Aniversario
El día que se hundió el puente de Funes
El 6 de noviembre de 1974 el puente de Funes, que conectaba las dos partes del casco urbano, comenzó a hundirse tras una riada “media”. Un año y dos días después se inauguraba el actual


Actualizado el 05/11/2024 a las 23:52
Habían pasado pocos minutos de las ocho de la mañana cuando, el 6 de noviembre de 1974, el puente de Funes comenzó a hundirse. La infraestructura conectaba las dos partes en que se divide el municipio y rápidamente fue cerrado al tráfico. En la crónica publicada al día siguiente, Diario de Navarra informaba que el pilar del centro más próximo a la orilla izquierda estaba cediendo aparatosamente y la calzada sobre el puente experimentó una gran sinuosidad, al mismo tiempo que se agrietaba y levantaba el asfalto.
Patxi Celorrio Carrión tenía entonces nueve años y todavía recuerda ese día. “Me quedé sin poder ir a clase”, rememora. Él residía en lo que se conoce como parte nueva de Funes y a diario cruzaba el puente para acudir a las escuelas. Ése día cuando llegó, no le dejaron pasar y se tuvo que dar media vuelta. Aunque entonces no residía en Funes, hasta la localidad llegaba a diario desde Milagro Antonio Ulzurrun. Se había ‘ennoviado’ con una funesina y todos los días cruzaba el puente para ir a verla. Aquel 6 de noviembre tenía 24 años y recuerda el revuelo que se formó. “No era para menos”, dice transitando junto al río del pueblo en el que acabó afincándose poco después.
Gran aficionado a la historia local, Ulzurrun fue conservando materiales e informaciones de lo que puso “patas arriba” la vida en el pueblo. “El río Arga, que es nuestro río de casa, nos ha ofrecido episodios buenos y otros no tanto”, afirma. Según cuenta, a lo largo del siglo XIX se fueron alternando puentes de madera con barcas para el paso y traslado de personas, ganados y aperos de campo de una zona a la otra del pueblo. “Los puentes tenían una vida limitada, hasta que el río se cobraba su prenda”, empieza su relato.
Fue ya en el siglo XX cuando, prosigue, se tomó la decisión de construir un nuevo puente. Esta vez iba a ser de hormigón armado y se proyectó con una longitud aproximada de 84 metros, con cuatro vanos en arco con una flecha de tres metros y una anchura de 5,50 metros, de los cuales 0,75 a cada lado lo formaban las aceras o andenes, además de cuatro metros de calzada. “Este puente, con proyecto del ingeniero zaragozano Ángel Arbes se inauguró el 13 de marzo del año 1909. Con sus más y sus menos duró hasta el 6 de noviembre de 1974 cuando, como consecuencia de una riada media y una pared que se erigió en los años 70, en lo que se denominó la corta del Arga y que recortó el cauce en 19 metros, una de las pilas cedió y el puente bajó entre dos vanos y en unos treinta metros de afección. Curiosamente, el puente duró 65 años y seis meses, como si fuera una jubilación”, expone casi de memoria.


A su lado, Celorrio asiente cada una de las afirmaciones y datos que Ulzurrun va recitando. De aquél día, además de haberse quedado sin colegio, recuerda que fueron las hermanas Cirauqui, Maribel y Angelines, de las pocas que pudieron cruzarlo antes de que se cortase. “Iban a coger el autobús. Sería antes de las ocho porque poco después comenzó a hundirse. Se cerró al tráfico inmediatamente y ese primer día también a los peatones aunque yo sí que recuerdo que en días posteriores dejaban pasar a la gente caminando. Eso sí, en fila de a uno”, dice. Como solución alternativa al tránsito peatonal, muy próximo a la infraestructura que había comenzado a hundirse, rápidamente se hizo, con cubos de hormigón y madera, un puente peatonal.
Para solventar la comunicación al tráfico, a unos cien metros más o menos, el regimiento de ingenieros -pontoneros-, con cuartel en San Sebastián, tendió un puente metálico. “No sé en cuánto tiempo lo hicieron pero mi recuerdo es que fue rápido. Me acuerdo también que me impresionó después lo rápido que lo desmontaron para llevárselo cuando el nuevo puente se levantó”, refiere Celorrio.
El hundimiento del puente de Funes coincidió en el tiempo con las obras de construcción de la autopista. Por eso, concreta Ulzurrun, la entonces Diputación foral de Navarra, aprovechó la sinergia de las obras de la Autopista de Navarra para encomendar a la misma empresa de construcción la ejecución del puente. “Por eso, si te fijas en el puente de Funes es igual que los que hay en la autopista”, señala. Para construir uno nuevo, era preciso derribar el que había comenzado a hundirse. Y la voladura de la infraestructura se vivió como todo un acontecimiento.


