José Miguel de Arrese y García Monsalve, cumpliendo una tarea con el patrimonio


Publicado el 13/05/2026 a las 07:25
El pasado sábado fallecía en Madrid a los 93 años José Miguel de Arrese y García Monsalve tras una larga enfermedad.
Con su partida, Corella y Navarra pierde no solo a una persona de profunda cultura, sino al custodio de uno de los legados artísticos más importantes de la región. Sobrino del bilbaíno José Luis de Arrese (1905-1986) y de la corellana María Teresa Sáez de Heredia (1910 - 1994), tras el fallecimiento de José Luis y, a su vez, tras el fallecimiento de su tía Mariate, en 1994 heredó José Miguel no solo una herencia, sino también una misión de vida: cuidar el rico patrimonio histórico-artístico que con tanto cariño habían reunido sus tíos en la casa palacio de Corella así como en el Museo Arrese.
José Miguel de Arrese, como presidente de la Fundación Arrese, llevó una gestión que fue mucho más allá de la mera administración; fue un ejercicio de “mimo”, como bien sabemos los que le conocimos, su dedicación a la conservación del Patrimonio Histórico Artístico que el matrimonio Arrese-Sáez de Heredia le confió. Bajo su tutela, tanto la casa familiar como el antiguo convento de las Benedictinas de Corella se mantuvieron como faros de esplendor barroco y coleccionismo de excepción. Gracias a su empeño, pudo llevarse a cabo aquella gran restauración durante 6 años del Convento de la Encarnación de Corella para su adaptación a Museo Arrese, tal y como lo conocemos hoy día, siendo inaugurado incluso por el mismísimo príncipe Felipe aquella tarde del 8 de noviembre de 2001.
Merecía la pena verle explicar cada una de las salas de su casa y del convento, con qué memoria conservaba datos, anécdotas, autores y cómo lo transmitía a los que pudimos ser unos privilegiados de sus charlas y visitas; siempre nos quedará ese recuerdo.
Su compromiso con el patrimonio de Corella no fue estático; José Miguel entendió que la historia debe estar viva para perdurar. A través de una restauración incansable, dedicó esfuerzos constantes a la rehabilitación de piezas, mantenimiento de edificios y estructuras, asegurando que el paso del tiempo no desdibujara la belleza del legado recibido.
Asimismo, su labor se centró en el acrecentamiento del patrimonio, pues, lejos de conformarse con lo heredado, su visión le llevó a aumentar la colección y enriquecer el acervo cultural de la ciudad. Todo ello fue posible gracias a un mecenazgo discreto, elegante y eficaz al frente de la Fundación, convirtiéndose en el motor fundamental para que el patrimonio corellano brillara con luz propia a nivel nacional.
Un legado imperecedero
Hoy, al despedirle, el mejor homenaje que podemos rendirle es contemplar el orden, la limpieza y la majestuosidad de las salas que con tanto celo protegió. José Miguel de Arrese no solo conservó muros y lienzos; conservó el alma de una época y la identidad de una ciudad.
Fue, ante todo, una vida entregada con devoción a su mujer, María Victoria, a sus hijos, nietos y a toda su familia, quienes fueron su verdadero centro y guía. Pese a sus diversas responsabilidades, José Miguel nunca dejó de sentirse profundamente corellano. Le gustaba residir en Corella varias temporadas al año, encontrando en su casa palacio de Corella su refugio predilecto, donde convivía con los corellanos, visitaba tiendas y charlaba amistosamente. Aquí, entre los muros que tanto amó y protegió, disfrutaba de la paz de su tierra, dejando tras de sí el recuerdo de un hombre culto, generoso y profundamente vinculado a su hogar. Hoy, deja a los suyos un gran legado imperecedero, que siempre cuidó y que, sin lugar a dudas, sabrán hacer como él lo hizo.
Descanse en paz.