Verano en mi pueblo
“Que mi hija sienta la libertad de pasar el verano en Obanos”
'Diario de Navarra' recorre la geografía foral para hablar con los vecinos y visitantes, y mostrar cada sábado por qué el verano es tan espacial en los pueblos navarros, que se llenan de vida
Publicado el 27/07/2024 a las 05:00
Ubicado en el corazón de Navarra, Obanos se transforma todos los veranos en un centro de reunión tranquilo y acogedor. La llegada de veraneantes, principalmente procedentes de Guipúzcoa, ha transformado la localidad en un lugar de segundas residencias y vacaciones familiares.
En sus calles se escucha que es uno de los pueblos con más piscinas por habitante en todo Europa. A esto contribuyen urbanizaciones como La Colmena. Conchi Ganuza y Rafa Centeno, un matrimonio con residencia en Rentería, fueron unos de los primeros en adquirir una vivienda en este lugar hace casi medio siglo. “Nosotros vinimos aquí por casualidad,“ cuenta Conchi. “Unos amigos nos avisaron sobre una urbanización que estaban construyendo en Obanos. Nosotros no sabíamos ni dónde estaba, no lo habíamos escuchado nunca”, recuerda entre risas. Vinieron por primera vez cuando todavía estaba en obras y se decidieron a dar el paso. Ahora, además de en verano, aprovechan cualquier época del año para disfrutar de un agradable fin de semana en la casa del pueblo.
Con un zurito guipuzcoano encima de la mesa les acompañaban su amiga Pilar Sánchez e Iván Lustres. Los recuerdos de la infancia de Iván, hijo de Pilar, están íntimamente ligados a la localidad de Obanos. “Pasaba aquí los tres meses de verano, intentando alargarlo al máximo”, comenta. Las tardes merendando con la cuadrilla y las noches de verbena en pueblos cercanos son sus mejores recuerdos. Ahora, Iván busca transmitir esta tradición a su hija de cinco años, con la ilusión de que la casa familiar perdure en el tiempo. “Quiero que mi hija sienta lo mismo que yo sentía de niño, esa libertad y alegría de pasar los veranos en Obanos”, explica con nostalgia.
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La misma nostalgia que tiene Eusebio Paniagua, un vecino de Pamplona con apartamento en Obanos desde 1978. “Siempre les decía a los de Guipúzcoa que estar aquí era mejor que estar en la playa. Nosotros poníamos las costillas y ellos traían sardinas y angulas”, recuerda, no sin antes exclamar que “comíamos hasta hartarnos”. Con la tranquilidad que le dan los años ya prefiere llevar una vida más relajada alejado de los viajes al extranjero que realizaba hace tiempo y ahora deja para sus hijos.
BAR Y PISCINA, LA EXCUSA PERFECTA
La piscina y los bares son la excusa para que jóvenes y mayores se reúnan a diario. “Por las mañanas salimos a andar, sobre todo si hace fresco, y por las tardes a la piscina”, comenta Inma Izco, vecina del pueblo. Sus tardes de café, conversación y sol junto a amigas son innegociables. Al igual que para Asier Gámez, un joven de 17 años que junto al resto de su cuadrilla hace de la piscina el epicentro de la vida social durante el verano.
El bar Gazólaz, dirigido por Catalina Nechita desde 2015, es otro punto de reunión vital en Obanos. Cata, como se le conoce en el pueblo, llegó a Obanos siguiendo a su por aquel entonces novio, y actual marido, en el año 2000. Juntos han criado una familia y ahora son ella y su hija quienes se encargan del bar durante el verano. Desde finales de julio hasta principios de septiembre, el bar se llena de caras nuevas. De los 900 habitantes que hay en Obanos durante el invierno la cifra prácticamente se duplica en temporada estival. “Se nota mucho la llegada de la gente de Guipúzcoa, en la urbanización hay 60 viviendas, pero durante todo el año solo dos o tres están ocupadas”, señala. Romper con la monotonía es lo que más agradece. A eso ayuda, y mucho, el campamento organizado por el C.D. Infanzones, equipo de fútbol de la localidad, junto a la Fundación Osasuna. “Se apunta gente de Obanos y de las zonas de alrededor, se ven muchos padres que vienen con hijos y se crea buen ambiente”, cuenta Cata.
A pesar de que en la actualidad el pueblo de Obanos goza de una gran salud, este auge viene de lejos. Ya en la década de los 60 la localidad comenzó a revitalizarse gracias al ‘Misterio de Obanos’. “La primera representación fue en 1965 y a raíz de eso empezó a venir gente de segunda vivienda”, cuenta Maite, vecina del pueblo. Este espectáculo teatral, que recrea la leyenda de Santa Felicia y San Guillén, se celebra en la actualidad cada dos años, los pares, y es representado por entre 300 y 400 figurantes, la mayoría vecinos de Obanos.