Ignacio Domínguez, alcalde de Funes, recuerda de aquel día, en julio de 1975, estar esperando en el río con los amigos el momento. Los tres rememoran cómo se habían cubierto los pilares con fardos de paja para intentar minimizar los efectos de la explosión. “Lo volaron con dinamita”, cuentan. Apenas había estallado, las máquinas comenzaron a limpiar con rapidez. “Esto fue en julio y el nuevo puente ya estaba en pie en noviembre. Se pudo inaugurar el 8 de noviembre de 1975, un año y dos días después de comenzar a hundirse el viejo”, apunta Ulzurrun. Costó treinta millones de las antiguas pesetas y tiene una longitud de noventa metros y una placa de 10,50, de los cuales siete son de calzada y dos aceras a cada lado, de 1,75 metros cada una.
El día de la inauguración, finaliza su relato Ulzurrun, el ayuntamiento regaló costillas y leña. “Fue un día de celebración”, recuerda. Hoy, medio siglo después, el puente de Funes sigue conectando las dos partes del pueblo y a él se siguen dirigiendo todos los ojos cada vez que el río Arga experimenta una crecida porque, como ya había dicho Ulzurrun, el río Arga, sigue ofreciendo episodios buenos y otros que no lo son tanto.
A la espera de un muro perimetral que proteja el casco urbano del agua
En diciembre de 2021, una riada histórica inundó por completo la parte nueva de Funes. Desde que se tienen registros, no figura ninguna de las dimensiones como la sufrida entonces. Aunque la inundación se produjo por la rotura de una mota en Falces, en Funes se apresuraron a solicitar los permisos para limpiar el cauce del río a la altura del puente. La maleza en esta zona era tal que se limpio para liberar la cantidad de maleza que llegaba a tapar casi en su totalidad uno de los ojos del puente.
Cuando el Arga viene muy crecido es por el puente por una de las zonas por las que empieza a salir el agua. No la única pero sí de las más céntricas. Es por es que en 2017 comenzó a ejecutarse un proyecto de restauración fluvial, promovido por el Ministerio de Transición Ecológica a través de la CHE, que ya ha completado cuatro fases con el objetivo de intentar prevenir las inundaciones o, si se producen, minimizar sus consecuencias, entre otras cosas, recuperando la llanura de inundación en la confluencia del Arga y Aragón.
“Ahora estamos a la espera de ver si finalmente se levanta un muro perimetral para proteger todo el casco urbano. Desde detrás de las piscinas recogería todo el pueblo y lo protegería hasta Sardilla. Es una actuación que depende de fondos europeos pero esperamos que se puede ejecutar”, concluyó Celorrio.
1.800 vehículos circulan al día por el puente que no admite tráfico pesado
Por el puente de Funes sobre el río Arga circulan al día unos 1.800 vehículos de media que alcanzan los 56.000 al mes aproximadamente, tal y como indican desde el ayuntamiento. El tránsito de vehículos pesados por esta infraestructura está prohibido y los de gran tonelaje que necesiten acceder de una parte a la otra del municipio deben hacerlo desviándose siempre por la avenida de Peralta. El alcalde de Funes, Ignacio Domínguez, explica que hace ya un tiempo se instalaron varias cámaras de vídeo vigilancia en el puente para controlar que la restricción a los vehículos pesados se cumpla. “Aunque estaba señalizado, siempre había algún conductor que se saltaba la prohibición”, lamenta. Ahora mismo y aunque con las crecidas del río todos los ojos miran hacia el puente desde la localidad transmiten su tranquilidad.