Verano en mi pueblo
"En Pueyo tenemos todo el verano completo"
Desde este jueves 24, Pueyo se encuentra celebrando sus fiestas, una de las citas más esperadas de su verano
Publicado el 26/07/2025 a las 05:00
Aunque hoy, 26 de julio, Pueyo esté de fiestas —las celebraciones comenzaron este jueves, 24, y seguirán hasta el 28—, este reportaje se realizó la tarde del 17, cuando aún reinaba la calma previa al estallido del cohete. Eso sí, las ganas no eran pocas. “Lo mejor son las fiestas, desde pequeñas siempre las pasamos juntas”, recordaba Begoña Grijalvo Izquierdo, de 15 años, refiriéndose a su cuadrilla, también presentes. El resto de jóvenes —Saioa Marquina Muga, Amagoia Arriaga Guillén, Julia Purroy Larreta, Ihara Espinal Baztán, todas de 15 años; y Uxue Navarlaz Burgos, de 12—, lo reafirmaban. “Solemos quedar con la bici arriba y bajamos a la piscina a darnos un baño”, explicaba Marquina. “Luego, a la noche, nos gusta estar en el frontón, en el parque o en la Plaza Amaiur. Ahí cenamos y nos quedamos hablando”, añadía Grijalvo. Una de las cosas que más les gusta hacer es jugar al orón o a los seises.
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Y es que la afición por jugar a cartas nunca acaba. Manteniendo los seises como pasatiempo principal e intercambiando el orón por el chinchón, otra cuadrilla —algo más mayor— pasaba el rato a la sombra en una terraza dentro del recinto de la piscina. “No nos aburrimos para nada, tenemos todo el verano completo. Seguido de San Fermín, llegan las prefiestas, las fiestas… y ahora, de aquí en adelante, todas las semanas hay algo”, comentaba Mercedes Berango Torrano, de 76 años.
En el agua, una quincena de mujeres practicaba aquagym. “Esto hay martes y jueves, también para chicos. Yo bajo a las cuatro y media porque estoy en un cursillo de natación, que nunca había dado”, contaba Rosa Izurriaga Tápiz, de 80 años, otra de ellas. Lourdes Monreal Andión, de 83 años, que llegó al pueblo con 25, aclaraba que las que no se meten al agua, como ella, bajan ya a las seis y media para estar un par de horas y luego subir a cenar. El tiempo entre las diez y las doce de la noche se lo reserva para salir a la fresca, donde se juntan unas ocho vecinas.
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Además, apuntaban entre todas que el pueblo, de unos 350 habitantes, sigue muy activo. “Se han vendido todas las casas que había aquí y todos los que vienen se están empadronando. Después de la pandemia, Pueyo ha ganado igual 100 habitantes”, aseguraba Monreal.
En el caso de Berango, es la única de ellas que actualmente vive en Pamplona, aunque siempre que puede, vuelve. “No hay nada igual que el pueblo. Al final, en Pamplona eres una más, pero aquí estamos entre todos, nos conocemos y eso es más especial. Si es que cuando se murió mi marido, que era el que tocaba el acordeón en Pueyo, no es que le echase yo en falta, sino que lo sufrimos todas. Somos como familia”, reconocía.
Tan familia que hasta una de las hijas de Izurriaga, Estíbaliz Mangado Izurriaga, de 48 años, es también nuera de Monreal. Para ella, los meses estivales son un poco más ajetreados, ya que es la dueña de la única tienda del pueblo: el bar-supermercado Solanoa. “En verano se trabaja más, porque igual hay gente que viene a veranear, son las fiestas también…”, argumentaba la hostelera, que lleva diez años en el local. Aún así, al preguntarle por lo que más le gusta de Pueyo, ella no duda en decantarse por el trato con la gente: “Quieras que no, esto es un punto de referencia, todo el mundo, nuevo o no, viene aquí porque no hay otra cosa. Me encanta el día a día, escuchar a las personas, no sé, siendo de aquí, siento que es mi gente”.
Mangado nunca se ha planteado mudarse ni a la ciudad ni a ningún otro pueblo. Aquí tiene toda su familia: padres, marido, hijos, suegra… “No me iría ni en broma”, reforzaba. Pese a admitir que la tecnología ha modificado las prioridades de los jóvenes, sigue identificando la tranquilidad como elemento clave, la misma que ella experimentó en su infancia. “Por ejemplo, hay una familia que viene de Madrid a pasar el verano con los nieticos. Yo los veo venir a comprar solos el pan, unos críos que tendrán siete-ocho años, y se mueren de la ilusión. Eso en Madrid, o en Pamplona, es imposible”,
Pero nada quitaba que Mangado se mostrase con ganas de que las fiestas pasasen rápido. “Se suma la gente que viene de fuera a todos los vecinos y hay muchísimo trabajo, es un poco agobiante”, decía. Por suerte para ella y por desgracia para otros, hoy, 26 de julio, Pueyo alcanza al epicentro de sus fiestas.
