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Patrimonio

Javier redescubre su Danza de la Muerte

Cuando se cumple medio siglo del rescate de estas pinturas medievales que enmarcan la Capilla del Cristo de la Sonrisa, y que habían sido cubiertas por otras barrocas, desde el castillo se apuesta por darlas a conocer empleando fórmulas novedosas

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Javier redescubre su Danza de la Muerte
  • Aser Vidondo
Actualizado el 04/03/2021 a las 06:00
En lo que dura un invierno, uno de los rincones más especiales del Castillo de Javier retrocedió 500 años atrás en el tiempo. “Se sabía que debajo de las pinturas murales de la Capilla del Cristo de la Sonrisa había otras más antiguas, se veía en zonas donde se desprendía la pintura superior. Pero lo que no se sabía era lo que se iba a encontrar. Yo, como muchos, me quedé asombrado al verlo”. Jesús Mª Munárriz Caballero, jesuita de 81 años natural de Villatuerta, lleva ligado a la comunidad de Javier desde 1963. Es, por tanto, voz autorizada a la hora de hablar de las transformaciones que ha vivido esta fortaleza desde el pasado siglo. Y, entre ellas, destaca la restauración de la citada capilla en la que se rescataron, hace ahora medio siglo, sus pinturas medievales originales: una representación de la Danza de la Muerte. Una tipología de la que solo se conservan dos ejemplos en toda España y que desde el Castillo de Javier se apuesta por dar a conocer recurriendo a fórmulas novedosas.
José María Recondo, que vino aquí a dar clases en el colegio, fue quien estuvo detrás de todo. Charlaba mucho con otro jesuita al que se conocía como ‘El fantasma’ (José Luis Alberdi), que tenía inquietudes similares, y empezaron a promover reformas en el castillo. Picaban en paredes cubiertas de yesos, cementos y pinturas, y sacaban a relucir que si una saetera, que si el muro exterior de la torre...”, recuerda.
En diciembre de 1970 se inició la reforma y restauración de la Capilla del Cristo, que estuvo terminada para marzo de 1971, y que acometió el restaurador José Mª Rodríguez Azcárate. Salió así a la luz una pintura mural medieval de finales del siglo XV que representa una danza de la muerte. Enmarcando la capilla y al propio Cristo se ubican 8 esqueletos de gran porte y en actitud dinámica sobre fondo negro.
“Encaja con un movimiento que surge a nivel europeo a raíz de la peste, y que a través de estas pinturas macabras viene a recordar que no estaremos aquí para siempre. Estas danzas, además de pintarse, se solían representar, como aún se hace, por ejemplo, en Verges (Girona) en Semana Santa”. Así lo asegura Alicia Ancho Villanueva, restauradora del Servicio de Patrimonio Histórico del Gobierno foral, que dirigió en 2004 la última restauración de esta capilla y de su Cristo, que “data de 1480-1500, como las pinturas”. “Parece que todo fue promovido por los padres de San Francisco”, adelanta.
En esa última restauración, “se pudo hacer un estudio en profundidad, con luces ultravioletas e infrarrojos, y se vieron cosas muy interesantes ocultas bajo estas pinturas”. “Por ejemplo, que las columnas que enmarcan a los esqueletos no son lisas, que tenían una decoración anterior”, explica.
Confirma que “son pinturas de estilo gótico (los esqueletos, el fondo liso y plano, las tracerías...)”, pero que “también se aprecian indicios de estilo renacentista, como en las columnas”. Algunos esqueletos, que “presentan distintos grados de descomposición”, llevan documentos con “inscripciones en latín parcialmente conservadas que están pendientes de estudiar”.
La capilla se redecoró “en torno a 1620, cuando San Francisco de Javier subió a los altares”. Y sobre estas pinturas murales medievales se pintaron otras, de estilo barroco, que representaban hojas de acanto. Asimismo, en torno al Cristo se colocó una vitrina acristalada con marcos dorados.
En España, indica Ancho, “solo se conserva otra danza de la muerte en pintura mural, la ubicada en el convento de San Francisco de Morella (Castellón)”.
DE LA CAPILLA A LOS COLES
“Tenemos una joya quizá algo desconocida por los de ‘casa’, pues en Navarra esta capilla se aprecia sobre todo por el Cristo de la Sonrisa. Pero buen indicio de la importancia que tienen las pinturas es la cantidad de visitantes extranjeros (franceses, holandeses...) que vienen expresamente a verlas. En Europa hay mucha tradición de danzas de la muerte”, explica Laura Guindano Tainta, guía en el castillo y alcaldesa de Javier.
Para ayudar a redescubrirlas, en las últimas Jornadas Europeas de Patrimonio el Ayuntamiento, la comunidad jesuita y la asociación Patrimonio para Jóvenes realizaron una externalización de la Danza de la Muerte. “Disponemos de 8 paneles de los esqueletos a tamaño real que permiten apreciar las pinturas de cerca, al no ser posible entrar en la capilla. Hoy están en el oratorio, pero el castillo los ofrece a colegios que quieran tratar el tema, como ya se hizo con San Cernin de Pamplona. Una opción en estos tiempos de pandemia donde parece costar venir de excursión”.
Para Txema Vicente Marqués, jesuita y rector del santuario de Javier, “esta capilla (que se puede ver desde su puerta enrejada y, con altura, desde el oratorio) es, a nivel espiritual, el lugar más significativo del castillo”. “Suponemos que fue aquí donde San Francisco Javier aprendió a rezar y a relacionarse con Jesús. Y este Cristo, con esa sonrisa, expresa mucho lo que fue Javier, que se entregó a los demás por entero y siempre con un mensaje de alegría”, sentencia.
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