Voluntariado urbano
Jubilados y voluntarios
El trabajo de las manos voluntarias de 19 jubilados embellece rincones de Tafalla. Una labor que en las últimas semanas se orienta también a la recuperación de un patrimonio natural que se sume a la oferta turística


Actualizado el 27/02/2022 a las 21:42
Cuenta Miguel Valencia, presidente de la Asociación de Jubilados San Sebastián de Tafalla, que la palabra voluntariado le comenzó a rondar en la cabeza tras escucharla en una de las reuniones del Consejo de Mayores de Navarra a las que acudía en representación del colectivo tafallés. “Se hablaba mucho del voluntariado, de la labor de los voluntarios, pero en aquellas charlas se hacía referencia a una labor más social. Me quedé con la idea en la cabeza dándole vueltas un tiempo”, recuerda. Coincidiendo más o menos en el tiempo, desde la asociación se participó en una plantación de árboles encima del Ferial, invitados por el colectivo Berdesia. Entre unas cuarenta personas jubiladas, rememora, se llegaron a plantar unos 1.500 ejemplares de encinos y robles.
A raíz de esa plantación, tres jubilados pusieron sobre la mesa la posibilidad de seguir colaborando en el embellecimiento de la ciudad del Cidacos. La propuesta fue bien recibida y poco a poco fue tomando forma el ya constituido como grupo de voluntariado urbano de la Asociación de Jubilados San Sebastián. A día de hoy está integrado por diecinueve personas, dieciocho hombres y una mujer, jubilados y miembros de la asociación, que se dedican a embellecer rincones de la ciudad del Cidacos. Sus tareas son varias, explican, y van desde el desbroce de maleza acumulada, el embellecimiento de zonas que se encontraban algo dejadas o la recuperación de patrimonio natural. Pero también abordan otras cuestiones como la concienciación ciudadana en la importancia de mantener una Tafalla limpia, bonita y cuidada.


“Ideas tenemos muchas, la verdad es que somos muy culos inquietos y lo cierto es que trabajo también hay bastante para poder ponernos manos a la obra”, constataba Valencia. Los primeros trabajos en la localidad por parte de este grupo de jubilados se remontan a hace casi tres años aunque fue entre 2020 y 2021 cuando ya el grupo se constituyó de forma más oficial y se acometieron el grueso de trabajos pese a las lógicas limitaciones que se han producido debido a la pandemia sanitaria provocada por el coronavirus. Ya en la jubilación, los integrantes del grupo retoman en muchos casos labores que desempeñaban cuando aún estaban en el mercado laboral. “Entre las personas voluntarias las hay que fueron albañiles, bastantes trabajadores de Luzuriaga e incluso algún chatarrero. Quien más o quien menos tiene un oficio y si no ganas de ayudar, que es lo importante. Aquí no se piden requisitos ni experiencia, lo que cuenta son las ganas de trabajar y mejorar el pueblo”, afirmaba Valencia.
Y es que el embellecimiento de la ciudad del Cidacos es el principal objetivo que empuja la actividad de las manos voluntarias de los jubilados. Y dentro de la búsqueda de ese embellecimiento general, ahora han dado un paso más y apuestan por la recuperación del patrimonio natural. Un elemento de gran valor para el municipio pero también, constatan, muchas veces desconocido para la ciudadanía en parte, añaden, por el estado de deterioro o abandono que en muchos casos se encuentra. Ejemplo de ello es la abajera ubicada en el término de Falconeras, junto en la muga con San Martín de Unx y a unos cinco kilómetros del casco urbano de Tafalla. “Cuando nos comentaron de la existencia de esta abejera y la posibilidad de que el grupo de voluntariado urbano la adecentase, la práctica totalidad de nosotros desconocíamos su existencia”, reconocieron los jubilados. Sin embargo, ello no impidió que la incluyeran en su lista de tareas y se pusieran manos a la obra. Una tarea que ha requerido de gran dedicación para quitar, en primer lugar, toda la maleza y tierra que cubría la puerta de entrada a la abejera, a la cual era imposible acceder.
Una vez hecha esta primera tarea, las labores prosiguieron con la limpieza tanto interior como exterior de la misma y la recolocación de una hilera de piedras a modo de pequeña muralla exterior. La de Falconeras será una de las cuatro abejeras que el grupo de voluntarios se ha propuesto embellecer, pero no son las únicas que hay por la zona. “Solamente en término de Tafalla nos han contado que puede haber en torno a 26. Parece increíble que haya tantas y que la gran mayoría de gente desconozcamos su existencia. Por eso creemos que es importante embellecerlas y que después este trabajo pueda servir para que se pongan en valor, que la gente las conozca, que se difunda su existencia y su historia que, indudablemente, va unida a la de Tafalla porque es patrimonio rural, patrimonio natural”, remarcó Valencia.


