Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE
Edición impresa

Actualidad Navarra, Pamplona, Tudela, Estella, Osasuna, Deportes, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, Política, Economía, Trabajo, Sociedad.

El libro viajero | Artajona

La covid les dejó sin autobús

La de Nuestra Señora de Jerusalén, en Artajona, era una de las residencias que tenía preparado un viaje. A Ochagavía, a visitar a otros residentes y conocer el entorno. La pandemia truncó el plan, que ahora relatan. “Pero la excursión volverá”

La trabajadora social Estíbaliz Gómez, Alicia Macua, Concha León y Jaqueline Maestre, directora de la residencia de Artajona, en la parada de autobús cercana
La trabajadora social Estíbaliz Gómez, Alicia Macua, Concha León y Jaqueline Maestre, directora de la residencia de Artajona, en la parada de autobús cercanaALBERTO GALDONA
Publicado el 15/08/2021 a las 06:00
Más de 20 años separan a Alicia y Concha. Se conocieron en la residencia de Nuestra Señora de Jerusalén de Artajona, donde son vecinas de habitación. Y amigas.. Comparten confidencias, participan de las actividades del centro y pasean juntas. “Concha me ha servido de cicerone”, apunta Alicia. “Y ella siempre me lleva al punto del pueblo desde el que se ve Larraga”, sonríe cómplice Concha León Conde, 92 años. Nació en Arguedas, vivió en Guipúzcoa y luego en Artajona, de donde era su marido; Alicia Macua Suescun, la de Larraga, cumplirá 71 en septiembre.
Ambas coinciden en subrayar lo bien que viven “en la resi”, cuánto les cuidan y lo bonito que ha sido retomar la calle, volver a recorrer libres el trazado medieval de Artajona, saludar a los vecinos, hablar con unas y con otros. Caminan unos pasos y vuelven a parar. “Ha sido un año y tres meses sin salir de casa, fue muy duro, lo disimulábamos con nuestras canciones”, masculla Alicia el lado más recóndito del relato. La suya, la primera residencia en sumar contagios por covid en Navarra.
Pero ahora tratan de dar la espalda a todo aquello, sin olvidar, pero pensando en lo que les queda por hacer, como el Libro Viajero. “Llegará en unos días y hemos planteado qué podíamos contar”, describe Alicia. Con ella, Estíbaliz Gómez Ramos, trabajadora social, sostiene que toda la residencia participará de alguna manera: los más dependientes con lo que puedan, recortar o pegar; y los que tengan autonomía escribirán y propondrán temas y argumento.
Alicia Macua descubre al poco que en la vida le ha tocado mucho. Estudió Peritaje Mercantil en Zaragoza; volvió a Larraga a cuidar de sus padres; se casó en Javier y en Zaragoza tuvo a sus dos hijas, “que son dos soles”. Allí vivió hasta que se separó. “No fue fácil, hace 25 años, con las niñas”, sostiene. “Están siempre pendientes”, dice de sus hijas y adora a sus dos nietas, de 10 y 11 años. “Estamos muy arropadas por la familia, ya he podido salir a comer con ellos por primera vez en tanto tiempo, fue emocionante. Trato de estar siempre alegre, nunca he perdido el humor”, rebate las penas y sonríe con labios de carmín.
Concha León viste elegante un miércoles y gasta maneras delicadas en un cuerpo que se mueve con soltura. Sus 92 años aparecen en los documentos; su rostro cuenta de otra manera. Ríe y al rato advierte de que va a decir un taco. Lo utiliza para explicar cómo hizo entender a sus hijos que ella quería ir a la residencia, que no es una cárcel. “Salí del pueblo con 15 o 16 años para servir en San Sebastián. Vivimos en Rentería, mis 3 hijos ahora en Irún. Cuando nos jubilamos vinimos a Artajona y al morir mi marido hace 10 años pensé que lo mejor era venir aquí. La soledad es muy triste... No tengo que hacer la compra ni guisar, echo la ropa a lavar y me la devuelven planchada, las trabajadoras están siempre atentas, la directora, Jaqueline, nos escucha siempre; en abril tres años que vine y estoy contentísima. En este pueblo, al que llegué de recién novia, siempre me han recibido muy bien”, apuntilla.
Abuela de cinco nietos y cuatro biznietos, se confiesa “algo pendona” y dicen de ella que canta muy bien jotas. Ríe la ocurrencia Estíbaliz Gómez, que llegó a trabajar de Pamplona y se ha quedado a vivir en el pueblo. Nadie en la casa descuida la excursión pendiente a Ochagavía. “Teníamos todo preparado, la primera vez se suspendió por la nevada y luego ya se presentó el covid”, envían un mensaje a los residentes del valle de Salazar: “Que no se olviden, nosotros les tenemos en mente. Nos veremos”.
volver arriba

Activar Notificaciones