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Vidángoz / Bidankoze

El hechizo de Vidángoz

La bruja ‘Maruxa’ descendió el la madrugada del viernes a la villa roncalesa para iniciar sus fiestas

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El hechizo de Vidángoz
Actualizado el 10/08/2020 a las 07:53
El hechizo dura ya 35 años. Vidángoz, una pequeña villa roncalesa con apenas cien habitantes censados, enciende todos los veranos una antorcha en la cima de su peña Pitxorronga para convocar a ‘Maruxa’, la sorgin local encargada de lanzar el chupinazo festivo cada año. Una costumbre moderna que entronca con las viejas leyendas de brujería en el valle de Roncal y que ha dejado como recuerdo el apodo de brujos a los bidankoztarras.
“Recuperar la tradición, resaltar la importancia de la mujer en el Pirineo y reconciliar a Vidángoz con su embrujo” fueron algunos de los motivos que llevaron a Ignasi Doñate Sanglas hace 35 años a proponer este acto que se ha convertido en una cita esperada para cientos de oriundos de la localidad y visitantes.
Con su habitual dosis de misterio, ‘Maruxa’ descendió el pasado jueves por los cielos pirenaicos. Poco antes de la medianoche, la iluminación de las calles de Vidángoz se apagó y las gentes se arremolinaron en torno a una hoguera en la conocida puerta Santxena, epicentro de un animado akelarre.
La lluvia nunca está invitada y el techo salpicado de estrellas vigila a los brujos bidankoztarras, más de una treintena de chicos y chicas vestidos con sayas negras y pinturas en la cara, mientras salen al encuentro de ‘Maruxa’ al paso que les marca la txalaparta.
Todo el pueblo se queda atrapado por el hechizo cuando ‘Maruxa’ hace su aparición montada en una vieja escoba de boj. Tras irrumpir entre las ramas del viejo nogal de Larrambe, inicia su suave y elegante descenso por cable hacia el pueblo con la única escolta de la luz de dos bengalas.
Al mismo tiempo, los akerrak surgen por diferentes callejones para sumarse a la fiesta atemorizando con sus cornamentas a los más pequeños.
Es el momento para que una joven del pueblo -este año un chico- se coloque un cabezón de cartón para encarnar a la bruja Maruxa y prender el chupinazo tras la lectura del pregón. La otra bruja, la que ha volado por los aires, queda suspendida del cable durante todas las fiestas para saludar a los visitantes.
Vidángoz recogerá este domingo a ‘Maruxa’. La villa roncalesa se sumirá en la quietud y la paz de sus montañas y sólo las máquinas que arreglan estos días la carretera local NA-2130, en el puerto de Igal, enturbiarán el sueño de la bruja. Un sueño que se romperá en un año con una nueva antorcha.
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