El trabajo en la abejera se prolongó, dada su envergadura, durante toda la mañana. Precisamente por la magnitud de las labores que precisa, el grupo de voluntarios deberá volver más días para terminar de rematar las labores. Sin embargo, no es ésta la única tarea anotada en su lista para las próximas semanas. Un día después del trabajo en Falconeras, el grupo se dividió para trabajar en el entorno de la estación de tren de Tafalla, el antiguo convento de Recoletas y el patio de la biblioteca municipal de la ciudad del Cidacos. De los diecinueve voluntarios que conforman el grupo, expusieron, no todos acuden todos los días que se organiza salida. “Somos jubilados pero también tenemos nuestras actividades y lo que teníamos claro desde un principio es que el grupo de voluntariado no debía ser una obligación para nadie. Por eso mismo es voluntariado. Así que si una semana se organiza un trabajo pero, por ejemplo, determinados integrantes tienen un curso, que cuidar a los nietos o que hacer gestiones, no pasa nada, no van ese día”, explican.
Precisamente con el objetivo de favorecer la asistencia del mayor número de voluntarios, las salidas no se planifican los mismos días. Así se evitan coincidencias con cursos y otras actividades programadas semanalmente. De los diecinueve que conforman el grupo, a las salidas de trabajo suele acudir una media de trece, lo que permite el desarrollo de los trabajos e incluso, cuando se torna necesario, la división en dos o tres sub grupos para llegar a más sitios.
Otro de los objetivos que persigue este grupo de voluntariado urbano es el de involucrar a los vecinos y vecinas de aquellos lugares en los que trabajan para que, una vez concluida su labor, sean ellos los encargados de hacer un seguimiento y mantenimiento del trabajo hecho por los jubilados. “La verdad es que se implican, nos apoyan en lo que hacemos y luego, cuando nosotros ya hemos terminado, se ocupan del mantenimiento para que lo arreglado perdure en el tiempo. Da gusto porque así se crea un sentimiento de comunidad”, coinciden los jubilados.


IMPLICACIÓN VECINAL
Pese a su labor embelleciendo diferentes rincones de Tafalla, Miguel Valencia sí que quiso dejar claro que, en ningún momento, se busca competir con el ayuntamiento ni quitar trabajo a la brigada municipal. Así, con el objetivo de evitar posibles malos entendidos, desde el colectivo se han mantenido diferentes reuniones con el ayuntamiento, a cuyos representantes municipales se explicó su iniciativa y su objetivo y a quienes también se les pidió colaboración. “Les hemos pedido un local para poder guardar el material y nos van a ceder uno aunque todavía falta que sea oficial. También nos cubre gastos de gasolina o algunos materiales cuando es necesario. Nosotros abonamos todo y después pasamos la factura. La verdad es que hasta ahora no hemos tenido ningún problema y la relación es buena. Les pedimos que considerasen incluirnos en los presupuestos”, remarcó Miguel Valencia.
Otro de los voluntarios, Agustín Guillén, explicó que tienen establecida una lista de trabajos previstos que se le hace llegar al ayuntamiento para que sepa con antelación dónde tienen previsto actuar. Una lista engrosada por casi una veintena de actuaciones entre los años 2020 y 2021 repartidas entre la residencia del Santo Hospital (que incluyeron varios trabajos en el centro antiguo para evitar su deterioro exterior), diferentes zonas de jardines de la localidad, el barrio de la Panueva o el de San Pedro. El calendario previsto para este recién estrenado año prevé las actuaciones en las abejeras, la ubicada en término de Falconeras y las de término de Valdiferrer; acciones en conjunto con la Asociación Berdesia y Mancomunidad de Mairaga; y la limpieza en varias fachadas del barrio de la Peña, de las cuales han estado eliminando grafitis.
De todos los proyectos ya finalizados y acometidos hasta la fecha reconocen que no es fácil quedarse con uno. Apuntan que el trabajo en el puente de la Panueva resultó arduo, ya que estaba prácticamente cubierto por la maleza. Sin embargo, la constancia en el trabajo permite hoy a esta infraestructura lucir su mejor cara y recuperar el esplendor que, en sus tiempos, tuvo para la ciudad del Cidacos. Mucha tarea de limpieza y desbroce está teniendo también el trabajo en la abejera de Falconeras. El esfuerzo esperan que pueda verse materializado con alguna actuación de promoción y difusión de la zona desde el ayuntamiento para darlo a conocer entre los vecinos y vecinas, pero también entre los visitantes como un nuevo recurso turístico de patrimonio natural de la localidad.


