Gastronomía

Bigüézal dice adiós a sus famosas pizzas

El Dolmen de Faulo anuncia su cierre. Un popular obrador que funcionaba desde 2015 y atraía a la clientela hasta este recóndito pueblo de 54 habitantes gracias a sus pizzas artesanas

Rodrigo Barricart Luquin, responsable de El Dolmen de Faulo, durante una entrevista en 2017
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Rodrigo Barricart Luquin, responsable de El Dolmen de Faulo, durante una entrevista en 2017
Rodrigo Barricart Luquin, responsable de El Dolmen de Faulo, durante una entrevista en 2017

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Aser Vidondo

Publicado el 05/12/2024 a las 20:41

El camino que conduce hasta Bigüézal a partir de la carretera que une Lumbier con Navascués es estrecho y serpenteante, tanto como verde y espectacular. En los últimos años, no pocos navarros y visitantes de otros territorios lo han recorrido exclusivamente con un objetivo gastronómico: degustar una de esas sabrosas pizzas artesanas al estilo italiano de las que tanto habían oído hablar. El boca a boca fue precisamente uno de los aliados que dio a conocer a El Dolmen de Faulo, un obrador de pizzas familiar que ha ido ganando adeptos desde su apertura en 2015. Un popular establecimiento ubicado en un entorno rural y algo recóndito del valle de Romanzado que ahora ha dado a conocer que cesa su actividad.

“Anunciamos el cierre del obrador El Dolmen de Faulo de Bigüézal el próximo día 8 de diciembre. Atenderos ha sido un verdadero placer tanto de mi parte como de mi hijo Aitor y mi mujer Raffaella. Gracias de corazón a tod@s por haber venido y repetido, sin vosotr@s nada de esto hubiera sido posible”.

Este es el mensaje enviado días atrás a clientes habituales y publicado en el perfil de Facebook del local de restauración impulsado de forma especial por Rodrigo Barricart Luquin. Natural de Lizarraga de Izagaondoa, es vecino de Bigüézal desde 2005, según recordaba en una entrevista concedida años atrás a Diario de Navarra. El respaldo de un socio al empezar y el que su pareja, Raffaella Pezzoli, fuese italiana, ayudaron a dar forma al proyecto del obrador en los bajos de la casa familiar, que tuvo en sus inicios ayuda de Cederna Garalur. Consultado sobre el cierre, Barricart no quiso realizar declaraciones a este periódico.

EL SABOR DE LO ARTESANO

El Dolmen de Faulo, que toma su nombre de uno de los numerosos monumentos megalíticos catalogados en el entorno, se convertía con su puesta a punto en el único negocio abierto al público en este pueblo de apenas 54 habitantes.

Tal y como expresaba el propio Rodrigo Barricart en la citada entrevista, el objetivo inicial era montar un horno de leña para casa. “Pero nos plantearon convertirlo en obrador, probamos a elaborar pizzas y salieron ricas”, decía. Así nació la pizzería, labor que combinaban con el desempeño entre semana de otros trabajos.

Destacaba a su vez la complejidad que les conllevaba una elaboración totalmente artesana. Dar con el punto justo de la masa, de la cocción, o encontrar los quesos o embutidos italianos necesarios. Disponer de una carta de vinos combinando caldos navarros e italianos. O preparar postres totalmente caseros.

Un “modelo de éxito”, según se asegura en la reciente publicación de Facebook, que se pone ahora “a disposición de la persona que esté interesada en seguir elaborando pizzas con la marca El Dolmen de Faulo”.  

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