Turismo
El rincón del Pirineo navarro con mucho tirón turístico en otoño... incluso entre semana
El magnetismo turístico de la Selva de Irati vinculado a los colores del otoño y la caída de la hoja no deja de crecer, y trasciende los fines de semana y festivos
Actualizado el 03/11/2025 a las 07:40
"He venido a sumergirme en el bosque, a encontrarme a mí misma, y lo estoy consiguiendo. Aquí me siento en casa. Irati es un espacio majestuoso y espectacular que calma los sentidos”. Cámara de fotos en mano, la catalana Elisabeth Cano, de 55 años, caminaba relajada y feliz, atenta a cada detalle que le brindaba el sendero de Errekaidorra de la Selva de Irati, en su entrada por el valle de Salazar (el otro acceso principal se encuentra en el de Aezkoa). El suelo enmoquetado de pequeñas hojas rojizas de haya, el verde musgo aposentado sobre la base de los troncos, el agua limpia que discurría suavemente río abajo, los rayos de sol que en una mañana húmeda dejaba traspasar el arbolado cada vez menos tupido... Llegada desde L’Ametlla del Vallès, provincia de Barcelona, y asentada “para varios días” en el camping Osate de Ochagavía, Elisabeth formaba parte de los cientos de visitantes que recorrían el último martes de octubre este paraje natural del Pirineo navarro que tanto magnetismo ejerce sobre el visitante en periodo otoñal, cuando las tonalidades amarillas y ocres transforman las hayas y, unido eso a la caída de la hoja, se acrecienta más si cabe su belleza. “Hay bastante gente, no lo esperaba para ser un día de entre semana, aunque no da la sensación de que esté abarrotado. Esto es enorme”.
Una percepción que no iba desencaminada. Más de 160 vehículos de todo tipo, incluido un autobús de 50 plazas, arribaron al paraje natural a lo largo de esa misma mañana. “Es una cifra increíble, muy elevada para lo que era normal hace unos años un día cualquiera de octubre, pero esto no para de crecer. Este año se está dando una afluencia de récord, y no afloja entre semana”. Bien lo saben Silvia Iriarte Eseverri e Iñaki Arozarena De Vicente, dos de los guardas de la Junta del valle de Salazar que contribuyen a gestionar una llegada ordenada de los visitantes, regular el acceso y aparcamientos disponibles y, a su vez, orientar a los senderistas sobre las rutas disponibles y que mejor se adaptan a cada perfil.
Este 2025 es atípico, sin ‘puentes’ otoñales al caer los festivos de El Pilar y Todos los Santos en pleno fin de semana. “Pero la afluencia no ha decaído, aquí hay mucha gente todos los días. El trabajo es sostenido desde el verano, nos tienen con la lengua fuera”, aseguraban los guardas, y lo argumentaban con datos ligados a la venta de tickets obligatorios para acceder con vehículos. “Los últimos años siempre hemos crecido un poco, pero lo de este ha sido una burrada. Respecto a 2024, en agosto subimos un 12%, en septiembre un 50% y en octubre (a falta del cierre) la subida rondará un 20%”, afirmaban.
Un incremento global de visitantes que, sin embargo, no eran capaces de achacar a una causa en concreto. “Este año ha habido un tiempo muy bueno, pero también es cierto que la mayoría de reservas de alojamiento se hacen con mucha antelación. También podría venir vinculado a recientes películas y series de televisión basadas en Irati, pero si es por eso, la gente no nos lo dice. Y luego está el auge general de los últimos años del turismo de naturaleza, como se ve en otros entornos”, repasaban. “Creemos que el boca a boca tiene más peso, y también hay muchos que repiten. Gusta el que todo esté bien controlado y el que no haya aglomeraciones”.
Un volumen elevado de visitantes que ha obligado este otoño a cerrar la carretera de acceso a Irati desde Ochagavía de forma intermitente varios sábados al llenarse los aparcamientos, con espacio para unos 300 coches y 8 autobuses. “Esto antes solo pasaba en los puentes”. Hubo días de entrada máxima de casi 400 coches y 11 autobuses. “Y esto de tener 160 vehículos, como este martes, se daba antes un día fuerte de agosto, no un día normal y corriente de octubre”.
