Sangüesa
Cuando tu afición es ser solidario
La fotografía, los viajes y colaborar con organizaciones solidarias son las aficiones de Ignacio Solla. Nació en Beriáin hace 47 años. Ahora vive en Sangüesa en una vivienda junto a compañeros de trabajo y ha aprendido a disfrutar de todo


Publicado el 29/08/2021 a las 06:00
Es socio de nueve asociaciones solidarias, colabora en otras tantas. Tiene el 56% de discapacidad reconocida por epilepsia y es aficionado a la fotografía. También a los viajes. Si usted ha acudido a alguna comida solidaria, pincho-pote, eventos o carreras por algún tipo de causa es probable que haya visto a Ignacio Solla Fernández fotografiando a grupos de amigos o familias. También está presente en fechas señaladas de varias localidades para plasmar el disfrute de las cuadrillas durante las fiestas o carnavales, por ejemplo. Se le ve sobre todo en Sangüesa, localidad en la que vive.
Él, junto a su cámara, organiza la fotografía y pulsa el disparador para después compartir las imágenes y cederlas a las asociaciones. “Hago lo que puedo dentro de lo que puedo”, comenta Solla sentado en un banco de la plaza de Los Fueros de Sangüesa.
Obviamente, por lo primero que pregunta él al llegar a la entrevista es por la foto. Aunque no esté muy acostumbrado a posar, Ignacio se apoya sobre un pino del ‘Prau’ -punto de encuentro-, cruza los brazos y recoge una de las piernas. Cambia de fondo para otra fotografía, cruza de nuevo los brazos y justo pasa un coche verde por detrás que le da un toque llamativo a la imagen. Esa es la foto.
Ahora sí. “Soy Ignacio Solla Fernández. Tengo 47 años. Nací en Pamplona y soy natural de Beriáin. He hecho casi toda mi vida en la Comarca de Pamplona hasta que vine a vivir a Sangüesa”. Así se presenta. “Me han reconocido un 56% de discapacidad. Tengo una epilepsia desde crío. Creo que la tengo desde al poco tiempo de nacer”, explica.
La epilepsia es una enfermedad crónica con episodios de crisis que aparecen con frecuencia. Es un trastorno del sistema nervioso en el que la actividad se vuelve anormal y provoca comportamientos inusuales. “La enfermedad la tengo moderada y controlada, por eso no tengo muchas dificultades en el día a día”, comenta.
UN REPASO A SU VIDA
De pequeño Solla fue al colegio de Beriáin. En esta localidad vivía con sus padres y cuatro hermanos. Siete en casa. “Los estudios no se me daban muy bien”, reconoce sacando su lado más sincero. “La asignatura que mejor se me daba era matemáticas. No tanto como un matemático, obviamente, pero bien”, explica sobre su primera etapa escolar.
La segunda, correspondiente a Secundaria, la cursó en un centro de Educación Especial en Huarte. Tras estos años, Ignacio Solla pasó a buscar trabajo hasta que encontró un puesto en Tasubinsa, la empresa en la que ha trabajado hasta la fecha. Ya acumula veinte años en esta entidad sin ánimo de lucro que da trabajo a 1.200 personas con algún tipo de discapacidad.
“Hace años sí que había muchos más problemas para encontrar trabajo por ser discapacitado. Ahora han cambiado muchas cosas a mejor”, opina el trabajador de Tasubinsa reconociendo que tuvo ciertas dificultades en los primeros momentos hasta entrar en la entidad.
“Empecé en el centro de Beriáin y, después, vine a la sede de Sangüesa. En función de cómo anden de trabajo en los centros, te mandan a uno u a otro”, apunta haciendo un recorrido a su carrera profesional. Allí, en el trabajo, Solla realiza materiales para otras empresas. Ahora la actividad está enfocada en Viscofan. “Trabajamos con canutos”, dice sobre las piezas que manejan. “Hago lo que mandan. En Tasubinsa quizá no exijan tanto como otra empresa, pero buscan que el empleado desarrolle”, explica sobre la entidad. Él prefiere los trabajos en cadena porque son menos costosos, más “ligeros”.
