Al cohete de Estella no se va de blanco
Las singularidades de las fiestas de Estella que no verás en otros lugares


Actualizado el 03/08/2018 a las 13:50
“Qué raritos sois en Estella”, me dijo hace unos días —medio en broma, medio en serio— una compañera de Pamplona cuando me afanaba en responder un 'wasap' por el grupo del chabisque y explicarle que, si se anima a venir algún año al cohete del Viernes de Gigantes, no se le ocurriera hacerlo con el atuendo blanco y el pañuelico rojo.
El resto de compañeros se giró inmediatamente al escuchar lo que para ellos en San Fermín considerarían una afrenta y entraron en colapso ante algunas terminologías para ellos nuevas.
Perplejidad también la mía, que, acostumbrada a vivir durante 23 años las fiestas de Estella desde dentro, creía que al resto de Navarra algo les llegaría de ellas. Así que intentaré despegarme de mi 'estellismo' y explicar nuestras peculiaridades para que los 'pamplonautas' y demás foráneos forales las conozcan.
NI BLANCO NI 'ALMUERCICO' MAÑANERO
No, al cohete de las doce no vamos de blanco, ni tampoco acostumbramos a madrugar para almorzar huevos, chistorra y lo que se precie. La bebida y la comida empiezan con el vermú. Lo es de esta manera porque, aunque el programa oficial dicte que el primer acto sea el del cohete, cuando la ciudad muda a bicolor es con la salida de la comparsa para recibir a los gigantes, a las 16.30 horas, antes de las vísperas. De ahí que el arranque de las fiestas tenga por nombre 'Viernes de Gigantes'.
Así que se imaginarán cuál es la siguiente singularidad. Siempre comienzan un viernes, el mismo cada año: el anterior al primer domingo de agosto, cuya fecha numérica —variable, por lo tanto, de año en año— miraremos decenas de veces en el calendario para retenerla.
Hasta el siglo XVII, las fiestas mayores se celebraban en noviembre, pero el mal tiempo y una fuerte riada el 9 de noviembre de 1625 hicieron que el Ayuntamiento decidiera trasladarlas a la actual semana y coincidieran con las corridas de toros que acogía Estella siempre en estas fechas.
La historia también recuerda que hasta el siglo pasado, en las fábricas y demás oficios de la ciudad se trabajaba la mañana del viernes y el estallido de la pólvora era algo minoritario, sin carisma social. Fue en los años 40 cuando se empezó a popularizar.
LOS JÓVENES, EN LOS CHABISQUES
Antes de la salida de los gigantes, hay que llenar el estómago. Los jóvenes lo hacemos con las cuadrillas en los chabisques, una bajera que dos semanas antes tratamos de adecentar y poner a punto para el Viernes de Gigantes.
"¡Qué palabra, cha-bis-que!", paladeó un compañero. Y no es para sorprenderse menos si buscamos su origen. Literalmente, significa 'lodo', 'barrillo'. Por extensión semántica, en Navarra el término se empleaba para denominar al chamizo o choza donde antaño se dejaban los animales.
La moda de los chabisques como local de reuniones y juergas comenzó a instalarse en la ciudad en 1959 —cuando todavía las fiestas duraban cinco días (hoy, 7)— y, desde entonces, también son tradición los rifirrafes entre los vecinos y algunas de estas bajeras que las cuadrillas no tardaron en hacer proliferar por toda la localidad. En 1964, había 50, según se documenta en este artículo que guarda la hemeroteca de Diario de Navarra:
La voz chabisque, por cierto, es onomatopéyica y procede del aragonés. Como ‘Aragonés’ y ‘Aragonesa’ son dos de los cabezudos (que no ‘kilikis’) que ‘custodian’ a los gigantes y atemorizan a los críos. Pero no lo hacen con la verga, sino con la botarrina.
Y mientras estos personajes recorren el viernes las calles de la ciudad del Ega, en la basílica de Ntra. Sra. del Puy se celebran las solemnes vísperas. Desde este templo, situado en lo más alto de Estella, el ayuntamiento desciende luego en cuerpo de ciudad en lo que llamamos 'Bajadica del Puy', que no transcurre por la calle del Puy, sino por su paralela.
NO HAY 'POBRE DE MÍ'
Tampoco tenemos 'Pobre de mí'. Durante años, se popularizó el llamado 'entierro de la sardina', un acto extraoficial que en otros lugares de España se celebra en Carnaval y que varias localidades navarras también asumieron como parte de sus fiestas patronales. Hoy, esa tradición se ha perdido.
Y así, entre chabisques, botarrinas y gigantes que marcan el comienzo y fin de las fiestas pasamos los estelleses nuestros siete días más esperados del año.
