Verano en mi pueblo

La paz se busca y se encuentra en Tiebas

Las piscinas municipales y el bar El Centro son dos de los puntos clave que utilizan los vecinos de Tiebas para juntarse en verano

Fotos del verano en Tiebas./
Fotos del verano en Tiebas./IRATI AIZPURUA

Irune Abadía Esain

Publicado el 26/07/2025 a las 05:00

"De pequeñas solíamos ir al lavadero todas las noches”. “Buah, es verdad, o a la iglesia. Como el espacio es cerrado, ahí jugábamos al bote-bote, al pillapilla, a polis y cacos…”. Así recordaban Naroa Iglesias Muñoz, de 19 años, —La hija de la peluquera—; y Andrea Canuto Guardabrazos, de 21, sus veranos en Tiebas, pueblo en el que llevan viviendo toda la vida. Ahora, con poco más de 400 habitantes y un castillo medieval como historia, esta localidad del centro geográfico de Navarra, situada a los pies de la sierra de Alaiz, sigue llenándose de vida estos meses. Las piscinas, el bar El Centro y los cursillos vespertinos de tenis, pádel y natación convierten las tardes estivales en ese reencuentro con los recuerdos de una infancia que en el pueblo nunca acaba.

Iglesias lleva dos veranos trabajando en el control de acceso a las piscinas: “Desde esta cristalera se ven las pistas de pádel, de fútbol, de baloncesto y de tenis. Aquí está el bar, la terraza de fuera, las zonas verdes, la piscina de chapoteo, la piscina normal. Abajo, las duchas, las taquillas, el gimnasio…”. Menos mal que son unas piscinas de pueblo. “Claro, tenemos de todo. Además, a las mañanas suele haber una ludoteca que la hacen algunas chicas de aquí para niños de 3 a 12 años. Así, los padres pueden irse a trabajar y ya a las tardes se hacen todos los cursillos, tanto para pequeños como para adultos “, explicaba la joven. “Bueno, pero si alguien puede hablar mejor del pueblo es La Pepi, que siempre está con sus flores”.

De Pepi se sabe que es andaluza, de Sanlúcar de Barrameda. Aunque, si ahora tiene 80 años, 60 los ha pasado en Tiebas —para hacer el cálculo, ella cuenta los que lleva con su marido, a quien conoció en el pueblo—. A los 18 años, Pepi decidió venir para encontrar trabajo y, junto a la paz que también le cautivó, lo consiguió. A día de hoy, tiene tres hijos que viven en el pueblo, algún nieto y, en su jardín, flores, muchas flores. Tanto el verano como el invierno los pasa feliz cuidando de la casa y de todos los que en ella un día jugaron y siguen jugando.

Esa búsqueda que desemboca en Tiebas se sigue repitiendo en el presente. Irene Legasa Orbaiz, de 39 años, natural de Viscarret, se instaló en él hace seis años —tras haber vivido 20 en Pamplona— anhelando recuperar la paz que le daba el pueblo en uno que no se encontrase demasiado lejos. Igual que su actual vecina y amiga Tamara Riballo González, de 29 años, que, después de haber vivido en Barañáin, decidió hace tres venirse aquí. La única pega que puedieron sacar de Tiebas es que la villavesa no llega hasta allí, y aún más importante, que el glovo tampoco. Ambas se encontraban la tarde del 17 julio en la piscina y reconocieron al unísono que ese era su plan favorito: “Si tenemos el día entero, el día entero lo pasamos aquí”.

—Mami, ¿me ayudas a buscar a Hugo y a Aitana y a Javier?

Una pequeña interrumpía la conversación. “Es que esto para nosotras es la gloria. Encima, los críos se lo pasan súper bien. Los nuestros aún son pequeños, pero tienen muchas cosas para hacer”, comentaba Riballo —ella tiene una hija de un año y otro de seis; y Legasa dos chicas, de tres y de cinco años—.

“Cuando crecen un poco, ya se empiezan a juntar entre ellos. Ves a los críos que se van a la placica, se bajan solos por el pueblo, tienen una cabañica o yo qué sé, pues lo mismo que hacíamos nosotras de pequeñas”, recordaba Legasa. Y así es. Lo confirmaban los hermanos Aitor y Joel Aguirre Lamelas, de 10 y 12 años, que se encontraban con sus amigas Vega Baena Goñi, de 11, e Irati Dicastillo Senosiain, de 17. “Nosotros —Joel e Irati— hemos estado yendo estas mañanas a unas excavaciones arqueológicas para ayudar en el castillo. Somos voluntarios”, contaban. Para los cuatro, lo que más les gusta del pueblo son las fiestas de Santa Eufemia en septiembre y “los medievales” —un fin de semana de agosto en el que el pueblo homenajea su pasado vistiéndose como tal y realizando actos temáticos de la época—. Casi como una ofensa, negaban todos a la vez el querer cambiar su pueblo por nada. Y con una mirada en la puerta de la piscina, los hermanos recibían a la única que faltaba:

—¡Abuela!—gritó rápidamente Aitor.

Bajo 33 grados, el reloj marcaba ya las cinco de la tarde. La Pepi acababa de llegar.

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