Ignacio vive junto a once compañeros de trabajo en una vivienda tutelada. Allí también hay trabajadores que cuidan de ellos en el día a día. Un día largo que comienza a las siete de la mañana.
Solla reconoce que prefiere dormir un poco más que desayunar. Las sábanas ganan al tazón de café. Media hora más tarde llega el taxi y le recoge a él y dos compañeros más para trasladarles hasta la fábrica. “No puedo conducir, pero me gustaría”, comenta recordando que estuvo hace años en el circuito de Montmeló viendo a Fernando Alonso. Después de dos horas trabajando llega el descanso para echar un vistazo al móvil, ir al baño y almorzar. “El bocata de chorizo está bien, aunque si es de tortilla mejor. Almuerzo lo que me pongan”, indica.
Luego, a eso de las tres de la tarde, vuelve a casa cuando finaliza la jornada laboral. Come, va a su habitación y aquí empieza la vida de ese Ignacio Solla ligado a la fotografía y más aficiones. “Suelo pasar un rato en el ordenador viendo anuncios, leyendo noticias y viendo fotografías. Luego salgo a la calle porque en casa me agobio”. Ese agobio es lo que le hace ser tan inquieto. Solla siente la necesidad de hacer cosas y, si sirven para ayudar, mejor. “Me aporta mucha alegría ayudar. Saco fotos de eventos solidarios que organizan las asociaciones y se las comparto”, aclara.
A día de hoy, él es socio de nueve asociaciones. “A ver si me acuerdo de todas”, dice. “ADACEN, París 365, Cáritas, ANFAS...”, se para. Silencio. Todo acaba compartiendo por WhatsApp una lista que ya tiene preparada. Hay muchas entidades, de unas es socio y de otras voluntario.
“Creo que disfrutan conmigo cuando colaboro con ellos”, comenta orgulloso. “Es una afición que tengo de siempre”, añade. “Colaborar es ayudar día a día uno con lo que pueda, no darlo todo durante un día”, aclara.
Además de estar presentes en este tipo de eventos solidarios, el fotógrafo aficionado también se pasea por un escenario que le gusta mucho, las fiestas patronales de las localidades. “Ahora no hay nada. Las fiestas me gustan mucho, pero en la pandemia hay gente que sigue saltándose todo a la torera y, por eso, sigue habiendo covid”, lamenta.
Ignacio Solla tiene en mente ahora mismo una cosa. Una exposición de fotografía que se organizará en Sangüesa en favor de ANFAS en los próximos meses. Entre sus deseos también está sacar fotos un día de una corrida de toros o viajar a Disneyland París. Gustos variados. Ama la gastronomía, la cultura de las ciudades. Ya conoce Italia, Bélgica, Francia e Irlanda. Por muy efímeras que fueran las visitas, Solla puede presumir de haber viajado.
Así es Ignacio Solla. Así es su vida. Si las visitas fueron efímeras, la vida también lo es. Y, ¿qué menos que aprovecharla? “A mi no me gusta pasarlo mal”, concluye. Eso lo tiene muy claro.
DNI
Ignacio Solla Fernández nació hace 47 años en Pamplona y es natural de Beriáin. Allí fue alumno del colegio público y luego fue a un centro especial en Huarte. Tiene el 56% de discapacidad y padece epilepsia. Solla ha trabajado en diferentes plantas de Tasubinsa y actualmente está en la de Sangüesa. Ahora reside en una vivienda junto a otros compañeros de la fábrica. Es socio de ADACEN, Paris 365, Cáritas, ANFAS, comedor Villa Javier, fundación Juan Bonal, Cruz Roja, Manos Unidas y Médicos Mundi. También colabora con FU-TU-NA, Sonrisas de Comida y La Gota de Leche.