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Fiestas Navarra

Eterna Muskilda

Al empedrado de la ermita del siglo XII regresaron los danzantes de Ochagavía con vivas a la Virgen y a la serora

Ampliar Los danzantes de Ochagavía, en su interpretación en la ermita de Muskilda.
Los danzantes de Ochagavía, en su interpretación en la ermita de Muskilda.
Publicado el 08/09/2022 a las 18:17
Durante los dos años de prudencia por el mal que aún colea en el mundo, “los danzantes bailaron en el corazón de los vecinos de Ochagavía”. Este jueves, 8 de septiembre, despejada la amenaza con el velo de la cautela aún necesaria, regresaron sobre el empedrado del templo de Nuestra Señora de Muskilda. Con los bailes, vivos tanto por ritmo como por el empeño de perpetuidad de sus nueve intérpretes, brotó la historia, la tradición y el fervor renovados de quienes en la fiesta de la Natividad de la Virgen se acogen a su protección en un centro de culto enclavado a 1.025 metros de altitud. Caprichos del destino en forma de adaptación al calendario, el año de la recuperación coincidió con la primera vez en que la jornada de veneración queda al margen de las fiestas.
La referencia a una celebración en la intimidad de los dos años pasados correspondió a Marcelo Ochoa de Echagüen desde la condición de mayordomo que desempeñó con el rigor de un compromiso solemne y la emoción contenida durante dos días inolvidables. En la víspera compartió con los danzantes el agasajo de los vecinos y visitantes con vivas lanzadas al viento. Esas mismas expresiones tuvieron como destino la Virgen de Muskilda y la serora, Jone Villanueva.
Marcelo Ochoa de Echagüen fue testigo directo de las proclamas dirigidas por José Javier Sagardoy Txepi, embutido en la indumentaria del Bobo de Ochagavía. Como marido de Jaione Iribarren Ballén, nacida en la localidad, Ochoa de Echagüen pudo vestir de salacenco y portar la vara de su responsabilidad.
Él y parte de su séquito familiar recibió a danzantes y gaiteros en el antiguo camino de piedras intercaladas sobre el tapiz verde de la naturaleza que tantas generaciones de salacencos han recorrido alentados por sus convicciones y costumbres.
Hubo novedad en el grupo de danzantes, con el rostro de Unai Ibáñez Contín, de 13 años, como debutante y sucesor de una saga que tuvo en su bisabuelo, Tiburcio Contín, uno de los miembros que aún es recordado.
LAS DUDAS DEL 'BOBO'
También José Javier Sagardoy Txepi encuentra en su árbol genealógico ramas que le atan a su rol de Bobo. “Fue mi abuelo Mariano Sagardoy. Mi aita, Froilán, y mi tío, Fulgencio bailaron como danzantes”. A sus 67 años de edad, después de medio siglo encarnando uno de los iconos de la fiesta, Txepi duda en continuar o retirarse el próximo año. Uno de sus hijos, Joseba, sigue sus pasos de intérprete. El otro, Julen, marcó el compás de los bailes con el atabal. “Una vez, venía el párroco con un visitante y dijo: ‘Ahí viene el Bobo de Ochagavía’. ‘Si parece normal’, respondió el acompañante”. La anécdota brotó de boca de José Javier Sagardoy antes de emprender el camino de ascensión que desemboca en la ermita. La licencia de humor se filtró en un día guardar en el corazón de los devotos de Muskilda. El fervor aprendido de sus mayores es proporcional al compromiso de avivarlo y legarlo en las generaciones más jóvenes. Eterna Muskilda.
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