Verano en mi pueblo
"No sé qué haremos el día que nos falte el bar de Beire"
'Diario de Navarra' recorre la geografía foral para hablar con los vecinos y visitantes, y mostrar cada sábado por qué el verano es tan espacial en los pueblos navarros, que se llenan de vida


Publicado el 10/08/2024 a las 05:00
Vivir en un pueblo tiene una peculiaridad que los que residen en ciudades más grandes pueden echar de menos, que es que todos se conocen y saben de la vida de todos. En Beire viven poco más de 300 personas y el ‘blablablá’ de sus habitantes en la terraza del bar Bariain, el ‘de toda la vida’ del pueblo, le ha conseguido varios trabajos a Antxon Rodríguez y hace poco una cocina a Íñigo García. Las circunstancias de los encuentros entre la pareja de amigos y José Antonio Bravo varían, pero juntarse en el bar de Mari Bariain, abierto hace más de 70 años, ya se les ha hecho costumbre en días de verano.
Aunque los tres provienen de lugares distintos, Antxon de Pueyo, José Antonio de Olite, e Iñigo del mismo Beire, las relaciones dispares de gente de todas las edades y de todos los sitios caracterizan al pueblo. Tanto así, que la rutina de muchos en verano consiste en bajar al bar y hablar con quien se encuentre. “En Pamplona no sabes de la vida de nadie. Aquí te juntas con todo el mundo”, cuenta José Antonio, que se mudó a Beire hace menos de un año.
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Pero este trío no es el único que anima las calles de Beire. Un quinteto de amigas que se traslada todos los días hasta la piscina de Pitillas para practicar natación por la tarde culmina el día haciendo lo que ellas llaman “relaciones públicas” donde Mari Bariain. “No sé qué haremos el día que nos falte el bar de Beire”, confiesa Consuelo Díez, de 70 años, entre risas. Pero eso sí, el rato de sol y café después de la piscina no se los quita nadie. Las cinco nadadoras dan un paseo por el pueblo todos los días después de comer y luego se juntan para jugar a las cartas. Se trata de una rutina que, aunque no lo intenten, da vida a las calles de este pueblo de la Zona Media de Navarra, en donde, aunque el sol no tiene piedad en agosto, nadie pasa calor en soledad. Sus residentes aseguran que pese a que la población de Pitillas, que está al lado, los supera, con 530 habitantes, hay más vida en Beire.
Lo cierto es que la armonía sobra entre la gente del pueblo, pero quien presta el lugar y la atención para hacer esto posible es Mari, a quien José Antonio describe como una “grandísima persona”. Una descripción que Antxon, que lleva en Beire solo dos semanas, respalda con una experiencia. “Una vez llegué a las 11.30h de la noche de trabajar y ya había cerrado cocina, pero me hizo un bocadillo”.
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La hospitalidad con la que Beire acoge a sus visitantes hace que comiencen a mirar para comprar casas allí. Al menos, eso sugiere Yolanda Valencia, una de las nadadoras de Beire nacida en Murillo el Fruto. Aunque lo afirma sin dar más explicaciones, José Antonio es prueba viva de ello. Pese a que solo ha pasado un año desde que compró su inmueble, admite que ya se siente como en casa. Tal vez sea por esa inexplicable sensación de comodidad que le suscita Beire que le regaló una cocina que ya no usaba a Íñigo.
Sin embargo, cada año se reduce el movimiento en las calles de Beire. Al menos ese es el diagnóstico que hace Íñigo, que pasó gran parte de su infancia en el pueblo y se mudó allí hace 15 años. Los clientes más fieles del bar echan en falta la juventud en el pueblo y reconocen que antes los visitaban más y “había más vida”.