BUEN AMBIENTE EN EL GRUPO
Pero no todo es trabajar, tal y como confiesa este grupo de jubilados. “Hay mucha labor sí, pero cada jornada de trabajo va acompañada de su correspondiente almuerzo”, reconocen entre risas. Y es que los bocadillos de mortadela y chorizo son ya parte insustituible en la rutina de estos jubilados el día que toca tarea. Es el propio Valencia el que se encarga de encargarlos y, posteriormente, repartirlos en el momento del descanso, cuando también todos juntos comparten un café. Un momento éste que les permite charlar y conocerse más entre ellos y que evidencia el “buen ambiente” que se respira entre estos afanados jubilados. “Nos lo pasamos genial y la verdad sea dicha es que nos llevamos todos muy bien. Se hacen muchas bromas y hay muchas risas que al final de todo es lo más importante porque esto lo hacemos porque queremos, no porque sea una obligación”, coincidían.
Y todos estos momentos, los del trabajo en los distintos proyectos pero también los del almuerzo, van quedando documentados en los diferentes vídeos y fotografías que va tomando Isabel Lizarbe para guardarlas como recuerdo y, cuando es necesario, difundir los trabajos realizados en redes sociales o en los diferentes soportes, ya que el grupo considera interesante informar de las labores realizadas. Es la única mujer del grupo de voluntarios y confiesa que la tratan “fenomenal” y que se siente una más dentro del conjunto del grupo. “Sí que me encargo de hacer fotografías para dejar todo bien documentado, pero igual que cojo la cámara o el móvil me pongo a desbrozar o a llevar la carretilla, no tengo reparos a la hora de enfrentarme a cualquier tarea que se me encomiende”, contaba entre risas. “Doy fe de eso, tiene energía para rato. Es una todo terreno y no se arruga ante nada”, añadía su marido, Agustín Guillén. Ambos, contaba, se afanan en dejar preparada la comida el día anterior para poder acudir a las jornadas de trabajo. Un ejemplo de conciliación en todas las etapas de la vida para seguir contribuyendo a mejorar los rincones de Tafalla.


Una asociación con muchas inquietudes
Algo más de dos décadas de actividad tiene la Asociación de Jubilados San Sebastián de Tafalla. En ella se aglutinaron en junio de 1999 cuatro de las cinco asociaciones de jubilados y pensionistas que hasta entonces funcionaban en la ciudad del Cidacos. A día de hoy, el colectivo se encuentra entre los más numerosos de la Comunidad foral ya que los socios contabilizados se elevan hasta los 1.670 aproximadamente. Una cifra muy amplia, tal y como reconoce su presidente, Miguel Valencia, que propicia también que el perfil de los jubilados y jubiladas que integran el colectivo sea también muy amplio. “Siempre digo que no hay que asociar el término jubilado con una persona de edad muy avanzada. A día de hoy, hay personas que recién alcanzados los sesenta se jubilan. Estamos hablando de personas muy jóvenes que aún pueden hacer muchas cosas”, incide. Es por eso que desde el colectivo que preside abogan por proponer una oferta de actividades pensada para el disfrute de todos los socios y socias, independientemente de su edad, y que pueda atraer a nuevos asociados. “Precisamente por, como he comentado, el hecho de asociar jubilado a persona de edad avanzada provoca que a veces haya a quien le eche para atrás asociarse. Queremos remarcar que no es así. Aquí cabemos todos, desde los que tengan sesenta hasta los que sumen noventa o más”, dijo.
Con nombre propio
Protagonistas. Los integrantes del grupo de voluntariado urbano de la Asociación de Jubilados San Sebastián son Miguel Arbeloa Arboniés, Agustín Guillén, Isabel Lizarbe, Jesús Loitegui, José Blanco, José Luis Gutiérrez, Pedro Leralta, José Ignacio Inchaurrondo, Herminio Recalde, Ángel Galar, José Arizmendi, Julen Plaza, José Luis Berango, Santiago Fidel Zabalza, Iñaki Arregui, Pedro Arregui, Joaquín Lizarraga, Auddé Olhats y Jesús Fernando García.
Trabajos acometidos. El grupo ha limpiado el puente viejo de la Panueva, acondicionado varias zonas de la residencia Santo Hospital, incluyendo los exteriores del antiguo edificio; ha creado un mural de cerámica y limpiado la zona del jardín del alto de la muralla, ha limpiado la fuente Recarte y recolocado la mesa que movió la riada y está trabajando en la limpieza de varias bejeras para recuperarlas como patrimonio natural, entre otras muchas actuaciones.