Todos quieren conocer la Selva de Irati
Visitantes de muy diversas procedencias de toda la geografía nacional se acercan estos días de otoño a la Selva de Irati para “caminar por un entorno privilegiado”, “conectar con el bosque” o simplemente “disfrutar de la naturaleza” con familia y amigos

Publicado el 13/10/2023 a las 05:00
Eran las seis y media de la mañana y ya estaban en pie. “Somos gente madrugadora”. Bien pertrechados, pues todavía las temperaturas eran bajas, fueron de los primeros en acceder este jueves a la Selva de Irati desde Ochagavía y, en un primer momento, se acercaron hasta la famosa Cascada del Cubo. Tras una hora de caminata, almorzaban pasadas las 10.30 horas de la mañana en el merendero ubicado junto al punto informativo de Casas de Irati. Preveían reemprender la marcha después por el camino hacia el embalse de Irabia. “En otra visita anterior a Navarra nos quedamos sin poder entrar a Irati por aforo completo. Esta vez no hemos querido quedarnos fuera. Por eso, hemos cumplido con el consejo que nos dieron de que lo mejor era ser madrugadores”.
La de este jueves era la primera vez que Maika Fernández Bergantiños, de 50 años, visitaba la Selva de Irati. Acompañada por su marido y sus hijos, estos vecinos de Berango (Vizcaya) se alojan con una autocaravana en el camping de Esparza de Salazar. “Estaremos todo el puente en el Pirineo. Queremos caminar dos días por Irati, vivir la naturaleza en familia, y luego ver pueblos”, aseguraba.
Como ellos, numerosos grupos de visitantes fueron poco a poco adentrándose a lo largo de la mañana por los atractivos senderos de la Selva de Irati, en este caso desde el acceso principal del valle de Salazar, por Casas de Irati. Un enclave natural de primer orden que se ha consolidado ya como destino preferente para el turismo sobre todo en otoño, cuando el color de los hayedos torna del verde al pardo y cuando cae la hoja, algo que este año viene con retraso. Un turismo que, si bien es constante, se ve incrementado coincidiendo con fechas especiales y puentes como el de El Pilar. Precisamente para evitar problemas y que la visita sea lo más satisfactoria posible para el turista, los valles de Aezkoa y Salazar lideran un protocolo de regulación de accesos, cerrando al tráfico los principales cuando se completan los aforos y ofreciendo alternativas.
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“Hoy hemos abierto la oficina de información de Casas de Irati para las 8.15 de la mañana y ya había algún coche aparcado. Luego, han llegado enseguida las primeras autocaravanas”, afirmaba a media mañana Mª José Ilincheta Ayarra, guarda de Salazar en Irati. “La gente madruga por miedo a no poder entrar, pero salvo en días muy puntuales no solemos cerrar los accesos. Este puente, los días 13 y 14 serán los más complejos. Tenemos aquí un aforo para aparcar 300 vehículos”, añadía junto a su compañero Boni Adot Carretero.
OTOÑO A 25 GRADOS EN IRATI
Cuando llegaron a su puesto de trabajo, las temperaturas rondaban los 6 grados. A mediodía, habían subido hasta los 25. A esa hora, tenían registrados ya cientos de visitantes en sus estadísticas: de Madrid, de Barcelona, de Valencia, de Sevilla, de Murcia, de Vizcaya, de Guipúzcoa, de Álava, de Alicante, de La Rioja... Y de Navarra. “Hemos tenido grupos llegados de Sangüesa o San Adrián”, explicaban.
En familia o con amigos. Andando o en bici. Muchas eran las opciones para disfrutar de la Selva de Irati, el bosque que todos querían conocer. “Estuvimos aquí hace unos años y ahora venimos para que lo disfruten también los txikis”, refería Eñaut Hernández Irastorza, de 42 años y de Zaldibia (Guipúzcoa), que llegaba con su pareja y sus hijos. Alojados en una furgoneta, se disponían a “pasar unos días en la naturaleza” y a “buscar tranquilidad y conectar con el bosque”. Comenzaron su ruta rumbo a la Cascada del Cubo.
Desde Calahorra, en La Rioja, habían llegado a Irati Justo Martínez Ramírez, de 47 años, y Pilar Azpillaga Elvira, de 37, esta última natural de Mendavia. “Es la primera vez que venimos, teníamos ganas desde hacía tiempo”, aseguraban. Habían dormido “en una Camper en Ochagavía” e iban a comenzar el sendero del bosque de Zabaleta tras visitar antes la Cascada del Cubo. “Hemos pasado frío, a ver ahora que se va imponiendo el sol”, señalaba este matrimonio. Confirmaban que lo visto ya cumplía con sus expectativas. “¡Hasta hemos cogido unas setas!”, referían satisfechos.
También en Ochagavía, pero en una casa rural, se alojaban Patricia Juan Fernández, de 44 años, Cristian Mira Sánchez, de 46, y sus hijas Iara y Elia, de 8 y 6 años. Habían llegado para pasar todo el puente desde Sant Fost de Campsentelles (Barcelona). “Hemos venido muchas veces a Navarra, nos encanta. La Ribera, el valle de Roncal, Elizondo... Nos faltaba Irati. Ver el hayedo, el embalse. Nos gusta caminar y disfrutar de la naturaleza”, aseguraban.
TRES SENDEROS PRINCIPALES
En la caseta de información, el guarda Adrián Iriarte Eseverri se afanaba, junto a sus compañeros, en ofrecer opciones personalizadas a los visitantes que allí hacían cola pacientemente. “Hoy se está notando más gente, pero llega con fluidez”.
Desde Casas de Irati, las dos rutas principales que se ofertan son la de Errekaidorra y la del bosque de Zabaleta. “Errekaidorra, además del propio entorno natural y de la Cascada del Cubo, te va ofreciendo información de la labor forestal que antaño se desarrollaba en Irati. Es un sendero circular de 10 km con un desnivel acumulado de 390 metros”, explicaba Iriarte. “Y el sendero de Zabaleta, circular de 8 km y con 250 m de desnivel, te lleva a la cola del embalse de Irabia y pasa por un bosque representativo de la zona”, dijo. “Son las dos rutas más habituales, pero para quienes quieren algo más duro que dar un paseo tenemos el camino viejo a Koixta, que son 12,5 km entre ir y volver, con un desnivel de 600 m”.
Precisamente el sendero de Errekaidorra se disponían a realizar Marcos García Provencio, de 40 años, y su pareja Elena Méndez Martínez, de 32, naturales de Lorca (Murcia). “Irati tiene mucha fama, sobre todo en otoño por su colorido, así que teníamos que venir. Apenas hemos tenido atasco para llegar y nos han atendido muy bien”, valoraban. “Vamos a caminar por un entorno privilegiado. Ver tanto verde y tanta agua da gusto. Ya solo viniendo con un paisaje de bosque con caballos y vacas valía la pena la visita”, referían.
Alojados en Abaurrea Baja, un grupo de amigos llegado de Bilbao (pero de procedencias tan diversas como Valencia, Cataluña, Andalucía, Galicia o el País Vasco) caminaba a mediodía a la Cascada del Cubo. “Estamos visitando todo el Pirineo y hoy tocaba esta parte de Irati. Ya vimos la de Aezkoa. Es una zona fantástica y, a diferencia de otras del Pirineo, nos parece muy accesible, apta para todos los públicos”, aseguraba Álvaro Collado Pérez, de 28 años.