Ferias octubre
Marcilla se rinde al caballo… y al buen comer
La Feria del Caballo Benito Aguerri reúne a una extensa multitud en una jornada marcada por el buen tiempo, las exhibiciones ecuestres y los numerosos puestos de alimentación y artesanía que compiten por la atención de los visitantes

Publicado el 12/10/2026 a las 13:25
No es fácil. Los caballos tienen que compartir protagonismo con palmeras de chocolate, coquitos y rosquillas. El buen tiempo acompaña una Feria del Caballo Benito Aguerri que vuelve a llenar las calles de Marcilla de visitantes, aficionados al mundo ecuestre y familias que encuentran en los numerosos puestos de alimentación y artesanía una razón más para quedarse. Entre relinchos, exhibiciones y el ir y venir de gente, el municipio disfruta de una de esas jornadas en las que resulta difícil dar unos pasos sin detenerse ante algún atractivo.
Aunque el caballo sigue siendo el gran reclamo, la feria demuestra que tiene muchos otros alicientes. La trashumancia, las exhibiciones de saltos, el herraje tradicional, los paseos en calesa y los espectáculos de doma conviven con un concurrido mercado en el que sus productos se disputan las miradas. Todo ello en una mañana soleada que invita a recorrer las calles sin prisa.
Entre los asistentes se encuentra Miguel Ángel Bote, que lleva más de treinta años disfrutando de la feria junto a su familia. Llega a Navarra destinado desde Extremadura por su condición de militar y, desde entonces, la feria se convierte en una tradición familiar que pasa a las nuevas generaciones. En esta ocasión acude acompañado de su nieta, Laia Salvatierra, de 12 años, con quien llega a caballo.
Tampoco faltan quienes optan por recorrer el municipio a lomos de sus caballos y vestidos para la ocasión. Fran Bermejo, Roberto Huracán, Lola Moreno, Patricia Huracán y Javier Sesma forman uno de esos grupos que llaman la atención a su paso. "Venimos de Corella, Fitero y Peralta", explican sonrientes.
CON INTENCIÓN
Ya en la plaza de España, el sonido de la fragua recuerda los oficios de antaño. La exhibición de herraje de Luis María Pardo y la demostración de forja de Forjas Brun permiten acercarse a unos trabajos estrechamente ligados al mundo del caballo. Y allí mismo, en mitad del bullicio, se encuentra uno de los puestos con más historia de la feria: el de la yeguada Pascual Jaén.
"Somos de los veteranos, venimos desde que la feria empezó", explica Fernando Pascual Jaén, que este año lleva cuatro caballos de pura raza española y dos mulos criados en casa. Le acompañan su mujer, Eva Abad, y varios amigos, cuya colaboración considera "imprescindible" para afrontar una jornada de estas características.
Su presencia, sin embargo, también sirve para poner sobre la mesa las dificultades que atraviesa el comercio especializado. Fernando lamenta la competencia de las compras por internet. "La gente pregunta por cabezadas o monturas, pero no valora lo que nos cuesta el género", señala. Una reflexión que recuerda el esfuerzo detrás de cada puesto. Porque si algo queda claro en esta edición es que el apetito también mueve multitudes.
Los puestos de comida y repostería tienen una presencia destacada. Desde Calahorra llega Alfredo Fernández, de Flor y Nata, donde todos los dulces son artesanos. Su experiencia en Marcilla es más corta que la del negocio al que representa. "Mi jefe lleva muchos años viniendo a la feria, yo dos", señala. Entre las especialidades más exitosas destacan los coquitos y las palmeras de chocolate.
No muy lejos, Nagore Centeno y Laura Solagaistua apenas tienen tiempo para descansar tras el mostrador de Mañeko. Con obrador propio, esta pequeña cooperativa de Vizcaya lleva hasta Marcilla panes, rosquillas y tartas de queso Idiazábal, entre otras elaboraciones. "Venimos todos los años: es una feria que nos atrae mucho", aseguran.
A MANO Y MÁS
La artesanía también se hace hueco entre los numerosos puestos. Azahara Lozano Pacheco llega desde San Adrián con bolsos, carteras y neceseres elaborados por ella misma y por su madre, María Pacheco. Así, mientras los puestos concentran buena parte del movimiento, los fosos se convierten en el gran punto de encuentro. La presencia de potros y las demostraciones de doma ofrecen motivos suficientes para acercarse.
Allí se encuentra la familia González Sacristán, formada por Rogelio, su mujer Ana y sus hijos Manuel y Roberto. Para ellos, la feria es, sobre todo, una oportunidad para romper con la rutina. "Es un día que nos gusta. Hacemos algo diferente, nos quedamos a comer...", dicen.
Una manera de vivir un 12 de octubre y dejar claro que la tradición ecuestre, la gastronomía y las ganas de compartir una jornada festiva vuelven a darse la mano.