizaban los daños.

El objetivo de la tienda ahora mismo el salvar algunas prendas de ropa. “Vamos a intentar quitar la humedad de algunos productos con un cañón de aire caliente, pero no tiene buena pinta”, decía Gorricho.

“Estaría bien que ahora tocara la lotería de Navidad en San Adrián. Para compensar una cosa con la otra”, bromeaban ambas.

“Calculo unos 35.000 euros de pérdidas en productos”

Los bazares destacan por tener una gran cantidad de productos en sus baldas. Tienen de todo: juguetes, herramientas, papelería... El domingo de la riada, Yi Chen veía cómo se iba por la borda su local situado en la calle La Ribera. “Calculo que tengo pérdidas de 35.000 euros en productos y 20.000 en mobiliario. El almacén aún está mal”, explicaba haciendo cuentas con calculadora en mano.

Chen montó su negocio en San Adrián hace once años. Esta década le ha servido para ganarse el calor de gran parte de la gente adrianesa. “Los primeros días vinieron ocho vecinos del pueblo a ayudarme junto a otras seis personas de mi entorno”, comentaba.

El sábado abría el bazar después de llevar toda la semana de limpieza del local. “El primer día sacamos veinte contenedores hasta arriba. En total habremos llenado treinta”, explicaba señalando la basura acumulada en la calle cercana a la plaza. “Ya no tengo fuerzas para seguir limpiando lo que queda”, reconocía refiriéndose a las zonas más afectadas de la bajera.

“Ella es una más del pueblo”, explicaba un vecino que acudía al bazar a preocuparse por la propietaria. “Tiene mucho mérito. Su vida es San Adrián”, añadía el adrianés. Este vecino recalcó que “todo el mundo que pueda le iba a ayudar” a esta china que llegó a España hace veintiún años.

Cuatro días de lucha contra el agua y el barro le han servido para poner en marcha de nuevo el negocio y ordenar todas las estanterías con productos rescatados. Esta calle fue una de las más afectadas por la inundación. Cerca del bazar, los vecinos mantenían las puertas de las bajeras abiertas para tratar de secar su interior y dejar paso a los tubos que seguían achicando agua a pesar de haber pasado algo menos de una semana.

“Lo peor de todo es la humedad que se ha quedado, estropea todo”, lamentaba Yi Chen. “A ver qué pasa cuando el consorcio de seguro evalúe los daños... suelen tirar para abajo”, concluía el mismo vecino. A él también le entró agua en casa y en la bajera.

“Han venido muchos vecinos de otras localidades a ayudar”

La pescadería de Teresa Prado Bayona era una isla el día de la crecida del Ega y Ebro en San Adrián. La bajera estaba rodeada de agua por todos los lados, pero no consiguió entrar al interior. “Solo entraba cuando pasaban los camiones de bomberos, que se colaba por debajo al salpicar”, explicaba.

El negocio está situado en una de las esquinas de la plaza Fructuoso Muerza, cerca de la antigua chimenea. Paralelo a la tienda de ropa Beba. Prado tuvo suerte porque no tuvo que achicar agua de su local, pero durante la inundación de la localidad sufrió un corte de luz. “Tuvimos que comprar un generador para mantener todo el pescado fresco”, explicaba.

Durante ese día, el mostrador estuvo vacío de pescado, pero a lo largo de la semana retomó la actividad. El sábado ya atendía a sus clientes, vía presencial o por teléfono móvil para preparar encargos o llevar a los vecinos que no salieron de casa. “Ni se te ocurra moverte de casa”, decía por un pinganillo para responder a las llamadas.

La conversación con los vecinos que acudían a la tienda no era otra que sobre la inundación. Entre el “tuvimos suerte” y el “¿cómo vais vosotros?” aparecía de vez en cuando el nombre de algún tipo de pescado y el de localidades cercanas. “Ha venido mucha gente de localidades cercanas a echar una mano. Calahorra, San Adrián...”, comentaba con unos vecinos que acudieron a la pescadería.

La palabra “solidaridad” ha sido una de las más repetidas por los vecinos de este pueblo durante la semana. “La verdad que se ha ayudado mucho a todo el que lo necesitaba, la respuesta de la gente ha sido muy buena”, añadía orgullosa.

A pesar de que la pescadería de Teresa Prado no fuese de las bajeras más afectadas por la riada, le ha tocado muy de cerca en su familia. Concretamente a sus hermanos. “Viven en la calle la Isla, una de las zonas que se ha llevado la peor parte, y tienen la casa bastante mal”, lamentaba. Durante los días que tuvieron la casa afectada, ella les dio cobijo en la suya.

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