Hostelería

Huérfanos de bar en Burgui: adiós al último local de este pueblo roncalés

El vecindario de la localidad roncalesa vive con tristeza y resignación el cierre, por jubilación, del único bar que todavía permanecía activo en el pueblo. “Hubo en su día hasta tres funcionando a la vez y ahora no tenemos ninguno”, lamentan.

Dos vecinas conversan con el alcalde, Flavien Paget, en la plaza Padre Tomás de Burgui
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Dos vecinas conversan con el alcalde, Flavien Paget, en la plaza Padre Tomás de BurguiJ.C.CORDOVILLA
Dos vecinas conversan con el alcalde, Flavien Paget, en la plaza Padre Tomás de Burgui

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Aser Vidondo

Publicado el 18/10/2026 a las 05:00

Un almuerzo a media mañana. Las animadas partidas de mus entre veteranos jugadores. El vermut después de la misa dominical y las copas con los amigos un sábado noche. Unos vinos a última hora de la tarde mientras se sigue en la tele un partido de fútbol en compañía de otros vecinos... Todo esto, estampas típicas de cualquier bar, no se puede vivir ya en Burgui. La localidad roncalesa se despedía días atrás del último bar que seguía prestando servicio al pueblo. Y sus vecinos, los de a diario y los de fin de semana, entre tristes y resignados, se sienten un poco huérfanos. “¿Dónde nos juntaremos ahora? Un bar es un servicio clave”, refieren.

El bar Zati Berri, que cerraba sus puertas este mismo mes por jubilación de sus dueños tras 38 años de andadura, era el único local de este tipo que permanecía abierto en Burgui. Unos años atrás, en 2018, decía adiós el bar Petrotx. Y como bien remarcaba entonces el colectivo cultural local La Kukula, con la clausura de un bar en un pueblo “no solo se cierra un negocio”. “Desaparece un punto de encuentro, de reunión, de socialización, de diversión y de servicio para todos los vecinos y visitantes”. La diferencia es que ahora, frente a 2018, no queda en Burgui alternativa posible. El bar del polígono, propiedad de Nasuvinsa y bastante alejado del casco urbano, está asimismo cerrado.

“Hace años que todos sabíamos que este bar iba a cerrar, pero cuando ha llegado el momento es cuando nos hemos dado cuenta realmente de la situación”, explica Flavien Paget, alcalde de Burgui. Francés de 35 años y propietario del hotel rural El Almadiero, dice comprender la inquietud vecinal, y pide tiempo y calma. “Todos estamos afectados, pero llevamos apenas un par de semanas sin bar y hay gente ya desesperada. Es una pena, sí, pero hay que dar tiempo. Yo estoy convencido de que algo surgirá”.

Descarta el alcalde, eso sí, que dicha iniciativa vaya a partir del Ayuntamiento de Burgui. “Ha venido gente a preguntarnos qué vamos a hacer ahora, pero no es nuestra competencia gestionar un bar. Tenemos un centro cívico, pero el concepto es otro”. A petición de diferentes vecinos, el consistorio ha convocado una reunión “para tratar el tema del cierre del bar y estudiar las opciones existentes”, así como para recabar opiniones.

Como buen conocedor del sector de la hostelería, remarca a su vez una contradicción social: “La gente quiere un bar, pero no trabajar en un bar, comprometerse con un negocio así. No hay relevo generacional, pues nuestra generación joven ha sido orientada a trabajar en empresas o de 8.00 a 15.00 de lunes a viernes, y ya. Hoy, en general, lo que salva la hostelería es la inmigración, pero en zonas rurales, con menos gente, eso es más difícil”, valora.

Burgui tiene 190 habitantes censados, y de ellos 90 viven allí todo el año. “El 90% serán mayores de 70 años. Un bar es un negocio que funciona, pero hay que meterle horas. En Burgui somos 4 gatos viviendo a diario, pero siempre que ibas al bar había gente”, refiere. El pueblo, eso sí, “se llena en fines de semana, festivos o vacaciones”. Y recuerda el repunte turístico que se vive “en verano y cada vez más en otoño”.

Apunta el alcalde a que “si nadie sale con un proyecto de negocio, la gente también podría acabar organizándose en una sociedad”. Y desde una zona en riesgo de despoblación como el Pirineo, donde el envejecimiento y la pérdida de habitantes va unida al cierre de servicios, Paget mira más allá del bar. “Llegará el día en el que se jubilen también el electricista, el fontanero... ¿y entonces?”.

SIN BAR, "PUEBLO MUERTO"

“Un bar da vida al pueblo. Aquí hubo en su día hasta tres funcionando a la vez y ahora no tenemos ninguno”, reseñaba este jueves al mediodía, mientras acudía a comprar a la única tienda del pueblo (también hay una panadería y una quesería), una vecina de Burgui. Y remarcaba: “En el Zati Berri trabajaban mucho y muy bien, eso hay que agradecérselo. Y ahora, aunque nos dé pena, tienen todo el derecho a jubilarse, como cualquier otro, claro que sí”.

“Los pueblos sin bar se quedan un poco muertos”, valoraba otro burguiarra. “Sin un sitio para salir, creo que mucha gente dejará de venir los fines de semana. Aquí los inviernos son muy largos”, añadía.

Otra vecina sentenciaba que “siempre que se cierra una puerta se pierde un servicio”. “A ver si la gente joven se anima, aunque los veo poco comprometidos”.

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