La víctima en el Pirineo oscense compartía pasión por la montaña con su familia y trabajaba en Volkswagen
Juan Julián Pardo era un montañero experimentado y había realizado numerosas cumbres con su mujer y sus dos hijos, de 14 y 17 años


Publicado el 16/08/2023 a las 06:00
Hace siete años, la Revista Delrevés entrevistaba a Juan Julián Pardo de Manuel, Juanju, con motivo de la precocidad montañera de sus dos hijos, entonces con 7 y 10 años, con los que él y su mujer habían ascendido ya a la Mesa de los Tres Reyes, Monte Perdido, Aneto, Midi d’Ossau... “No se trata de batir récords, solo de superarnos”, decía Pardo en este entrevista. “Como padres, nosotros vemos el ir al monte el domingo como el día de estar juntos, yo para ellos, ellos para mí, y su madre igual. Es cuando disfruto de ellos, me siento realizado, así que el domingo nos lo dejamos libre para ir al monte”, añadía.
Te puede interesar

Los allegados de Pardo destacaban su gran afición a la montaña y las grandes cualidades que tenía, y cultivaba, para destacar en cualquier deporte. “Era una persona muy sana, muy majete, y era un montañero y escalador muy experimentado, muy técnico, que sabía lo que se hacía”.
Pardo trabajaba actualmente en la planta de Volkswagen Navarra, estaba casado y tenía dos hijos de 17 y 14 años que mantenían la pasión por la montaña inculcada desde niños: este año, el pequeño ha sido campeón de los juegos deportivos de Navarra de carreras X montaña.
Pardo estudió en Lumbier, en la Escuela Técnico Profesional, donde fue campeón de salto de altura. También era muy aficionado a las artes marciales como Taekwondo y Judo, y había llegado a ser cinturón negro. Pero, sobre todo, sus conocidos subrayaban su gran afición por la montaña, la escalada, el esquí de travesía... y el hecho de hacerlo tanto en familia como en solitario.
Hace años, trabajó en el bar Blues de Sangüesa, localidad donde era una persona muy conocida y donde su hermana trabaja en la residencia. La noticia de su fallecimiento comenzó a circular por la localidad hacia el mediodía, cuando numerosos vecinos se encontraban disfrutando de la hora del vermú por ser día festivo. “Ha sido un jarro de agua fría para todo el pueblo. Unos más y otros menos, pero todos le conocíamos y a más de uno se le ha puesto la piel de gallina”, expresaba el alcalde, Javier Solozabal. “Ha sido un mazazo para todos”, resaltaba un allegado.