Inundaciones
Una riada “histórica” inunda la parte nueva del casco urbano de Funes
El agua anegó zonas a las que nunca había llegado y en algunas viviendas llegó a superar el metro y medio


Actualizado el 12/12/2021 a las 06:00
Las previsiones superaron cualquier expectativa y la riada que ha sufrido Funes ha sido histórica. Desde que hay registros no figura ninguna de las dimensiones de una crecida como la que ha inundado prácticamente toda la parte nueva del pueblo. “Nunca antes habíamos visto algo así”. Quien pronunciaba esta frase era Carmelo Zamarguilea, un vecino que estuvo desplazándose durante toda la mañana en piragua para, en la medida de lo posible, ayudar a sus convecinos con el traslado de bombas. Pero la misma frase la repetían una y otra vez funesinos y funesinas, algunos relativamente jóvenes pero otros también mayores y con más riadas guardadas en la memoria y en la retina.


El pico de la crecida se retrasó y llegó a la localidad en torno a las siete de la mañana. Pero para entonces muchos vecinos y vecinas llevaban tiempo en pie. Algunos viendo cómo sus viviendas comenzaban a anegarse de agua. Era el caso de Rosa Cirauqui. A las 4.30 de la madrugada, contaba, el agua empezó a caer “a chorro”. Según relataba, en su vivienda entró por las arquetas y comenzó a caer sobre la bodega, donde tienen una zona de txoko, y en la que ayer a mediodía la altura del agua rondaba casi los dos metros. “Era increíble. Oías el ruido del agua al caer y parecía que estuvieras paseando junto a una cascada. Hay dos tramos de escaleras que separan la bodega con lo que es la vivienda y el agua ha cogido ya el tramo de arriba. El mayor temor es que no empiece a bajar y nos alcance la vivienda”, relataba a mediodía aún con el susto en el cuerpo y la resignación que da el no poder empezar a limpiar.
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Y no podían limpiar ni su casa, ubicada en la calle Las Rosas, ni en prácticamente ninguna de las que se inundaron porque el nivel del agua no bajaba. Los padres de Elisabeth Irisarri viven en la calle Florida y en la parte inferior de su vivienda, donde está el txoko, el agua alcanzaba los ochenta centímetros de altura. La vivienda, relata, no suele verse afectada por las riadas que, cuando hay crecidas, afectan a la localidad. “En el año 93, que hubo una grande, entró un palmo de agua pero lo de ayer es increíble”, decía. En opinión de Irisarri, las diferentes autoridades debían haber hecho más hincapié a la hora de notificar con anterioridad las posibles consecuencias. “Sí que se avisó de no aparcar en zonas inundables pero igual se podía haber hecho algo más”, refería.
Los elementos de contención que Carmelo Zamarguilea había puesto en su vivienda no impidieron que el agua alcanzase los sesenta centímetros de altura. Las maderas y los plásticos se los acabó llevando por delante la fuerza del agua. “A las tres y media de la madrugada lo dimos por imposible ya que no podíamos evitar que entrara”, recordaba. Ante el panorama con que amaneció Funes y la imposibilidad de limpiar hasta que el nivel bajase, Zamarguilea, con su piragua, intentó ayudar a otros vecinos. “Esto es un desastre total y casi increíble. Desde arriba, en Peñalén, Funes parece un mar. ¿Qué sentimiento tengo? Pues sobre todo de sorpresa porque era esperado sí pero no esto”, relataba.
El alcalde de Funes, Ignacio Domínguez, se mostraba sobrecogido por la magnitud de una riada que, aunque esperada, superó todas las previsiones que se manejaban. “La parte nueva del pueblo, que coincide que también es la más baja, se ha inundado en su totalidad, toda. Sí que se alertó a la gente para que retirase vehículos pero han sido unas dimensiones que para nada preveíamos y eso que sabíamos que venía gorda”, relataba. El polígono Sardillas, lugar donde se ubican los almacenes agrícolas, también se inundó pero ahora habrá que ver si las naves han sufrido desperfectos y si les entró o no el agua. El regadío de la localidad también acabó completamente anegado de agua pero la magnitud de los daños no podrá evaluarse hasta que el nivel de agua descienda.
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El agua alcanzó la residencia de ancianos inundando la parte baja, afectando a la zona de sótano, lavandería y cocina. Por ello, efectivos de Policía Foral, junto con dos trabajadoras del centro, se desplazaron hasta Peralta para hacerse con víveres y garantizar el servicio de todas las personas residentes. Además de Policía Foral, efectivos de Protección Civil estuvieron desde la pasada noche atendiendo las llamadas de los vecinos y ayudando en aquello que se les solicitaba. Por su parte, los bomberos también efectuaron un par de rescates y, de forma voluntaria, algunos agricultores ayudaron con los remolques a salir a varias personas de sus casas. En medio de la tristeza y desolación que ayer se vivía en Funes, Rosa Cirauqui aún se sentía, en cierto modo, privilegiada. “Veo cómo está mi bodega y sé que vamos a tener mucho trabajo. Pero me he puesto a pensar en la gente de La Palma y al menos mi casa va a seguir en pie”, reflexionaba.
La magnitud de la riada provocó también el corte de varias carreteras desde la noche del viernes y ayer por la mañana acceder a la localidad resultaba tarea realmente complicada y, para hacerlo, era obligado el desvío de varios kilómetros. De hecho, a Funes únicamente podía accederse desde la carretera de Rincón de Soto. Una situación similar, en cuanto a las comunicaciones, se vivía en los municipios de Peralta y Funes.


