Verano en mi pueblo

La sencillez de Artajona, su encanto de verano

'Diario de Navarra' recorre la geografía foral para hablar con los vecinos y visitantes, y mostrar cada sábado por qué el verano es tan espacial en los pueblos navarros, que se llenan de vida

Fotos del verano en Artajona.
Fotos del verano en Artajona.Jesús Garzaron

Fátima Villalobos Quelopana

Publicado el 10/08/2024 a las 05:00

A Leonar, la vecina más longeva de la calle Mayor de Artajona le cuesta definir qué es lo que más le gusta de su localidad. “Es que mira el cerco, la torre que tiene la parroquia, y la gente, que es y siempre ha sido estupenda. Yo qué te voy a decir, soy una amante de mi pueblo”, confiesa, entre risas. Nació en Artajona hace 85 años y, aunque reside en Pamplona, no ha faltado a ningún verano en su pueblo. Hoy Leonar, cuando el tiempo le juega a favor, pasa las tardes con sus vecinos de toda la vida dando tertulia en la esquina de su calle y no se complica para sus planes de verano: “Tenemos conversación, nos llevamos muy bien y estamos aquí muy a gusto”.

Y aunque ella parece no ser consciente de su papel en la cuadrilla de vecinos, uno de ellos, Emilio Resu, le confiesa: “Si no llegas a estar tú no sabríamos qué hacer”.

La calle en la que residen Leonar y compañía atraviesa todo el pueblo. “Artajona tiene unas calles largas y bonitas, merece la pena dar una vuelta por ellas y comprobarlo tú mismo”. Y es que la estética del cerco artajonés, el fuerte popular medieval más turístico de la Zona Media de Navarra, no se pierde en las casas del pueblo, lo que provoca que se respire un aire distinto en sus calles.

Sin embargo, los tertulianos no son los únicos que salen a “tomar la fresca” en las tardes de verano. Los Jimeno-Echeverría deciden hacerlo desde la tranquilidad de su hogar. El movimiento del cierzo es una señal para que la familia coloque una mesa con recipientes de cebolletas y frutos secos para picar, y para sentarse frente a su puerta a charlar a la vez que beben cervezas para combatir el calor. “En vez de ir al bar, nos sentamos fuera de casa y estamos a gusto”, comenta Aveli Jimeno. “No hay mucha más historia en los pueblos”, apunta Miguel Echeverría, su esposo. Sin embargo, es en la sencillez de los planes donde encuentran refugio los que vienen de fuera a veranear. Ellos son quienes, en palabras de Aveli, reavivan las calles artajonesas que en invierno parecen quedar vacías.

Miguel, que tiene una tienda de papelería en el pueblo, estima que en verano la población de Artajona se eleva hasta llegar a los 2.000 habitantes, cuando el resto del año contabilizan 1.800. Según su diagnóstico, que proviene de la vigilancia anual desde su negocio, “la gran mayoría es gente que vive fuera, en Guipúzcoa, por ejemplo, pero que es de aquí y por eso vuelve en verano”.

UNA SOBREMESA DE ENCUENTROS

Pese a que, según las observaciones de Leonar, para los planes bajo el sol, “cada uno tiene una costumbre diferente con sus amigos”, como ir al bar de jubilados o estar de tertulia por la calle, el bar de la piscina es el punto en el que personas de todas las edades y provenientes de todos los sitios se reúnen cuando el sol deja de picar tanto y las piscinas empiezan a despejarse.

Al chapuzón que une a familias y cuadrillas veraneantes le sigue la comida de siempre, que consiste en un picoteo de tortilla de patata, chorizo y salsa de tomate. Una de las que más frecuenta el bar de la piscina es la de Arantxa Uriona, de 45 años y natural de Valencia, que veranea todos los años en Artajona, de donde proviene su familia. A su lado, Maider Urtasun, también de 45 años pero nacida en Artajona, admite que, pese a residir en Pamplona durante el invierno, “es como si viviera aquí todo el año”.

Pero, tal y como contaba Miguel Echeverría, gran parte de la población estacional de la localidad es guipuzcoana. Marijose Sanchez, de 45 años, por ejemplo, hace el viaje familiar todos los veranos desde Rentería. “A los que venimos del norte nos gusta mucho la tranquilidad, el ambiente y la desconexión”, cuenta. Uxue García, de 14 años, coincide con su madre: “Hace mucho calor, se está muy a gusto, y como tenemos amigos aquí nos lo pasamos muy bien”.

La sobremesa de esta cuadrilla conformada por tres familias distintas se alarga, sin que ellos se inmuten, hasta que la luz del cielo artajonés empieza a apagarse.

El encanto de Artajona en verano queda en manos de quien lo visite. Su atractivo radica en su cerco, la estética de sus calles y el cierzo que aligera sus tardes. Sin embargo, Leonar tiene clara la razón por la que tantos acuden a su pueblo para veranear: “Es que los de Artajona acogemos muy bien”.

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