Verano en mi pueblo

"Si tenía hijos, quería que se criaran en Barásoain"

En los días de calor, los vecinos de Barásoain se refugian de las temperaturas en las piscinas de Garínoain

Fotos del verano en Barásoain./
Fotos del verano en Barásoain./IRATI AIZPURUA

Irune Abadía Esain

Publicado el 26/07/2025 a las 05:00

Pese a tener algo más de 600 habitantes, las calles de Barásoain parecían dormidas en plena tarde del 17 de julio. Con treinta grados, los vecinos tenían otro destino donde refugiarse: las piscinas de Garínoain. “Al final, es que casi todas las cuadrillas somos mixtas, de los dos pueblos. Nosotros quedamos a tomar el café a las 16.30 horas en Garínoain, jugamos a las cartas, entramos a la piscina y aquí echamos unos toques con el balón, un rondo… un poco de todo. Luego, a las noches, la fresca la pasamos en Barásoain”, contaba Daniel Matute Roldán, barasoaindarra de 32 años, mientras compartía el rato con cinco amigos.

“Es que aquí se está muy a gusto. Para mí, la infancia ha sido siempre esto”, recordaba Matute, diciéndolo con la certeza de quien sabe que, en invierno, no hay tantas oportunidades: “Durante el año no se aprovechan las tardes así en cuadrilla. No sale nadie, no nos vemos tanto”.

Patricia Arrubla Muruzábal, otra vecina de 42 años, coincidía con él. “Es el primer día que vengo con silla, crucigramas y todo. He mandado a mi hija a un cumpleaños. Si no, esto no ocurre”, bromeaba. Tiene dos hijos, una de 4 años y otro de 10 y, como muchas familias del pueblo, combina el trabajo con las colonias urbanas que organiza el ayuntamiento municipal. “Van a las mañanas, los recogen los abuelos, les dan de comer y luego, cuando salimos de trabajar, venimos a la piscina”.

Para Arrubla, lo mejor del pueblo es la libertad que proporciona. Esa sensación de seguridad que le permite que el mayor de sus hijos salga solo con sus amigos, se lleve el bocadillo y vuelva a la hora estipulada sin mayor preocupación. “Aquí somos todos de casa, nos vigilamos entre todos”, explicaba. “Cuando empecé a ir con mis amigos de fuera, ninguno había tenido la infancia que pude tener yo, así que lo tenía claro: si tenía hijos, quería que se criaran en Barásoain”.

Además, Arrubla, más que poner pegas por tener que bajar a las piscinas de Garínoain, apuntaba las ventajas : “Aquí nos juntamos entre todos. Creo que no hay diferencia, lo que nos separa es la carretera y ya está. Es un lujo, es como si tuviéramos todo doble, las fiestas sobre todo”.

CUANDO LLEGA LA FRESCA

La jornada se iba transformando al caer la tarde. Si la temperatura da tregua, el bullicio, como explicaba Matute, se traslada de nuevo a Barásoain. A las 20.00 horas, en la terraza de la sociedad Valdorba, epicentro de la vida social del pueblo, se encontraban cuatro barasoaindarras comiendo pipas y unas aceitunas. Ana y Rita Roldán Murillo, gemelas de 65 años; Eduardo Azcona, marido de Ana; y su único nieto, Aitor Matute Roldán, de cinco años, “el príncipe azul”.

“Ahora está malo, si no estaría en la piscina”, afirmaba su abuela. El pequeño es uno de los que va todas las mañanas a las colonias, donde, si hace mucho calor, pasan las horas entre juegos de agua. “Y tan a gusto. Cuando nosotros éramos pequeños, íbamos al río o al 'Pocico de la muerte', que decíamos, no sé por qué le llamábamos así”, comentaba Ana entre risas. “Era estar todo el rato corriendo sin parar, no necesitabas ni consolas ni televisiones”, añadía Azcona con cariño. Él, por ejemplo, pasa los veranos en su huerto: “Cuando hace algo más de fresco, voy. Ayer estuve por la tarde y también hoy por la mañana recogiendo pepinos, calabacines y esas cosas”, detallaba.

“Durante el año hay muchísimas actividades. En verano es más la tranquilidad, la piscina, se suele hacer un campeonato de frontenis...”, contaban las gemelas. “Estamos aquí felizmente, no queremos nada más. Tenemos Pamplona a media hora y Tafalla a nada, 10 minutos. Aquí encima hay una tiendica, una frutería, una farmacia, una panadería que es como un ultramarinos; todo eso te salva”, reconocía Rita.

Los meses de junio y julio parecen más sosegados para Barásoain, pero en agosto, el escenario cambia. “Será que la gente ya vuelve de vacaciones y se empiezan a oler las fiestas”, decía Ana. Y es que el pueblo tiene la cita marcada en torno a San Bartolomé, el 24 de agosto. “Desde el 2005 se hace un festival para recordar al Maestro Turrillas, es estupendo”, mencionó Ana. Y mientras los mayores esperan a este acto, Aitor marcaba su propia cuenta atrás: “¡Las fiestas! ¡Para correr el torico de fuego!”

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