Zubiri ensalza el valor del Concejo
Lanzaron el chupinazo tres vecinos que formaron parte de la entidad local durante unos 30 años
Publicado el 05/08/2023 a las 06:00
"Hay que transmitir el valor que tiene la figura del Concejo y la importancia de mantenerlo. Es hacer pueblo. Mejor que nosotros, los propios vecinos, no va a cuidar nadie de Zubiri". Begoña Cantero Iturri vivía anoche, a sus 47 años, su primer chupinazo como presidenta del Concejo de Zubiri. Un momento especial marcado en rojo en el calendario local que la nueva corporación, salida de las elecciones de mayo, quiso centrar en homenajear “a todas las personas que han pasado por el Concejo todos estos años”. Y, en representación, escogieron para prender la mecha a tres vecinos que formaron parte de la entidad local durante unos 30 años, “dejando de pasar tiempo con su familia para trabajar por el bien del pueblo”.
José Luis Larrainzar, expresidente del Concejo de Zubiri; Rosa Mari Santesteban, exsecretaria; y Daniel Bacaicoa, exconcejante, fueron los elegidos. Los encargados de dar inicio a estas fiestas, como viene siendo habitual, con un cohete lanzado a las ocho de la tarde desde el pintoresco Puente de la Rabia, a orillas del río Arga.
Un arranque concurrido, al son de la Txaranga Itxabalea, e inusualmente fresco, a 15 grados y con algo de llovizna. “Esto no es normal, el año pasado nos achicharramos”, evocaba Raquel Huarriz Eugui con su pequeño Oier, de 7 meses, en brazos. Fue uno de los 7 txikis nacidos desde las pasadas fiestas a los que se impuso un pañuelico antes del chupinazo, junto con Ekai, Goizeder, Gure, Mia, Sam y Xanti. “Un acto sencillo que hace ilusión”, decía la madre.
COMIDA PARA 300
Con un presupuesto de 26.000 euros, las fiestas de Zubiri, capital del valle de Esteribar, se prolongarán hasta el martes 8 de agosto. “El coste se incrementa en unos 3.000 euros, cuantía que destinamos este año a subvencionar la comida popular del último día para que el coste por asistente sea de 25 euros”, explicaba Cantero. Se reunirán unos 300 comensales.
“Somos 474 empadronados, así que estará casi todo el pueblo, aunque siempre se suman amigos de otras poblaciones del valle o familiares, generándose muy buen ambiente”, añadía, reconociendo que “el viernes del cohete es también un día muy especial y esperado por todos”.


Las fiestas mantienen su organigrama habitual. “Las disfrutan tanto los de casa como quienes las visitan, en un ambiente familiar y cercano”.
La jornada de este viernes había tenido otros actos previos al cohete como una entrega de banderines para adornar las calles del pueblo, “algo que les encanta a los más pequeños”, una comida autogestionada o una chocolatada.
"Un placer trabajar por Zubiri"
José Luis Larrainzar Eugui fue presidente del Concejo de Zubiri durante más de dos décadas, pero nunca había lanzado un chupinazo. Eso se acabó este viernes. Arropado por otros dos veteranos exintegrantes de esta entidad local, compañeros suyos en aquella andadura, Rosa Mari Santesteban Guelbenzu y Daniel Bacaicoa Oroz, tuvo papel protagonista en el arranque festivo de anoche en esta localidad del valle de Esteribar. “Felices fiestas y salud para todos. Que lo paséis muy bien. ¡Viva Zubiri! Gora Zubiri!”, gritaron al alimón antes de prender la mecha desde el Puente de la Rabia.
Larrainzar, jubilado de Magnesitas Navarras, tiene 75 años y fue primero vocal y luego presidente del Concejo de Zubiri. Santesteban, de 72 años y también jubilada de Magna, fue secretaria y después vocal del Concejo. Y Bacaicoa, de 64 años y gestor de una empresa familiar de embutidos, fue siempre concejante. “Yo fui la que más años estuvo, unos 35, y ellos entraron poco después. Hicimos piña en el Concejo durante unos 30 años”, evocaba Rosa Mari ayer, minutos antes de que comenzaran las fiestas.
El chupinazo los reunió de nuevo como homenaje. Fue una decisión de los actuales miembros del Concejo, y representaban a todos quienes han trabajado desde allí por el pueblo. Los tres se mostraban agradecidos y valoraban la implicación de generaciones jóvenes en el día a día de la entidad local, lo que les permitió ya en 2015 poder retirarse de sus cargos. “Es muy bueno que tomen ese relevo. Además, hoy todo el papeleo es telemático, por internet, y a los mayores ya se nos escapan un poco esas cosas”, referían.
CITA CON URRALBURU
El reencuentro hizo evocar aquellos primeros años de labor en los que “no había ni un duro”. “Como hoy, no cobrábamos impuesto alguno, y se dependía para todo del dinero que nos entregaba el Gobierno, y para fiestas de lo que aportaban los comercios”, señalaban. Con los años, se adecuó un albergue para peregrinos del Camino de Santiago, lo que fue un apoyo económico importante. “Nos permitió ingresar en nuestros últimos ejercicios unos 66.000 euros anuales”.
Treinta años de labor al frente del Concejo dan para mucho. “En ese tiempo se renovó la travesía, las redes y pavimentaciones de calles y plazas, se cerró el frontón, se reformó el cementerio y se pusieron un centenar de nichos, se compró una casa para ceder locales a jóvenes y jubilados, y hasta se reformó el Puente de la Rabia, que estaba fatal”, enumeraban. En la mayoría de los casos, “lógicamente, con ayudas externas”.
“No todo fue un camino de rosas, claro está, pero nos quedamos con lo bueno”, coincidían. La relación con otros pueblos del valle era “buena”; con el ayuntamiento “pudiera haber sido mejor”; y con el Gobierno, “se daba principalmente a través de sus técnicos”. “Eso sí, una vez logramos reunirnos con el presidente Urralburu reclamando que se hicieran viviendas para jóvenes. Antes de ayer...”, ironizaban.
DE LA BRONCA AL BOCATA
Cuestionados sobre su prolongada presencia en el Concejo, aseguraban que les hubiera gustado poder dar el relevo antes, pero que “no era posible porque siempre faltaban otras candidaturas”. “Al final, tocaba regresar, con el apoyo de otros dos compañeros (la junta es de 5 miembros), pero siempre con ánimos renovados. Somos de este pueblo y nos gusta mirar por el pueblo”, consideraban.
Decían creer, además, que el vecindario, en líneas generales, valoraba su trabajo. “Te pueden gustar más unas cosas u otras, puedes discrepar más o menos, pero al final creo que se entiende que se trabaja por el pueblo con la mejor voluntad, aunque puedas equivocarte”.
¿Había siempre consenso? “Para nada. Hemos tenido nuestras acaloradas discusiones, claro, sobre uno u otro proyecto. Pero luego, tras la sesión, íbamos a cenar un bocata juntos. Nos llevábamos siempre bien. Hicimos piña por el pueblo, fue un placer trabajar por Zubiri. Si algo no nos ha faltado, ha sido ilusión”, sentenciaban.
