Rusia invade Ucrania

Un matrimonio ucraniano con 7 hijos llega a San Martín de Unx tras 18 días escapando de la guerra

“Huimos porque nuestros hijos son sagrados”, aseguran Olena y Vitaliy tras llegar a Navarra

El matrimonio de Olena y Vitaliy, ayer junto a sus siete hijos en San Martín de Unx. De izda. a dcha.: Sasha, de 12 años, Yaroslava (10), Daniel (7), Ania (3), Elisey (7), Kolia (17) e Iliya (11)
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El matrimonio de Olena y Vitaliy, este domingo junto a sus siete hijos en San Martín de Unx. De izda. a dcha.: Sasha, de 12 años, Yaroslava (10), Daniel (7), Ania (3), Elisey (7), Kolia (17) e Iliya (11)
El matrimonio de Olena y Vitaliy, ayer junto a sus siete hijos en San Martín de Unx. De izda. a dcha.: Sasha, de 12 años, Yaroslava (10), Daniel (7), Ania (3), Elisey (7), Kolia (17) e Iliya (11)

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Bosco Hernández

Actualizado el 11/04/2022 a las 07:51

Kolia, Sasha, Iliya, Yaroslava, Daniel, Elisey y Ania atravesaron Europa de punta a punta huyendo de la guerra. Vieron los tanques pasar a diez metro de su casa y huyeron al enterarse de las masacres que se estaban llevando a cabo por las tropas rusas en Bucha y muchos otros sitios. Este domingo en San Martín de Unx jugaron en un parque por primera vez después de meses de invasión y de semanas de viaje en coche.

Los pequeños tienen entre 3 y 17 años y lo son todo para sus padres, Olena y Vitaliy. Ella era ama de casa y él, trabajador en la construcción. Hasta el 23 de marzo vivían en Chornotychi, un pueblo muy pequeño, de unos 600 habitantes. Se localiza al norte de Ucrania, a poco más de 60 kilómetros de la frontera con Rusia.

ZONA DE PASO Y DE GUERRA

Debido a la prisa de los rusos por controlar las principales ciudades ucranianas al principio de la invasión, los pueblos pequeños como el de Olena y Vitaliy no suponían un interés estratégico. En cambio, si escuchan el nombre de Chernígov seguro que les suena más. Es la capital de la provincia y una de las ciudades más importantes del norte de Ucrania. Aún así, las tropas rusas mandaron un mensaje clave que vio todo el pueblo: agujerearon a tiros la bandera ucraniana que presidía un pequeño estadio de fútbol.

No obstante, a medida que la resistencia ucraniana aguantaba los ataques rusos, la desesperación de los soldados se volcaba sobre los civiles. En cuanto Olena y Vitaliy se enteraron de las matanzas y ejecuciones, no lo dudaron. Se pusieron en contacto con un amigo de Vitaliy. Él conocía a un grupo de soldados que ayudaba a los vecinos a salir de esa zona de guerra en la que todo el mundo corre un peligro inminente.

Lourdes Auzmendi, colaboradora del grupo, con Yaroslava, Ania, Elisey y Daniel
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Lourdes Auzmendi, colaboradora del grupo, con Yaroslava, Ania, Elisey y Daniel alberto Galdona
Lourdes Auzmendi, colaboradora del grupo, con Yaroslava, Ania, Elisey y Daniel

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LA RELIGIÓN, FUNDAMENTAL

El grupo de soldados ucranianos diseña rutas por carreteras rurales que los rusos no vigilan. Cuatro de los niños montaron en un todoterreno y el resto en un segundo vehículo. Viajaban con el miedo de que en cualquier momento les podía sorprender una patrulla. Gracias a Dios no pasó.

El factor religioso juega un papel fundamental en la historia de esta familia. A la pregunta de si creen que Dios les ayudó en su viaje, Vitaliy responde, con lágrimas en los ojos, que sin duda. La huida de Ucrania fue posible gracias a los soldados ucranianos y a un grupo de cristianos evangélicos que les acompañaron y les dieron comida y consejo sobre las carreteras que tomar. Dejaron Chornotychi y llegaron hasta Jmelnitsky, al oeste de Kiev, donde durmieron en una iglesia. Al día siguiente viajaron hasta Nihyn, donde se unieron a otros grupos. En Leópolis pudieron descansar un par de días y abandonaron su país en autobús hacia Polonia. Pasaron por Cracovia y Varsovia, donde un grupo de voluntarios cristianos chinos les regalaron unas palas de ping pong para que los pequeños jugaran y volvieran a ser niños otra vez. Fue entonces cuando la asociación Segunda Familia se hizo cargo del grupo.

Desde Polonia viajaron durante dos días seguidos sin apenas parar hasta llegar a San Martín de Unx, su nueva casa. Los niños se marearon varias veces porque casi no podían salir a jugar. Pero eso siempre será mejor que imaginarse los rumores de las deportaciones de niños ucranianos a Rusia.

LA VIDA EN NAVARRA

“Nuestros hijos son sagrados”, repite Vitaliy. Tanto que, huyendo de la masacre que han vivido sus compatriotas de Bucha y de otras ciudades, él y Olena han dejado a familiares y amigos allí. El padre de Vitaliy se encuentra en estado vegetativo, incapaz de afrontar el viaje. La madre de Olena se quedó cuidando de él. Mantienen contacto con ellos y están a salvo.

La familia está traumatizada pero saben que ahora es momento para la calma. Llegaron a San Martín de Unx el sábado por la noche y al día siguiente los niños pudieron bajar al parque a jugar un rato. Pronto serán escolarizados, aprenderán el idioma y Vitaliy empezará a trabajar. Olena sí quiere regresar a su país, pero es consciente de que ahora es imposible. Están ansiosos por empezar una nueva vida en un entorno desconocido pero amable. “Agradecemos de todo corazón al pueblo todo lo que están haciendo por nosotros”, expresó Vitaliy.

De todos modos no olvidan ni perdonan lo que está pasando en su país. Han visto la muerte muy de cerca y han dejado muchos amigos detrás, luchando contra los invasores. Recuerdan a su presidente, Volodímir Zelenski. “Es verdad que antes de la guerra no lo veíamos con muy buenos ojos, pero ha demostrado ser un gran líder y una persona con un gran corazón”, confiesa Vitaliy. “Hay que tener un par de narices para afrontar esta situación como lo ha hecho él”, añade Ory, la traductora. Ahora les toca descansar y comenzar los cimientos de una nueva vida sin olvidar a quienes no han tenido su misma suerte.

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