Verano en mi pueblo

Larraga, el lugar al que todos vuelven

'Diario de Navarra' recorre la geografía foral para hablar con los vecinos y visitantes, y mostrar cada sábado por qué el verano es tan especial en los pueblos navarros, que se llenan de vida

Fotos del verano en Larraga.
Fotos del verano en Larraga.Jesús Garzaron

Fátima Villalobos Quelopana

Publicado el 10/08/2024 a las 05:00

No hay nada como volver a casa, y eso Maider Vidarte, de 19 años, lo sabe muy bien, por eso siempre regresa al pueblo en donde pasó toda su infancia. Lo hace en verano, sobre todo, pero también se escapa de Pamplona, en donde reside el resto del año, algún fin de semana de invierno. “Como he estado en Larraga toda mi vida siento que vuelvo a casa”, cuenta. Esta sensación de hogar que le regala esta localidad de la Ribera Alta se la debe en gran parte a sus amigas del pueblo, Iosune Redín e Iranzu Martínez, también raguesas de nacimiento. Un trío que perfectamente sería la imagen de la juventud que revitaliza las calles de Larraga en verano.

Aunque sus planes varían, no hay discusión sobre el punto de reunión de todas las tardes: la piscina, en donde, según indica Iosune, siempre encuentran “mucha gente para socializar”. Y es que nadie es un desconocido en Larraga y ese es uno de los atractivos de la localidad de 2.000 habitantes . “Nos llevamos entre todas las cuadrillas y el ambiente está muy guay”, comenta Iranzu.

Aunque el punto de encuentro por excelencia en verano es la piscina, en Larraga el ‘garito’ domina las noches de los más jóvenes. La bajera en la que se juntan todas las cuadrillas del pueblo y en donde la diferencia de edad pasa a un segundo plano es un local que solo le pertenece a la juventud raguesa y en la que se juntan para jugar a las cartas y hablar. La rutina de los más jóvenes en Larraga devuelve en el tiempo a quienes llevan toda la vida acudiendo al pueblo en verano. “Es como volver a tu infancia, porque pasas el día con los amigos de siempre”, explica Maider.

La representación de la infancia raguesa, sin embargo, actualmente corre en las venas de la cuadrilla de Joel Mosquera. El verano de los ragueses de entre 13 y 14 años, ya al borde de pasar a su siguiente etapa vital, consiste en echar ‘pachangas’, jugar a polis y cacos e ir a la piscina. No necesitan mucho más. En las últimas semanas, a sus actividades preferidas se sumaron los encierros previos a las fiestas de San Miguel, en la que ellos ya entran en la categoría de mayores.

Pero incluso hasta los más pequeños del pueblo, que disfrutan del movimiento constante, admiten que les agrada la tranquilidad de las calles de Larraga en verano. Yon Rodriguez, de 13 años y amigo de Joel, describe a su pueblo como un lugar “no muy alborotado, porque no hay ni mucha ni poca gente”.

La calma que le brinda Larraga a Raquel Vidarte la obliga a volver todos los veranos, pese a que lleva 30 años viviendo en Pamplona, a donde se mudó para estudiar y luego trabajar. Y es que en el pueblo aún reside toda su familia y sus amistades más cercanas. “Los que somos de aquí pero vivimos fuera venimos en cuanto surge la oportunidad”, cuenta.

Quizás lo que sugiere Raquel sea la razón principal por la que los ragueses siempre vuelven a casa. Pero también puede entrar en la hipótesis la seguridad que suscita el pueblo. Las calles del pueblo dejan libre de toda angustia a los padres cuando los hijos les piden permiso para “salir a la fresca por la noche”. Que la hija de 12 años de Raquel deambule por las calles de Pamplona hasta las 12 de la noche resulta impensable para ella, pero, explica: “En Larraga sabemos de dónde son todos y a mi hija la conoce todo el mundo”. Y así como ella, muchos. La confianza y seguridad que brinda el lugar al que todos vuelven anima a los más pequeños a hacer vida al aire libre.

MÁS ALLÁ DE LAS PISCINAS

Resulta difícil pensar en otro sitio más representativo del verano en los pueblos que las piscinas, pero en Larraga hay un grupo que, al acercarse las fiestas, se reúne en una calle alejada del chapuzón a escondidas del resto.

Sucede que, en la semana previa al San Miguel, Uxue Ibañez, natural de Larraga, imparte un cursillo del Baile de la Era, un acto tradicional reservado para el día del cohete de fiestas.

Pese a ser su primer año dándolo, Uxue ha conseguido reunir 15 dantzaris, de entre 11 y 45 años, provenientes de Miranda de Arga, Tafalla y del mismo Larraga. La iniciativa se reduce a una razón tanto lógica como solidaria: “Para que la gente que se anima a bailar no parta de cero”.

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