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DE NORTE A SUR DEL PAÍS
Los senderos de Koixta (12 km), bosque de Zabaleta (8,5 km), Errekaidorra (10 km) y la vuelta al embalse de Irabia (10 km), algunos a caballo entre los valles de Aezkoa y Salazar, son las rutas estrella en la Selva de Irati, el segundo hayedo-abetal más grande de Europa tras la Selva Negra alemana. Trayectos por los que caminan con asombro durante todo el año, y especialmente estos días, visitantes llegados de toda España. Un hecho que se evidenciaba este pasado martes 28 de octubre, día soleado, de temperaturas agradables a mediodía (15 grados) y nuevamente concurrido.
“Venimos de Huesca capital, es nuestra primera vez aquí”. Melisa Puerta y Raúl Vitalla, pareja, ambos de 49 años, se disponían a adentrarse en la Selva de Irati “sin prisa”. “Nos gusta el monte, el paisaje, los colores del otoño... Y como Irati es tan famoso, teníamos que venir a recorrerlo”, aseguraban. Alojados en Isaba, les sorprendía también, como a otros turistas, el elevado número de coches y visitantes que había “para ser martes”.
Desde Leganés, en Madrid, habían llegado por su parte las amigas Marisol Martínez y Maribel Segura, de 72 y 71 años. Pernoctaban en Ochagavía. “El paisaje es precioso. Esos naranjas y ocres tan fuertes... Hemos elegido bien la fecha”, refería la primera. “Estuvieron antes mi hija y un sobrino, y les encantó. Ahora nosotras les estamos dando envidia”, apostillaba Segura.
Algo más habían conducido para llegar a Irati Miguel Molinero y Arantxa Morterero, de 67 y 63 años, matrimonio residente en Estepona, Málaga. Con familia en Pamplona, se reconocían “repetidores”. “Vinimos hace años en verano, y ahora tenía que ser en otoño. Cambia mucho la cosa. El colorido de esta estación es especial. Y encima nos acompaña un tiempo estupendo, casi primaveral”, destacaban.
En el que era su “tercer día seguido en Irati”, Alberto Monzón y Ana Abad, de 33 y 29 años, pareja de Castellón, caminaban por la ruta de Errekaidorra con su perro Asia. “Hicimos primero los senderos de Koixta y del embalse. El mejor fue el primero: fuimos por dentro de la montaña, estuvimos casi solos y encima vimos un ciervo”, comentaban. Con una estancia de 4 noches en Ochagavía, buscaban “conocer esta parte del Pirineo todavía pendiente”. “Teníamos referencias de amigos positivas. Y nos gusta que pese a ser muy turístico no se aprecie suciedad ni el efecto del paso de tantas personas”, valoraban.
Tras pasar noche en Urzainqui junto a un grupo de amigos, Aurora Osuna, de 62 años y natural de Girona, se dejaba empapar también de los encantos de Irati. “Había visto mil fotos del otoño aquí y eso había que comprobarlo en primera persona. Nos está encantando. La Selva de Irati es preciosa”, zanjaba.
Restaurantes llenos para comer en Ochagavía... un martes
- “Hola buenas, ¿tenéis sitio para comer?”
- “Qué va, todo lleno. Ya lo siento”.
El último martes de octubre, esta era la situación en diferentes restaurantes de Ochagavía. Y es que el tirón turístico otoñal de Irati no se ciñe a fines de semana, sino que se mantiene potente también entre semana, generando gran actividad hostelera.
“El verano ha sido muy intenso y en otoño está habiendo mucho trabajo”, confirma Paula Berrade Blanco en el hostal Orialde. “Llenamos a diario el comedor del bar-restaurante en dos turnos en comidas y cenas. Y derivamos a la gente que no podemos atender a otros locales”, asegura. Las 10 habitaciones del hostal están “completas” y “se reservaron hace por lo menos 2 o 3 meses”.
En el hostal Iratibizkar, con 7 habitaciones y bar-restaurante, Nicolás Aznárez Nava asegura que “este año se ve bastante gente” y que están “llenos hasta principios de noviembre, también entre semana”. “Llegan parejas, grupos, muchos jubilados... Un movimiento bueno para el negocio”, cree.
Javier José Lacasia Iriarte, socio del camping Osate de Ochagavía, ratifica que “el volumen de visitantes sigue subiendo”. “Son otoños más suaves que antes, y eso favorece este tipo de turismo. Tenemos los 25 bungalows llenos cada fin de semana, y también 25 de las 80 parcelas. Y entre semana se mantiene mucha actividad. Eso se nota también en el pueblo, donde resulta difícil aparcar”.
