Fiestas Navarra

Un toro suelto en cabeza siembra el pánico entre los mozos en el primer encierro de Tafalla 

Un mozo ha caído al suelo y un cabestro lo ha pasado por encima

Fotos del primer encierro de las fiestas de Tafalla 2026

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Fotos del primer encierro de las fiestas de Tafalla 2026MIGUEL OSES/IRATI AIZPURUA

Leire Iriarte

Actualizado el 15/08/2026 a las 15:14

El primer encierro de Tafalla 2026, con una multitudinaria afluencia al ser sábado, arrancó casi cuatro minutos tarde y la protagonizaron los toros de la ganadería Valdellán de Santa María del Río, León. A lo largo de la carrera, que se resolvió en 3 minutos 12 segundos, tan solo hubo un atendido por Cruz Roja. Este fue un varón de 64 años que sufrió una caída en el tramo de la curva de la estación de tren y presentaba una herida en la muñeca.

Desde un poco antes de las ocho de la mañana, los más tempraneros, detrás o sobre el vallado, aguardaban su sitio para poder presenciar desde una buena posición el encierro. Los mozos, poco a poco, iban apareciendo a lo largo del recorrido. Calentaban, estiraban las extremidades y charlaban en grupo. Los más supersticiosos, tranquilamente, hacían sus rituales para atraer la buena suerte. Besar collares o rezar eran algunos de los gestos más repetidos.

Al ser el primer día de fiestas, también hubo reencuentros entre compañeros de carrera. “¿Qué tal? No te esperaba por aquí”, se saludaban dos corredores en el lateral del recorrido.

Vídeo del momento en el que un mozo es pisoteado por un toro en el primer encierro de Tafalla

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Vídeo del momento en el que un mozo es pisoteado por un toro en el primer encierro de Tafalla

Los más veteranos tenían claro dónde iban a correr, pero los más jóvenes se les veía menos ubicados. “Corro en el primer tramo, donde está el corral”, comentaba el estellés José Andrés Tulebras que, tras saludar a alguno de sus compañeros, se dirigía al tramo donde iba a correr. “Empecé a correr aquí en la curva de la estación, pero ahora hay mucha aglomeración de gente”, afirmaba. “En este tramo hay mucha gente joven y abajo estoy más fresco” añadía.

Con nervios en el cuerpo, saltando y dando pequeños pasos para adelante y atrás, Sara Puñal Rebolé, de 34 años, miraba concentrada el recorrido del encierro. Ella, que empezó a correr hace tres años, guarda los encierros de esta localidad con mucho afecto. “Tafalla es donde empecé y le tengo cariño”, afirmaba la pamplonesa.

Al ser el primer día, se esperan muchos corredores en el recorrido. “Primer día y sábado mucha gente, seguro. Pero bueno, lo que salga”, comentaba Puñal.

A las nueve en punto, cuando estaba previsto el inicio de la carrera, los mozos saltaban una y otra vez en el mismo sitio para ver si llegaban a alcanzar con la vista a los astados. El ambiente era de silencio sepulcral. Nadie dentro del recorrido hablaba.

Un poco más tarde de la hora habitual de salida de los toros del corral, el cohete dio la señal de inicio del encierro. La manada, de cinco astados azabache, salieron agrupados desde los corrales, pero, en tan solo cuestión de segundos, uno de los toros cogió la delantera al resto y destacó en solitario durante todo el recorrido. “Va solo el primero”, anunciaba uno de los mozos dando voces para alertar al resto que se encontraban dentro del recorrido. El cabeza, que ganó una gran distancia del grupo, se hacía hueco sin cabestros a los lados.

“Hoy casi ni tiritas”, aseguraba un técnico de la Cruz Roja a las puertas de la enfermería de la Plaza de Toros de Tafalla. “Esperemos que siga así”, comentaba tras el balance positivo de este primer encierro.

CINCO EN VEZ DE SEIS

Además, la carrera también ha contado con un invitado menos de lo habitual. En lugar de seis reses han sido cinco las que iniciaron y terminaron el recorrido. El pasado viernes por la tarde, durante el traslado del ganado desde la plaza hasta los corrales, donde pasarían la noche los astados de Valdellán, solo cinco de los seis animales llegaron a entrar. En ese momento sonó el cohete que daba por finalizado el traslado, pero uno de los toros se había quedado rezagado y continuaba deambulando por las calles de la localidad. Desde los corrales, pensaban que los seis astados ya estaban en su sitio, por lo que tuvieron que devolver a la res suelta de nuevo a la plaza.

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