PERALTA; LA ITV, CERRADA AL MENOS EL LUNES
La crecida del río o Arga alcanzó el pico a su paso por Peralta hacia las siete de la mañana también pero para entonces eran ya varias las zonas anegadas. En esta ocasión, además de parcelas de cultivo y zonas agrícolas, como suele suceder cuando el río baja crecido, el agua alcanzó algunas calles del casco urbano. En concreto, llegó hasta las calles Aguardienterías, Río y Méndez Núñez.. Saltó además hasta la calle Ulzama, tal y como confirmó el jefe de Policía Municipal, Marcos García. La ITV de la localidad resultó afectada por la riada y, al menos de momento, el lunes no podrá abrir sus puertas. Conforme avancen las tareas de limpieza se podrá concretar si el cierre afecta únicamente al lunes o se prolonga durante más jornadas.
A lo largo de la mañana, voluntarios de la DYA, Protección Civil, Policía Municipal, Policía Foral y Bomberos estuvieron atendiendo las diferentes incidencias que se iban presentando. Los bomberos tuvieron que rescatar a una persona que se había quedado atrapada por la riada y para salvar el agua se había subido a una excavadora. Durante toda la mañana, se estuvo trabajando para intentar extraer el agua de las bajeras y bajos inundados pero la altura del agua impidió limpiezas en profundidad.
De hecho, la asociación de jóvenes de la localidad, Azkoiengo Gazteria había convocado a un auzolan ayer a las 17 horas para ayudar a los vecinos y vecinas afectados en las tareas de limpieza. Beatriz Arejula y Paula del Barrio, dos integrantes del colectivo, explicaban que decidieron ayudar como hicieron en su día desplazándose a Tafalla para colaborar con los afectados de la riada de 2019 ayudando en las tareas de limpieza. “Nos movilizamos entonces, cómo no lo íbamos a hacer ahora”, decían. Sin embargo, el elevado nivel del agua impidió comenzar ayer. “Desde bomberos nos han dicho que hoy se puede echar un primer vistazo pero que será mejor empezar mañana”, explicaban. Así que volverán a hacer el llamamiento con la idea de ya poder empezar.
La alcaldesa en funciones, Pili Orduña, se refirió también a la casa de cultura como uno de los espacios afectados aunque, por lo que sucede otras veces, el agua suele llegar a los camerinos. “En cuanto baje el nivel se pondrá la bomba para sacarla y entonces veremos si hay muchos desperfectos”, indicó. La riada obligó también a suspender los partidos y el acto de presentación del club balonmano Atalaya y a posponer la visita guiada al próximo sábado 18 de diciembre.
FALCES; EL AGUA NO LLEGÓ AL CASCO URBANO
La mayor preocupación que había en Funes el viernes, cuando las previsiones hablaban de una riada de magnitudes mucho más grandes que las registradas hasta la fecha, era si la mota aguantaría. Así, con el objetivo de reforzarla, el mismo viernes, tres tractoristas y otros tantos palistas comenzaron a trabajar haciendo mota sobre la propia mota. “Queríamos asegurar, era lo que más miedo nos daba”, confesaba la alcaldesa, Sara Fernández. Desde el ayuntamiento se hizo especial hincapié en el llamamiento a la ciudadanía tanto con megafonía como desde la aplicación Línea Verde para la retirada de materiales de plantas bajas.
La mota finalmente soportó y el agua no llegó al casco urbano aunque sí que anegó todo el regadío y también se registraron afecciones en ganaderías de ovino y vacas bravas. La gasolinera tuvo que cerrar a primera hora pero después abrió funcionando con autoservicio. El agua también alcanzó la zona del polígono entrando en talleres e invernaderos. Desde el ayuntamiento mostraron su agradecimiento a todas y cada una de las personas que ayudaron desde el viernes.